LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

sábado, 5 de mayo de 2012


BASURAS Y RESIDUOS
Madrid y su tasa de basuras


Tengo un amigo tan formal y tan cumplidor que parece suizo. Nunca le sorprendí tirando un papel al suelo. Cruza las calles por los lugares correctos y cuando las señales luminosas se lo permiten. Aparca dejando los cinco centímetros recomendados entre sus neumáticos y el bordillo, para que corra la lluvia. Solo le faltaría extender un cartón bajo el motor del coche aparcado para que la gotita de aceite no manche la calzada. Su problema es que no vive en Zurich, sino en Madrid.

Cuando el Excmo. Ayto. de Madrid implantó la Tasa por la prestación del servicio de gestión de Residuos Urbanos (TRU), mi amigo se mosqueó. Durante dos años pagó religiosamente los ciento y pico euros que le adjudicaron. Todo parecía normal, pero la procesión iba por dentro. En su día, cuando su gobierno le dijo que separar los Residuos Urbanos (RU) era cosa de gente europea, él invirtió un dinerillo en adquirir un lote de cubos separadores, de diseño. Al comprobar que los muebles de su cocina no se adaptaban a las nuevas consignas en materia de gestión de RU, amplió el armario de debajo del fregadero y el carpintero (el de las cocinas) le cobró una pasta.


Cada día, separaba concienzudamente cada fracción, llegando al extremo de arrancar las etiquetas de los frascos de mermelada, llevando el papelito al contenedor correspondiente y la tapa de metal al suyo. A punto estuvo de raspar las latas para quitar el recubrimiento interior de epoxy. Se quejaba de que los vidrios no tuvieran contenedores que los separasen por colores, como pasa en Japón.

Mi amigo nunca dudó en usar el juego de sus hijos
para inculcar en ellos la conciencia del "Separareciclar"

Cada noche sermoneaba a los hijos y a la mujer por sus descuidos con los RU. Se ponía de lo más desagradable si veía la tapa de un yogurt en el cubo de orgánicos y, cada noche, salía cargado de diversas bolsas hasta los contenedores de la calle para dejar las cosas donde deben dejarse. Luego, en la cama y antes de apagar la luz, su mujer le miraba con ternura diciendo ¡Ay! Yo no sé qué te pasa últimamente, pero después de sacar la basura te quedas como atolondrado… No estaba atolondrado, sino inmerso en un terrible dilema.

Pensaba que si reciclaba y gestionaba sus RU, después de haber hecho una inversión en logística, si los transportaba y entregaba personalmente en contenedores de empresas privadas que hacen un negocio con ellos (¡son materias primas, chato!), y luego el Excmo. Ayto. de Madrid le cobraba la Tasa, en lugar de pagársela a él, la cosa no le cuadraba.

El paradigma y paraíso del gran reciclador. Aquí se han
olvidado del contenedor de zapatos usados, creando un problema
de conciencia al expropietario de ese par de botines. Por cierto: ¿Para
qué servirá el contenedor de la tapadera rosa?

Una noche, mi amigo depositó en el contenedor amarillo el juego de cubos de colorines que usaba para reciclar. Al acostarse, su mujer le vio sonreír. Ahora tiene un único cubo, esos de fregona, donde va todo mezclado y que descarga en el contenedor de siempre. Dice que la gestión de los RU la haga el Excmo. Ayto. con la Tasa, que para eso la paga. Solo aparta los vidrios, porque teme que alguien se lastime con ellos en las cintas de clasificación de las Plantas de Transferencia. También dice que como en Madrid se quema mucho residuo, los papeles y plásticos de su basura arden que se matan y fabrican más electricidad.
Soy incapaz de convencerle de su terrible error. Si viviera en Suiza ya estaría encarcelado por “sujeto asocial”.

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