LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

lunes, 27 de mayo de 2013

GRANDES CENTROS COMERCIALES
El progreso nos abruma


El Coto Grande
A las afueras de Vigo (Galicia – España) hay un monte comunal en forma de bosque de pinos. Es como una estrafalaria isla verde de 200.000 metros cuadrados, profusamente rodeada de núcleos habitados. El centro urbano de la ciudad de Vigo se encuentra a unos 6,5 kilómetros en línea recta. Los aviones aterrizan y despegan del aeropuerto de Vigo (Peinador), situado apenas a mil metros. Por el mismo lindero del bosque, conocido por los lugareños como Coto Grande, discurre la Autopista del Atlántico (AP-9).

Como pueden imaginar, este bosque es una anomalía y un estorbo para las fuerzas del progreso. Hace tiempo que esas fuerzas tienen puesto el ojo sobre este infecto monte que interrumpe el civilizado paisaje de casitas, edificios, centros logísticos, vías urbanas e interurbanas, tendidos energéticos y factorías. Hace años que alguien pensó en este bosque, oportunamente situado al mismo borde de una autopista de peaje, como el lugar perfecto donde levantar un Gran Centro Comercial y de Ocio.



El impactante "Puerto Venecia", en las afueras de Zaragoza.
Una muestra de lo que puede llegar a ser Porto Cabral en las afueras de Vigo. Aquí se dan cita todas las grandes multinacionales, desde IKEA hasta Primark, pasando por Hipercor. Solo faltan las góndolas.

Los promotores de este fantástico avance para Vigo se llaman Eurofund Investment. Son ingleses y ya han perpetrado otro proyecto comercial y de ocio en España. Concretamente en Zaragoza, donde levantaron un Gran Centro llamado “Puerto Venecia”. Lo de llamar “Venecia” a ese complejo obedece a la existencia de charcas artificiales de agua en medio de los edificios comerciales, lo que pone de manifiesto la tremenda imaginación de los promotores, aunque bien podían haberlo llamado "Puerto Ebro" o "Puerto La Pilarica".

En Vigo, sobre 100.000 metros cuadrados del bosque Coto Grande, Eurofund Investment quiere levantar su segundo milagro. Pero esta vez proyecta instalar, como propina, una pista de nieve (para tirarse bolas) y un parque acuático con olas, porque el mar queda demasiado lejos (a 7 kilómetros) y la Ría de Vigo está demasiada contaminada como para remojarse en sus aguas.


La inmediatez de la AP - 9 es lo mejor de esta absurda parcela

Al tratarse de un “monte comunal” no se puede vender fácilmente. Así que los gestores de esa “comunidad”, formada por unos catorce caballeros presididos por el Sr. Rodríguez, están dispuestos a ser expropiados de manera forzosa, aunque a cambio de unos dineros. Lo importante en esta magnífica operación inmobiliaria es que las cosas se hagan discretamente y que los setecientos (700) “comuneros” no se les alboroten demasiado. 

Hace un par de días, el Sr. Rodríguez convocó a los comuneros para proceder a una votación sobre el Gran Centro Comercial. La votación se haría a “mano alzada” y con total transparencia, para poder identificar claramente a los enemigos del progreso y después amonestarles por retrógados. Lo malo fue la inesperada bronca que se organizó dentro y fuera de la reuníón. Fue de tal calibre que el acto hubo de ser suspendido. La policía, siempre atenta al mantenimiento del orden establecido, arrestó a tres personas por agresión y desórdenes. La policía no procedió contra la junta Gestora, provocadora y organizadora intelectual del tumulto.


Reunión de trabajo de la Gestora comunal, bien dispuestos
a dejarse acariciar por el desarrollo.

Para los promotores ingleses de este Gran Centro Comercial, la oposición al progreso resulta incomprensible. Dicen que crearán 3.000 puestos de trabajo y que el Centro atraerá a 3 millones de personas al año procedentes de Galicia y del vecino Portugal. Habida cuenta que Portugal está viviendo un apasionante momento de euforia económica, la avalancha de hermanos portugueses millonarios sería imparable. Eso sin contar con la propia Galicia, mundialmente conocida como un mercado consumista que rivaliza con Abu Dhabi, Reus y New York.

Los Centros Comerciales son lugares incomprendidos. Aunque quiebran y languidecen en muchos lugares, no dejan de ser la máxima expresión de un modo de vida que no debemos dejar escapar. Es la manera de mantener la construcción y el ladrillo, como base de nuestra potente economía, y la forma de adecentar el territorio, demasiado lleno de árboles y hierbajos. Desde luego es el mejor sistema de matar lentamente el pequeño y despreciable comercio tradicional. Es un método impecable para promocionar el uso intensivo del coche privado, el consumo de petróleo y las benditas emisiones de gases. Es la forma maravillosa de pasar una tarde con los niños, en lugar de llevarlos a pasear al borde del asqueroso mar o al interior de un horrible bosque. Es el emplazamiento perfecto donde colocar al abuelo para que se distraiga y deje de gruñir en casa.


Paseo por el bosque de Coto Grande de grupos supuestamente opuestos al progreso. No se muestran sus rostros por exquisita prudencia. 

Conviene recordar, por último y para los que no se hayan enterado, que los Grandes Centros Comerciales y de Ocio son catalizadores y dinamizadores de esas nuevas urbanizaciones y esos desarrollos inmobiliarios que tanta prosperidad han dejado en España. Por descontado, se trata de piezas clave del sistema de consumo y de transporte que, no lo olvidemos, mantienen el pulso de esta feliz sociedad.     

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