LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

viernes, 27 de abril de 2012


PESCA Y MEDIO AMBIENTE
Asalto a la Antártida – 1


Hace veinte años, rodaba un documental sobre la pesca española en aguas del cono sur americano. Después de navegar en tangoneros argentinos frente a Comodoro Ribadavia, capturando langostinos, cruzamos hasta Punta Arenas. Allí visitamos las instalaciones portuarias de una gran empresa pesquera, donde nos mostraron el último grito del mercado mundial de peces. El interfecto yacía sobre una gran mesa y medía metro y medio de longitud. Era muy negro, grueso y feo, con ojos grandes y opacos. La piel era viscosa y las aletas flácidas. El gran pez podía tener 50 años de edad y vivía parsimoniosamente en llanuras abisales donde reinaba la oscuridad. Sus carnes no tenían grasas, sino ceras que no se congelaban en el frío extremo de las profundidades.

El pez no tenía un nombre perfectamente definido, pero los japoneses y coreanos empezaban a llamarlo “Mero” (para despistar) y nosotros “Bacalao de profundidad”. Hoy se le conoce internacionalmente como “Toothfish” y como Mero, lo que induce a engaño. Su pesquería tiene un mercado bien establecido y es perseguido por buques especializados en peces de los grandes fondos y elevado valor. Esos peces cuyas poblaciones son tan frágiles, por el lento crecimiento y la complicada reproducción.

El toothfish antarctico o "Mero" (Dissotichus mawsoni) figura
en la Lista Roja de especies amenazadas (Greenpeace), desde 2010.
¡Atención en el mercado y el restaurante a un pescado fileteado o en lomo con el nombre MERO!
No suele tratarse del Mero que conocemos en nuestras aguas.
Es importante analizar la etiqueta y comprobar si procede
de Chile, Argentina, Australia o cualquier nación asiática. 

Ya conocemos al “Mero” y ahora conoceremos a uno de sus depredadores, ya fallecido. Se llamaba “Taruman” y era un buque de pesca grandote que se dedicaba, bajo bandera de Camboya y según las autoridades de Australia, a la pesca ilegal, no regulada y no comunicada (IUU), o pesca pirata, en aguas cercanas a la Antártida. En junio de 2005 fue detenido por un guarda-pescas australiano (El “Vicking Ocean”) y obligado a fondear en el estuario de Macquaire, en Hobart. Sus tripulantes españoles (gallegos), arrestados y sancionados con una multa de 150.000 dólares australianos, anduvieron protestando en la prensa de Galicia contra las injusticias australianas. La carga del pesquero, consistente en varios cientos de toneladas de “Mero” capturado sin licencia, fue confiscada por el Gobierno y vendida por 1,5 millones de dólares.

El "Taruman" azote del Mero, seguido y escoltado por el guarda pescas australiano
 "Vicking Ocean" tras su apresamiento en junio de 2005 por pescar sin licencia

El “Taruman” se quedó anclado en Hobart tres años seguidos, esperando un desguace que nunca llegó por la fuerte caída del precio de la chatarra en esos años de estallido de la crisis. Estaba acompañado en su prisión por otro buque pirata, el “Kape Farvel”, especializado en pescar Pez Reloj (Orange Roughy) de profundidad y había sido apresado por las autoridades de Nueva Zelanda por practicar pesca IUU. En noviembre de 2008, un armador hindú (¡) compró el oxidado “Taruman” por cuatro perras y lo abanderó en… ¡Corea del Norte! Los dos buques piratas salieron de Hobart, uno a remolque del otro, y los dos se hundieron, casi simultáneamente y de forma misteriosa, al oeste de Tasmania. Ahora reposan a 4.000 metros de profundidad.

La del “Taruman” es una de esas historias inquietantes sobre pesca ilegal, con buques abanderados en exóticas naciones y hundidos a destiempo y sin testigos, tripulados por pescadores gallegos en lugares muy equivocados y haciendo cosas feas. Historias de un asalto constante y agresivo a la Antártida y sus riquezas, propiedad del conjunto de la humanidad a través del Tratado Antártico. 

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