LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

lunes, 8 de junio de 2015

LAS  SONRISAS  DEL  G7
¿Un brindis al sol?


En otras circunstancias y en otro momento histórico, la última jornada de la reunión celebrada por un G7 (amputado) habría merecido ser celebrada. Los representantes de Naciones Unidas, de la Comisión Europea, Alemania, Francia, Japón, Reino Unido e Italia han asegurado que el año 2100 se producirá el “Phase Out” de los combustibles fósiles. 

Con esta medida, pretenden que la atmósfera de la Tierra sólo se caliente 2º C por encima de la media registrada en 1990. Sin embargo, los mismos políticos que ahora proponen terminar con la sociedad del carbono, son los grandes enamorados del carbón. Además, eso del "phase out" es una jerga inglesa que en español se traduciría como un "por favor, vayan saliendo"

Algunas cifras. Entre los años 2009 y 2013, cinco naciones de las naciones participantes en la reunión G7 aumentaron un 16% su consumo de carbón.  El programa alemán de construcción de centrales térmicas que queman lignito ha sido intensa y no ha terminado. Estados Unidos fue la única que lo bajó, aunque a cambio se dedicó a exprimir piedras para extraer petróleo. 

¿Y el Reino de España? Pues el Reino, después de unos años de bajada a causa de la miseria creada por la burbuja inmobiliaria alentada desde el gobierno, entre los meses de abril de 2014 y abril de 2015 el sector eléctrico quemó el 55% más de carbón que entre esos mismos meses de 2013 y 2014.

El gobierno fue el mayor impulsor de esta masiva emisión, gracias a las generosas subvenciones que recibió el carbón, después de habérselas cortado a las energías renovables. Entre unos y otros, la Unión Europea se aleja de sus objetivos energéticos previstos para 2020.

En realidad, el rumbo que lleva nuestra estrategia energética no es el determinado por el G7, el G8, todos los demás G, la Comisión Europea o la Asamblea de Madrid. El rumbo lo marcan las industrias energéticas privadas y conduce directamente hacia un aumento de 4º C de la atmósfera, si las cosas siguen igual, y a más de 6º C si se tuercen, que es lo más probable. 

Para limitar el calentamiento a esos inalcanzables 2º C suplementarios sería imprescindible congelar las emisiones de inmediato e implantar un calendario de reducción en la extracción, producción y quema de petróleo y carbón.

Pero esta posibilidad se cierra con saber que China espera aumentar sus emisiones en los próximos diez años y alcanzar el pico en 2025, Canadá acelera la extracción de sus pizarras bituminosas, Australia aumenta sus exportaciones de carbón y el Reino de España mantiene las subvenciones al carbón nacional (saturado de azufre). En cualquier caso, aunque las míseras intenciones del G7 sigan adelante, no podrán congelar las emisiones.

Sería necesario instalar miles de plantas para recuperar el CO2 que está ya en la atmósfera, detener de golpe la destrucción de las selvas y reforestar el planeta. Eliminar las subvenciones a las energías sucias y volcar todo el esfuerzo de la humanidad en la generación de energías renovables, removiendo todos los obstáculos, legislaciones, normativas, presiones, chantajes y amenazas que están frenando su desarrollo. 


La nueva central eléctro- térmica de Neurath, forma parte del reciente
impulso alemán en la quema de carbón (lignitos)

Si verdaderamente se desearan limitar y disminuir las emisiones de CO2, la Transición energética debería empezar la semana que viene, como muy tarde. Todo lo demás son tonterías de políticos profundamente comprometidos con la energía fósil y con las corporaciones que las sustentan.

En el Reino de España, virtualmente representada en el G7 a través de la delegación de la Comisión Europea, la declaración de intenciones a 85 años de distancia ha debido ser un bálsamo para los emisores de carbono. Ya no es cosa de ellos y se pasa la pelota a las nuevas generaciones de europeos, después de haberles dejado en herencia un indescriptible problema.

Es más. En respuesta al anuncio del G7, el Ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria (Partido Popular) ha desvelado su borrador de normativa, anunciando que la generación y autoconsumo, por particulares o comunidades, de energía eléctrica de fuentes renovables será castigado con una tasa disuasoria, para no perjudicar a las grandes empresas eléctricas. También, que aquellos que utilicen baterías para almacenar la energía generada por el sol serán sancionados con una tasa específica. 



El verdadero rostro del G7 es el de José Manuel Soria, Ministro de Energía
 del Reino de España, dispuesto a impedir a toda costa el desarrollo de las
energías renovables en su país. 

Un nuevo obstáculo para las energías renovables, no solamente ignoradas en el Reino de España, sino agredidas y amenazadas desde ahora. Generar electricidad para consumo propio con el sol y el viento, al margen de las empresas y corporaciones, será penalizado. Estamos ante una de las mayores agresiones a las libertades que se producen en Europa desde hace décadas y que recuerdan al edicto feudal clavado en un árbol por el esbirro. 

Un esperpento legislativo. El grito de despedida de un político de escaso nivel con las semanas contadas. Su absurda norma será abolida por la Unión Europea o por el inminente nuevo gobierno. No tendrá aplicación ni trayectoria porque es una puerta plantada en medio del campo. 

Ni tan siquiera ha tenido en cuenta que su ridícula normativa choca de frente con el Tratado Atlántico de Libre Comercio, al poner trabas a la importación de las baterías Tesla, objeto del pánico y del odio de UNESA (Asociación de empresas eléctricas en España). En definitiva, es la mejor prueba de que su grupo político no ha entendido nada y está anegado por la descoordinación más absoluta. Por eso cosecha sus votos entre los jubilados y su futuro a medio plazo es la disolución.

Las idioteces del G7 no se han quedado en estas meras intenciones surgidas de la ciencia ficción y del hábito el embuste. Después de haber provocado tanto daño, tanto desempleo, pobreza y hambre en sus propios países. Después de haber creado tanta desigualdad, saqueado a la sociedad con sus ingenierías financieras y corrupciones, de haber echado a la calle a miles de familias, de atentar contra la sanidad pública y dejar de lado la educación y a la innovación, estos mismos individuos dicen ahora que lucharán contra la pobreza y el hambre. Entran ganas de vomitar.

Dentro de otros treinta años, cuando todavía falte medio siglo para alcanzar los estúpidos y mentirosos objetivos pregonados por el G7, la mayoría de los políticos reunidos en Garmisch este pasado fin de semana (…y quien les escribe) habrá seguramente desaparecido.

Se los habrá llevado por delante el cáncer que ellos mismos expandieron sobre los campos y las ciudades con sus químicos descontrolados, el infarto que alentaron desde una sociedad injusta y agobiante  o cualquier nueva y terrible infección, incurable a causa del uso de toneladas de antibióticos, que ellos autorizaron, mezcladas con la comida industrial.

De ahora en adelante, solo dependerá de los ciudadanos, de las familias y de las asociaciones cívicas el intentar salvar a la humanidad de la peor de las catástrofes. Tenemos ya la seguridad de que los políticos neoliberales no lo harán y que dejarán abandonados a nuestros hijos y nietos en un planeta infernal. Las nuevas generaciones, con sus votos, son las que deben remover democráticamente de los gobiernos a personas como la que aparece en la fotografía anterior.

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