LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

domingo, 1 de junio de 2014

CRECIMIENTO
Hasta el infinito y más allá




Nos informan que las autoridades ambientales del Reino de España han dado su visto bueno a la petrolera REPSOL para que busque crudo en aguas de las Islas Canarias. Solo faltan un par de pequeños trámites para que las plataformas envíen hasta el fondo del mar sus brocas perforantes es busca del petróleo. Trepanarán hasta donde sea necesario (tienen la tecnología para ello) en busca de una nueva excusa para que este sistema económico crezca sin pausa.

De nada sirven manifestaciones de ciudadanos preocupados por una eventual contaminación de las costas canarias y la amenaza de que sufra la primera industria de las islas, el turismo. Poca importancia tiene que el 80% del área de prospección estuviera designada como LIC (Lugar de Interés Comunitario) por los científicos españoles. Las autoridades regionales de las Islas Canarias abominan en público de este proyecto, pero ofrecen a los buscadores de petróleo sus puertos y la imprescindible logística, no sea que el negocio del avituallamiento se lo lleve el vecino Reino de Marruecos.

Para su propósito, los petroleros muestran a los políticos supuestos informes técnicos pergeñados por empresas privadas y avalados por “consultoras” de gran calidad. Las mismas “consultoras” y “auditoras” que fueron incapaces de prevenir y conjurar la brutal crisis del sistema financiero que hoy nos aplasta. Los técnicos calculan, estiman, valoran, imaginan y hasta elucubran con 2.000 millones de barriles de petróleo al año en Canarias. Podían haber anunciado 6.000 millones o 15.000 millones, como en Monterey (California) que luego quedaron en 600 millones. Puede que al final se queden en 36.000 sencillos barriles al año., como en los yacimientos de Ayoluengo (Burgos). Pero no deja de ser algo maravilloso para el crecimiento del PIB del Reino

El pasado 20 de mayo, el gobierno de la República del Ecuador aceptó finalmente que la empresa Petroamazonas perfore en el corazón del Parque Nacional de Yatsuni, en plena Amazonia. La empresa petrolera, con un abultado historial de vertidos salvajes contaminantes, se instala en un lugar donde una sola hectárea de bosque atesora más diversidad de especies vivas que todo América del Norte. En el Parque Nacional de Virunga, en el Congo, una petrolera británica se prepara para expulsar a los últimos gorilas de espalda plateada y buscar crudo.

En Burgos (Reino de España), una empresa británica de sondeos de gas de fracking envía, a través de un bufete de abogados aborigen, cartas amenazadoras a propietarios de tierras. Les conmina a vender sus terrenos a los gaseros antes de proceder a expropiaciones forzosas. Cuando se empieza por este camino el siguiente paso es romper las piernas de un vecino recalcitrante, a modo de advertencia y escarmiento, como suelen hacer las mafias.  

Desde que empezó a girar la primera máquina de vapor alimentada con carbón, la humanidad ha desarrollado el concepto “crecer”. Crecer, incrementar el PIB sin límites, si es posible por encima del 3% anual. Y todo  gracias a los combustibles fósiles. Porque han sido el carbón y sus hermanos, el petróleo y el gas metano, quienes han forjado el “progreso” de la humanidad. El comunismo, el fascismo y el capitalismo apenas han intervenido en este proceso, salvo para medrar a su sombra, enriquecer a sus dirigentes y aportar al sistema sus personales patologías y crímenes.

Canarias, Yatsuni, Virunga, Burgos…. las aguas profundas frente al Brasil, de Australia y del Ártico. Raspamos, escarbamos y taladramos en busca de la última molécula de carbono. Si es necesario, exprimimos las piedras para que suelten una mísera gota de aceite sucio y pesado. Allá donde se descubre un recurso, la humanidad vuela para extirparlo, quemarlo o dispersarlo integrado en millones de inútiles artefactos.

Buscaremos en la grieta más oculta de la Tierra hasta el último resto de petróleo. Si es necesario, envenenaremos el agua y el subsuelo para romper la roca madre y aspirar las diminutas burbujas del gas de fracking. Destrozaremos los territorios y los paisajes hasta que los terribles efectos se hagan visibles desde el espacio.

Pero todo será inútil. Los buscadores no pretenden satisfacer la sed insaciable de carbono de este estúpido mundo, sino mantener la carestía en una estudiada tensión y fomentar la necesidad de energías sucias que les hará aún más ricos. Miles de millones de euros, dólares y rublos se enterrarán en aventuras petroleras sin salida, arrinconando a las mujeres y hombres del siglo XXI al borde del precipicio. Buscar más combustibles fósiles y, al mismo tiempo, hacer lo imposible por entorpecer las energías limpias, gratuitas y sin fin: es el propósito y la misión.

Hace 10.000 años, según se dice, el ser humano se hizo sedentario y empezó a cultivar la tierra. Toda la historia de la civilización humana, acaecida desde la última glaciación, ha vivido en “este” planeta. Las montañas, ríos, playas y ensenadas que hoy identificamos y nombramos estaban en el mismo lugar que hoy en tiempos del faraón Amenotep, del persa Darío y de Jesucristo. Pero nosotros, con nuestra sociedad del crecimiento sin límites del PIB y del carbono sucio, estamos empezando a borrar la memoria de la Humanidad desdibujando, emborronando los mapas.

Dentro de un siglo, las formas y contornos de los continentes habrán cambiado, invadidos por el océano y arrasados por la brutal minería sin prejucios. Las siembras y cosechas que practicaban los etruscos hace tres mil años no tendrán sentido porque el clima será otro. Regiones ahora inhóspitas serán fértiles y miles de millones abandonarán la tierra de sus antepasados para siempre. Miles de especies de animales y plantas no estarán ya con nosotros en este viaje común , salvo disecados o en frascos de formol.

Hace apenas unas horas, ha llegado al puerto de Bilbao (Reino de España) un buque tanque cargado con bidones del crudo sucio de Canadá. Es el primer envío. Su destino es la refinería Petronor (Repsol). Procede de los yacimientos de pizarras bituminosas de Alberta y es un petróleo tan pesado y cargado de mierda que pocas refinerías lo aceptan en sus procesos. Sin embargo, Repsol está preparada para tratar este veneno porque es una corporación que se adelanta al futuro más negro. De hecho, forma parte de él y ayuda a crearlo. Seguramente, los políticos y patriotas del Reino de España sonríen ilusionados ante la idea de que sea nuestro país el que se encargue de refinar la basura canadiense para alimentar a toda Europa.  

En la historia que estamos escribiendo habrá mucho dolor. No tengo nietos. Pero si algún día puedo disfrutar de ese privilegio no me cansaré de pedirles perdón cada día por haber destruido su mundo. 

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