LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

martes, 22 de enero de 2013


HAMBURGUESAS DE CABALLO
Crisis alimentaria


Los grandes organismos internacionales, ONGs y medios de comunicación llevan años debatiendo los motivos y las consecuencias de la crisis alimentaria. Una crisis impulsada por la demografía, el injusto reparto de los recursos y la especulación mercantilista. Que aparezca una mezcla de carnes de caballo, cerdo y vaca en unas cuantas hamburguesas de Irlanda y del Reino Unido, es una derivada lógica de esa crisis y no es nada sorprendente, a poco que se analice fríamente la situación.

Primera cuestión: hamburguesas 100% de vacuno
En el año 2008 los precios del cereal se dispararon en todo el mundo. La ganadería de vacuno, básicamente alimentada con maíces y sojas, experimentó un alza de precios que aún se mantiene. El resultado es que, si en 2006, en el Reino Unido el kilogramo de vaca costaba 2,40 €, ahora está en 4,50 €. ¿Es posible seguir ofreciendo hamburguesas 100% vacuno al módico precio de 1,- € ? Es posible, aunque crecen los juegos malabares en los ingredientes.




Uno de ellos, posiblemente el más honesto, es utilizar hasta la última célula del cuerpo de una vaca. Desde las pezuñas hasta los cuernos y el rabo, pasando por las ubres. El máximo aprovechamiento se consigue fabricando, con todos los despojos, proteínas concentradas (Trasglutaminasas - Pink Glue), y usando los pellejos de los animales (Boiled HideDRIND – piel deshidratada). También se pueden añadir aditivos humidificadores que conservan agua en la hamburguesa, vendiendo ese agua a precio de carne. Cuando el uso exhaustivo de la vaca resulta insuficiente para mantener el mítico 1,- € por hamburguesa, empieza a ser complicado anunciar que la hamburguesa es 100% vacuno.

Segunda cuestión: la hamburguesa como mezcla de carnes.
¿Es malo para la salud comer hamburguesas fabricadas con una mezcla de carnes? Indudablemente no. Con la carne de caballo a 2,20 € el kilo, sería la forma de ofrecer hamburguesa a precio asequible para personas con pocos recursos. Solamente debe anunciarse imperativamente al consumidor semejante compuesto, para evitar el engaño comercial y, sobre todo,  los conflictos religiosos. Lo  importante es garantizar que las carnes mezcladas, de vaca, caballo, cabra, cerdo o de cualquier otra cosa, estén perfectamente controladas y reguladas en su trazabilidad.




El problema actual es que, aunque la raza equina también acaba en el matadero, sus carnes no suelen tener los mismos controles veterinarios y normas a los que están sometidas las vacas y otras especies que nos comemos. De ahí que el analista del laboratorio del West Yorkshire británico, M. Duncan Campbell, afirme que es imposible garantizar la salubridad en hamburguesas confeccionadas con un 29% de carne de caballo de procedencia incierta, ya que falla la trazabilidad por incapacidad del sistema.

Tercera cuestión : ¿el control es suficiente?
Saltarse los controles de seguridad alimentaria está siendo cada vez más fácil y la prueba es la polémica de las hamburguesas con caballo. En una Europa de recortes presupuestarios, cuando hasta la sanidad humana deja de ser una prioridad, la sanidad animal y sus inspecciones bajan la guardia. En el Reino Unido, el presupuesto del Gobierno destinado a medios de control e investigación en materia de alimentos ha pasado desde los 253 millones de euros de 2012, hasta los 166 millones previstos para 2014. Además de que los inspectores disponen de menos medios materiales, desde 2009 se han eliminado 743 empleos en este sector de la administración. 

Conviene recordar que la presencia de ADN de caballo y cerdo en las hamburguesas fue detectada por la autoridad alimentaria irlandesa, pero escapó a los "relajados" controles británicos. A los recortes se suma la ideología conservadora neoliberal imperante en el Reino Unido, uno de cuyos sagrados principios es desreglamentar la economía en todo lo posible, para que sean los “mercados libres” quienes se autoregulen.


Establecimientos  involucrados en la venta de hamburguesas
 conteniendo carne de caballo, en Irlanda y el Reino Unido

En España se dan las ideales circunstancias para que el día menos pensado tengamos una ridícula sorpresa en las hamburguesas que venden los supermercados “low cost”. Por un lado, y al igual que en el Reino Unido, la ideología gubernamental es neoliberal y aborrece las normativas encorsetadoras. Por otro lado, los fuertes recortes presupuestarios afectan a todas las administraciones españolas, incluidas las dedicadas a la seguridad alimentaria. Con el agravante de existir una mayor fragmentación burocrática por las competencias transferidas a las Comunidades Autónomas.

En esta coyuntura, la crisis alimentaria y veterinaria se solapa con la crisis económica. Para el consumidor en paro o con ingresos reducidos, conocer el exacto origen y composición de las carnes de su hamburguesa es una pérdida de tiempo y una extravagancia. Lo importante es ofrecer proteínas de bajo precio a la familia. Pero se debe exigir que esas proteínas estén rigurosamente controladas. Es hora de abandonar esa insistencia del 100% “carne” de vaca, cuando suele ser 100% “cuerpo” de vaca. Un debate muy diferente es que cualquier clase de hamburguesa barata ayude a crear obesos, diabéticos y cardiacos.

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