LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

martes, 19 de mayo de 2015

CANTABRIA Y EL MERCURIO
Una ministra en Torrelavega

La factoría Solvay en Torrelavega /España)

La expectación podía haber sido intensa. Sin embargo, la reciente visita de la ministra de Trabajo del Reino de España, Fátima Báñez, a la ciudad cántabra de Torrelavega y sus industrias (12 de mayo de 2015) quedó en nada. Peor aún, quedó en bochorno y estupefacción para quienes esperaban respuestas.

La señora ministra, atentamente recibida por políticos regionales de su partido (Partido Popular) y por destacados empresarios del lugar, declaró tras la visita que empresas como la multinacional belga Solvay eran un modelo de “la innovación y el talento como forma de competir”. Una rotunda afirmación que fue ampliamente difundida por los medios regionales y que merece una ligera reflexión.

Solvay Torrelavega es una de las industrias químicas más antiguas de Cantabria. Tan vieja que es de las pocas que todavía conservan el sistema de celdas de mercurio para producir Cloro sosa (Chlorine). El sistema, aplicado por el químico belga M. Ernesto Solvay en sus industrias desde 1892, es altamente contaminante y ha convertido la cuenca baja del río Besaya, donde vierten las aguas residuales de Solvay, en un sumidero y depósito de mercurio. Hay tanto mercurio, que Suances, la Ría de San Martín y el viejo puerto de Requejada son áreas “intocables”, a causa de la brutal acumulación del metal en los fangos, arenas y aguas circundantes.

En el año 2004, la planta Solvay Torrelavega emitía, según datos del EPER (Inventario Europeo de Emisiones Contaminantes) unos 74 kg de mercurio anuales al aire de Torrelavega y otros 66 Kg a las aguas de la zona (fluviales y marinas). En el año 2009, gracias a las medidas correctoras impuestas desde Bruselas, las emisiones se habían reducido a 49 Kg anuales de mercurio, con 27 Kg a la atmósfera.

En el resto del planeta, el sistema utilizado por Solvay desde finales del siglo XIX estaba siendo desmantelado. Si en 2002 había en el mundo civilizado 90 plantas de producción de cloro que utilizaban el sistema de celdas de mercurio (producción de 9.000 toneladas/ año), en 2011 se había reducido a 53 fábricas que producían 5.200 Tn/año. La razón era la progresiva sustitución de un procedimiento altamente contaminante por el sistema llamado “de membrana”. La propia multinacional Solvay estaba inmersa en este proceso de reconversión (innovación) en sus variadas factorías.

Solvay cambió el método de celdas de mercurio en sus plantas de Rosignano (Italia) en 2006; de Bussi (Italia) en 2007; de Santo André (Brasil) en 2009; de Lillo (Bélgica) en 2012 y de Tavaux (Francia) en 2013. En ese último año, de las 13 fábricas de cloro que operaba Solvay en el mundo, solamente cuatro mantenían el venenoso sistema, con dos en España, una en Bélgica y una en Argentina. Entre tanto, la normativa comunitaria se ponía seria (sin exagerar) ante uno de los metales pesados más dañinos para la salud humana (destruye el sistema nervioso) y para la biosfera, exigiendo el cierre de nuestras minas de Almadén, convirtiendo la simple posesión de un termómetro de mercurio en delito (Suecia) y declarando al mercurio como el enemigo público número uno de Europa y de los europeos.


La ministra Báñez posa, rodeada de autoridades, políticos y directivos empresariales, en el día de su visita a la planta Solvay de Torrelavega

No obstante, el día 12 de mayo de 2015 la planta Solvay Torrelavega resultaba ser para la ministra de Trabajo, Fátima Báñez un brillante ejemplo de innovación y competitividad. Funcionando todavía con el sistema de celdas de mercurio, y con el plazo del 1 de diciembre de 2017 como límite impuesto por Europa para el cese definitivo de las emisiones, la matriz de la multinacional tenía dos opciones: reconvertir la fábrica de Torrelavega, como ha hecho con las cinco antes citadas, o bien olvidarse de la innovación y apagar la luz.

Al parecer, en diciembre de 2014 optó por la segunda elección. No tuvo la deferencia de advertir de su renuncia a la Innovación a la señora ministra. A los trabajadores les dijeron que invertir unos 30 millones de euros en desmantelar las celdas, limpiar el lugar de todo rastro de mercurio y reemplazarlo por el método de membrana no les resulta rentable. La intención de la empresa belga es cerrar esta línea de negocio, quizá venderlo y recolocar (poner en la calle) a los 120 trabajadores dedicados hasta ahora al cloro. Todo un ejemplo de innovación y de talento en la forma de competir y crear empleo en una comarca y una región castigada por la desindustrialización. Hay que señalar que el día de la visita a Solvay, la ministra y su cortejo se cuidaron muy mucho de asomarse a otra gran fábrica de Torrelavega, la Sniace, modelo de innovación

Cabe preguntarse qué clase de delirio paranoico afecta a determinados líderes de nuestro reino cuando entran en Campaña Electoral y caen profundamente sumergidos en la pesadilla de convencer a los votantes. Uno se pregunta qué clase de “Asesores”, maravillosamente remunerados con el dinero de nuestros impuestos, les susurran al oído una sarta de mentiras, medias verdades e idioteces que los estupefactados receptores del mensaje sueltan sin el menor rubor. Esas frases sin sentido son luego reproducidas, al pie de la letra, por algunos de los medios de comunicación más estúpidos y aborregados de Europa.

Uno se pregunta qué clase de ciudadanos leen esos medios de comunicación y se tragan, sin masticar ni ensalivar adecuadamente, estos pomposos y recocidos guisos largados por los políticos, y que luego digieren en sus reblandecidas meninges sin padecer ictus cerebrales o migrañas, sin emitir un solo eructo, sin lanzar una ligera ventosidad, sin la menor acidez, pestilencia o mínimo retortijón. Los embustes les sientan tan estupendamente que corren presurosos a votar al embustero en cuanto les dejan.

Desde aquí, en vísperas de acudir a las urnas, un muy sentido recuerdo para todos los ciudadanos azogados en el entorno de Solvay Torrelavega, planta modelo de innovación y modernidad.


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