LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

domingo, 12 de mayo de 2013


400 PARTES POR MILLÓN
¡Entramos en el Plioceno!


Felices habitantes del Plioceno:
una familia Australophitecus

en plena sabana
La novela “Parque Jurásico” fue la original fantasía del escritor Michael Crichton retornando al pasado de los dinosaurios. La confirmación (9 de mayo de 2013) de que en nuestra atmósfera hemos alcanzado las 400 partes por millón (ppm) de CO2, de manera estable, supera la imaginación de M. Crichton. Esto significa que, con audacia y espíritu aventurero, la humanidad ha encaminado al planeta Tierra hasta un nuevo y cálido Pleoceno o Plioceno.

Con este nombre, Plioceno, los paleontólogos identifican la época que vivió nuestro planeta hace entre 5,6 y 3,6 millones de años. Aquélla fue la última vez en la que la atmósfera registraba esas 400 ppm, según el análisis de burbujas de aire extraídas al hielo antártico en Vostok (Dome C). En aquellos lejanos e interesantes tiempos no se había formado el istmo de Panamá y las Américas del norte y del sur estaban separadas por tumultuosos brazos de mar. 

En el Plioceno, la India se había ya enganchado a Asia y las familias africanas de australopithecus no necesitaban una patera para cruzar desde Tánger a Tarifa porque no existía el estrecho de Gibraltar. Por toda Europa correteaban alegres jaurías de monos perseguidos por feroces "dientes de sable", mientras que en la Antártida empezaba a amontonarse una barbaridad de hielo.


El observatorio de la NOAA en Hawai, el primero en dar la noticia

La Tierra del Plioceno, con sus 400 ppm de CO2, salía muy lentamente del caliente Eoceno que había llenado los Polos de palmeras y tortugas tropicales. Como decía, estamos en el buen camino para hacer de nuestro planeta un balneario que nos permitirá pasear en taparrabos por Alaska. Lo estamos haciendo tan rematadamente bien que trituramos las estadísticas del calentamiento global y pulverizamos las previsiones más optimistas de la ciencia internacional. El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas se debe estar frotando las manos.


Protocolo de Kioto, energías renovables, ahorros energéticos y otras zarandajas
no han impedido la estupenda y firme progresión del CO2 en nuestra atmósfera. En la imagen
la famosa e imperturbable Curva de Keeling

En la primera semana de mayo de 2013, hace escasos días, la norteamericana NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration), que es como la Agencia Española de Meteorología (AEMET) pero a lo bestia, anunciaba que su observatorio de Mauna Loa (Hawai) estaba ya a punto de registrar la buena nueva. Las previstas 400 ppm de CO2 alborotaron a un grupo de científicos que estudian el Ártico y pedían entrevistarse urgentemente con autoridades norteamericanas del Departamento de Defensa (DoD - Pentágono), de la Casa Blanca y del Ministerio de Interior (Homeland Security Department – sección Climate Change Roadmap).


Para el verano de 2015, todos estos hielos que tanto estorban
en el Océano Glacial Ártico pueden haber desaparecido

Los expertos anunciaron la efeméride con disimulado alborozo, afirmando ante las autoridades que en lugar de tener que esperar hasta el año 2100 para que el Ártico se libre de los hielos en verano, el magnífico acontecimiento podría adelantarse a 2015. Desde este momento, las autoridades de USA han empezado a trabajar para garantizar que el transporte, el suministro energético, las casas construidas en zonas costeras inundables y el aporte de comida y agua potable a la población no se vean afectados por nuestra entrada en el Plioceno. Además, se están cargando las pilas para saquear a conciencia el Polo Norte y su vecindario, antes de que lo hagan Noruega, Groenlandia, Rusia o Canadá.


Un previsor oso polar, que acaba de ver la Curva de Keeling, se entrena
nadando en aguas del Ártico para cuando se quede sin hielo

En España, el anuncio del acelerón del cambio climático y la confirmación oficial de que vamos bien encaminados, se ha celebrado con una reforma de la Ley de Costas. La iniciativa legal procura que miles de ciudadanos aproximen sus casas a la costa un poquito más. Así, la delicia de tirarse de cabeza al agua directamente desde el saloncito será una realidad mucho antes de lo previsto.

Los promotores inmobiliarios y arquitectos más espabilados empezarán pronto a publicitar bonitas casas con trampolín en cada piso y amarre de embarcaciones en el portal.  A los agoreros de siempre, los que dicen que el mar se tragará las viviendas costeras, la reforma sugiere que el Estado levantará hermosos diques para frenar el avance del mar, copiando a la moderna Holanda. 
El único problema es que, según parece, en el Plioceno el nivel del mar estaba 40 metros más alto que ahora.  

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