LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

domingo, 15 de noviembre de 2015

ASESINATOS EN PARIS
A pie firme y esperando la COP 21





La hija de unos muy queridos amigos vive en Paris. Hablando con ellos tras la carnicería del viernes 13, comentaban que su hija solía frecuentar alguno de los pequeños restaurantes ametrallados. Con su marido y amigos, se sentaba en esas terraza para charlar, reír, beber vino y escuchar música en libertad. Justamente, las sencillas muestras de felicidad que tanto odia el fascismo islámico.

La capital francesa parecía blindada por la policía en vísperas de la celebración del encuentro COP 21. Un encuentro que intentará frenar las emisiones de gases que están destruyendo nuestro clima. En medio del profundo desconsuelo de la atrocidad, en mi cabeza se dan la mano el fanatismo que ensangrienta Oriente Medio, las constantes (históricas) intervenciones “occidentales” en aquélla reseca región, el negro petróleo que brota de su suelo y el inmenso daño que causa su destrucción cuando arde en motores y calderas. Una mezcla explosiva.

Recuerdo la película “Lawrence de Arabia” y a Peter O´Toole, descalzo y vestido de un blanco inmaculado dando saltitos sobre una duna. Profundizo en aquella historia de agentes secretos y de geoestrategia, en plena I Guerra Mundial, con el Imperio Británico combatiendo al Imperio Otomano para dilucidar quién asentaría finalmente sus zarpas en el océano de petróleo enterrado bajo la arena.

De la mano de Lawrence, los británicos pusieron en el poder a la tribu nómada más fanática, radical y retrógrada del desierto arábigo. Nació así la Arabia de los sauditas wahabitas. Con ella nacieron también los califatos del Golfo, armados hasta los dientes por los occidentales y protegidos en sus tronos feudales por los lobbies petroleros.

Más al norte, otros yacimientos petroleros fueron controlados por los británicos en el actual Irán, ahora gobernado por una banda de obispos, y en el destrozado Irak, ahora gobernado por nadie sabe quién. Semanas antes de ser derrotado el nazismo, en febrero de 1945, el presidente de los Estados Unidos, Franklin  D. Roosevelt, embarcó en el crucero pesado USS Quincy y navegó hasta el Mar Rojo, donde firmó a bordo del buque un pacto con Abdulaziz ibn Abdul Rahman ibn Faisal ibn Turki ibn Abdullah ibn Muhammad Al Saud, Rey de Arabia Saudita, comúnmente conocido como Rey Ibn Saud.

Por el acuerdo, el Quincy Agreement, Arabia concede a los Estados Unidos todo el petróleo que pueda necesitar, a cambio de protección militar y diplomática ilimitada. El acuerdo, que sigue plenamente vigente, se instrumentalizaría a través de empresas privadas, como las antiguas Gulf Oil, Standard Oil, Chevron o la actual Aramco. Las monarquías feudales del Golfo Pérsico se sumarían gozosas a este mercadeo, perviviendo en sus estrafalarios sistemas medievales hasta ahora.

Los británicos, controlando el petróleo iraquí e iraní a través de la Anglo Persian (actual British Petroleum), tuvieron un sobresalto en 1951. Las elecciones de ese año, medianamente libres y todo lo democráticas que pueda esperarse, elevaron al poder en Persia al político nacionalista Mohamed Mossadegh. Como primer ministro nacionalizó el petróleo nacional y dos años después fue derrocado por el golpe de estado organizado por la CIA y el MI6 británico. La Anglo Persian recuperó “sus” pozos en 1953.

Desde entonces, los dedos y pies de occidente han estado sacudiendo el océano de petróleo de Oriente Medio, han estado sosteniendo a dictadores con bigote y a reyes vestidos como Lawrence de Arabia. Pero debajo de esos gobiernos, más allá del eterno y falseado enfrentamiento palestino – israelí y de los petrodólares derrochados en Marbella, Londres o Nueva York, bullía una rebelión que cristalizó en la llamada Primavera Árabe  iniciada en 2010.

Hoy, Paris se prepara para intentar poner cierto freno al petróleo y sus derivados en la COP 21, forzando que buena parte de las reservas de hidrocarburos del planeta queden enterradas bajo el suelo para siempre (campaña internacional "Keep it in the ground"). Lo debe intentar porque nuestro planeta no soporta tanto CO2 en la atmósfera sin provocar un cataclismo climático.

Hoy sabemos que las energías renovables han sido mentirosamente acusadas por los petroleros de necesitar millones de euros para funcionar. Pero también sabemos que la reunión del G20 del año 2009 propuso disminuir las subvenciones que recibían los combustibles fósiles. Nada se ha hecho desde entonces, sino incrementar esas subvenciones.

En la actualidad, los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) reciben anualmente 449.000.000.000 de euros en subvenciones por parte de los gobiernos. 449 mil millones para buscar nuevos yacimientos, para extraer carbón, para vender el gasoil más barato que la gasolina, para subvencionar el transporte y las actividades agrarias y pesqueras. 449 mil millones que salen de nuestros impuestos para pagar a quienes nos envenenan la salud y acortan nuestra esperanza de vida. Para pagar a quienes presionan para que las energías renovables languidezcan y la sociedad humana se enfrente a un futuro lleno de amenazas. Tantas, que algunos científicos iluminados opinan que la especie humana puede entrar en extinción más allá de 2100

En este escenario global, unos desalmados han asesinado en Paris a más de un centenar de personas. Las han matado con la misma frialdad que un Oberführer de las SS matando judíos, gitanos, homosexuales, resistentes demócratas y sacerdotes católicos en Auschwitz. Volverán a hacerlo. Detrás de los islamo- fascistas hay un negro Califato, llamado Daech, que les entrena con dinero de oscura procedencia, pero que apunta en dirección al Golfo Pérsico con sus petróleos, sus intereses y su fanatismos religiosos sunitas.

En París, la COP 21 comienza en quince días y algunos periodistas, quizá portavoces de las petroleras y de sus gobiernos títere, lanzan la idea de suspender el encuentro de Naciones Unidas por falta de seguridad. Por el contrario, otros periodistas opinan que Francia debería revisar al alza sus relaciones con Rusia y Siria, para detener a los degolladores, y revisar a la baja sus relaciones con Qatar y Arabia Saudita, que simpatizan con asesinos y demuestran una clara ambigüedad.




Unos artistas pintan el lema y el escudo de la villa de París en la Plaza de la República tras los crímenes
(Fluctuat nec mercitur - Se sacude, pero se mantiene a flote)

Mientras llega la apertura de COP 21, meditemos en este detalle, no muy conocido.

Los decapitadores de Daech controlan sus propios pozos de petróleo en Siria e Irak, lo que les asegura buenos ingresos en dólares para comprar armas y vehículos que, evidentemente, no se fabrican en Siria o en Irak. 

El petróleo de Daech cruza la frontera de Turquía con la supuesta complicidad del gobierno turco, y también sale por puertos sirios. Anoche, en un apasionante debate en la televisión pública francesa (TV5) se insistía en las presuntas actividades de un pariente muy directo del presidente turco en materia de contrabando de petróleo procedente de Daech. En consecuencia, la reciente reelección del islamista Tayyip Erdogan en Turquía es una desgracia para los kurdos (que combaten a Daech sobre el terreno mientras son bombardeados por Erdogan)... y una tragedia para los europeos.


Hasta la fecha, las potencias occidentales nada han hecho por impedir este tráfico que financia el terrorismo. Prefieren lanzar ataques aéreos sobre vehículos o edificios, con el riesgo de matar inocentes. Sin embargo, al finalizar la mañana del 16 de octubre, en la prensa independiente y libre del Reino de España (que existe) se anunciaba que aviones de Estados Unidos habían bombardeado, por primera vez, camiones cisterna de Daech. 

Por fin. Un día después, a las 20:30  horas, el Secretario de Estado USA, John Kerry, de visita en París, explicaba en directo a la TV francesa que la aviación norteamericana había destruido durante la noche anterior 160 camiones cargados de petróleo rumbo a Turquía. ¿Porqué no lo han hecho hasta ahora y así reducir los fundamentales ingresos de los asesinos? ¿Quien ha estado, y está, comprando el petróleo de Daech? ¿Es Turquía culpable?

Esa misma mañana, Abdullah bin Nasser bin Khalifa Al Thani, primer ministro del Emirato de Qatar, salía al patio tras su visita al Palacio del Eliseo y posaba, tenso y demudado, ante la prensa para balbucear tres frases patéticas. Se pueden imaginar los reproches recibidos minutos antes de boca de François Hollande y dirigidos a un príncipe árabe tan ambiguo ante Daech. 

Es posible que, en mi monumental ignorancia, vea siniestras entidades donde no las hay. Puede que me equivoque con el diario El Pais, financiado por Qatar, con El Corte Inglés, financiado por Qatar, con CEPSA, propiedad de Qatar o con el Real Madrid y el Barsa, financiados por los Emiratos Árabes y Qatar. La maldición del petróleo y los combustibles fósiles nos acompaña y en mis delirios creo ver fantasmas en París esgrimiendo fusiles de asalto que chorrean sucio petróleo. 

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