LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

lunes, 26 de agosto de 2013

UN ARRECIFE EN GIBRALTAR
72 bloques de hormigón y otras piedras


Llevaba unos días buscando información sobre ese “arrecife artificial” que tanto ha animado las relaciones entre el Reino de España y el llamado Reino Unido. Ahora, con las pasiones patrióticas algo más templadas, creo haber reunido algunas de las piezas “ambientales” de este vaporoso conflicto. Con  ellas me he puesto a construir este corto relato acerca de la inigualable bahía de Algeciras.

En el año 1772, reinando en España Carlos III, un viajero británico llamado M. Francis Carter describía la bahía de Algeciras (Gibraltar Bay) en sus cartas. El precoz turista hablaba de un maravilloso enclave desbordante de peces y seres marinos de todas las especies imaginables, donde los delfines brincaban felices fuera del agua y se acercaban hasta la desembocadura del Guadarranque para jugar en las olas. La verdad es que la gran bahía reunía todas las condiciones para ser un paraíso ecológico asomado al mágico estrecho de Gibraltar, por el que transitaban rebaños de ballenas y de orcas, estacionales hordas de serviolas, peces limón y peces espada, apabullantes “golpes” de atunes rojos compuestos por miles de ejemplares cuya captura engrosaba la incalculable fortuna de potentados almadraberos, como los Duques de Medina Sidonia y de Medinaceli.


Rellenos españoles en la bahía de Algeciras
Al fondo, la colonia de Gibraltar

241 años después de la visita de Francis Carter, la bahía de Algeciras conserva casi toda su magia. Todavía se asoman a sus aguas, aunque sin atreverse a penetrar en ellas, grupos dispersos de delfines. Algunas ballenas y orcas todavía desfilan por las aguas del Estrecho, aunque embrutecidas por el estruendo de los 100.000 buques que por aquí transitan cada año. En las profundidades del Estrecho merodea el “voraz”, el besugo sureño que mantiene a los palangreros de Tarifa y a los asadores de Getaria (Gupúzcoa – España). A pesar del acoso de palangreros y cerqueros mediterráneos, los atunes y las melvas siguen cayendo en las milenarias almadrabas gaditanas.

A mediados del siglo XX el paisaje terrestre cambió y los ecosistemas marinos empezaron a sufrir presiones. Una enorme petroquímica y una potente industria metalúrgica, con refinería de petróleo incluida, ocuparon el hinterland de la bahía y emponzoñaron su atmósfera. Durante siglos, Algeciras ha estado destilando sus aguas fecales en plena bahía (todavía lo hacía en 2011 a la altura de la Isla Verde). Gibraltar ha enviado regularmente sus basuras urbanas y otras miserias residuales directamente al agua. El tráfico aéreo del aeropuerto gibraltareño es una amenaza constante para la gigantesca migración de aves entre Europa y África que sobrevuela el Peñón y el monte Musa.


Bahía de Algeciras. Abajo, las zonas industriales. A la derecha, el puerto Hub de tráfico contenerizado ganado al mar

Dentro de la bahía, los rellenos ciclópeos han transformado Algeciras en un puerto Hub internacional de contenedores y un terminal petrolero y químico. Los miles de buques que circulan por el Estrecho tienen en la bahía una estación de repostaje (“bunkering”) que ensucia periódicamente las aguas con hidrocarburos pesados. En estas condiciones, la pesca en el interior de la bahía se ha reducido a una actividad artesanal y meramente testimonial. El puerto pesquero de Algeciras y su Lonja, antes vibrante de actividad, se encuentra en estado agónico, sin acceso a los caladeros marroquíes, con las aguas circundantes esquilmadas y con la bahía saturada de buques mercantes.

Nace un arrecife

Dos siglos después de que el viajero inglés M. Francis Carter  asomara la nariz por la bahía de Algeciras, el ornitólogo y ambientalista M. Eric Shaw decidió algo inédito: hundir voluntariamente una pila de neumáticos viejos en la cabecera de la pista del aeropuerto de Gibraltar, pegado al dique de abrigo del puerto de La Línea y al borde mismo de la frontera (ver foto satélite). En ese lugar, los fondos marinos eran una estéril llanura de arena fangosa que Shaw intentaba modificar de manera experimental. El arrecife artificial de Gibraltar fue el primero que se instaló en Europa y el conservacionista siguió arrojando en el lugar un viejo Mercedes, seguido de embarcaciones menores, gabarras y plataformas desvencijadas durante los siguientes cuarenta años hasta sumar 30 artefactos hundidos. Hoy es uno de los arrecifes artificiales más extensos de Europa.


Situación del llamado Gibraltar Reef (en blanco), creado en 1973.

Los pescadores artesanales de La Línea pronto comprobaron que pescar cerca del arrecife de los “llanitos” (1) era provechoso, al encontrarse con un criadero que aportaba la cuarta parte de todo el pescado capturado en la bahía. Según asegura M. Eric Shaw, en la zona recubierta por sus chatarras y cubiertas abundan gorgonias, corales (¿), atunes, pargos, lubinas, langostas, murenas y pulpos. Un criadero que, según afirma, ha venido beneficiando a los pescadores locales.

Al parecer, en este verano de 2013, la asociación benéfica  “Helping Hands Trust” ha decidido potenciar el proyecto de Shaw, financiando la fabricación (en España), transporte y posterior vertido de 72 bloques de hormigón para que potencien y, supuestamente, aumenten la extensión del veterano arrecife artificial (2). De cada bloque sobresalen hierros que, al caer sobre el fondo unos encima de otros, ayudan a crear oquedades donde se cobijan las especies, al tiempo que enganchan las redes de enmalle de los pescadores que se arriman en exceso al arrecife. A partir de este momento se ha organizado un animado conflicto pesquero-ambiental-diplomático-histórico que vuelve a desempolvar el vetusto Tratado de Utrech (1713). Un Tratado por el que el Reino de España cedía a la Gran Bretaña la completa y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, junto con la muralla, el puerto, fortificaciones y fortines anexos,… para siempre (for ever).


Las arenas de Valdevaqueros se venden en Gibraltar

En el centro de la polémica que enfrenta a políticos españoles y británicos, aunque no a la mayoría de los ciudadanos que tiene cosas mucho más graves y personales por las que preocuparse, están las supuestas aguas “territoriales” de Gibraltar. Lo de las aguas territoriales tiene miga (chispa, enjundia, guasa, salero, bemoles). Hace un par de días, el grupo ecologista “Verdemar” de Tarifa (Cádiz – España) recordaba al personal que algunos españoles del gremio “político-empresarial” habían hecho supuestas trampas en la venta de arena. No era cualquier arena, sino la de la playa de Valdevaqueros, joya ambiental del Estrecho de Gibraltar. Según decían, la arena extraída se destinaba a rellenar el mar en la costa oriental del Peñón de Gibraltar, para así aumentar la superficie de la colonia (a costa de nuestras aguas territoriales) y construir sobre el relleno artificial un bonito centro turístico y de ocio.

El primer proyecto, bautizado como Sovereign Bay, situado el Este del Peñón de Gibraltar.
Para su construcción se necesitarían ingentes cantidades de rocas y arenas.

Al parecer, las denuncias de “Verdemar” sobre  esas presuntas manipulaciones de la arena por parte del Ayuntamiento de Tarifa (Partido Popular), presentada ante los Ministerios de Asuntos Exteriores y de Medio Ambiente del Reino de España (Partido Popular), no habían obtenido respuesta. Los ecologistas de “Verdemar” no entraban en cuestiones políticas, sino en un supuesto fraude contable que estaba mermando las reservas de arena en Tarifa y sus atractivos ambientales. Ellos iban a lo suyo: defender el entorno de Tarifa permanentemente amenazado por el sector de la construcción.

Al parecer, en el presunto chanchullo arenero había empresarios y políticos, tanto españoles como gibraltareños, unidos amorosa y tiernamente en esa maravillosa y común pasión por los Euros y las Libras Esterlinas que no entiende de fronteras, tratados y aguas territoriales. La cosa no quedó ahí, ya que la denuncia de “Verdemar” ha desvelado que las autoridades españolas no han puesto el menor obstáculo a que Gibraltar importara, desde España, grandes piedras con las que construir el dique de contención del mencionado relleno marino. Al parecer, hace unos días el Reino de España ha decidido prohibir ese interesante tráfico fronterizo de grandes rocas. Lo que ignoramos es si la prohibición no llega demasiado tarde y si la ocupación de las aguas territoriales españolas es un hecho inevitable e irreversible.


El proyecto Cape Vantage, que sustituye al anterior (Sovereing Bay)
El primer dique ya ha sido comenzado. Se prevé la construcción de 2.500
viviendas, 21.000 metros cuadrados de Hotel (Jones Lang La Salle Hotels - Madrid) y
unos 20.000 metros cuadrados de zonas comerciales. El complejo, como un Gibraltar 2, ocuparía aguas
"territoriales" de Gibraltar.

Quedamos todos expectantes por saber si el Reino de España va a exigir al Reino Unido que, además de retirar los bloques (españoles) del arrecife artificial de M. Shaw, exija con mucha mayor firmeza la retirada de las rocas y arenas (españolas) vertidas al otro lado del Peñón para construir una gran urbanización que, además de aumentar la superficie terrestre de la colonia  ampliaría sus presuntas aguas “territoriales” a expensas de las españolas
No me digan que todo este “sarao” no es una preciosidad.

Día 16 de septiembre

El verano ha pasado y nos acercamos al otoño. La euforia nacionalista parece templada por el paso del tiempo. Los bloques de hormigón han dejado de ser noticia y el Tratado de Utrech ha vuelto a los cajones. Ya no se habla de aguas territoriales o de ataque a la soberanía del Reino de España. Del gran revuelo estival solamente queda el desconsuelo por unos pescadores que "no pueden faenar" y que mantienen amarradas sus embarcaciones en el puerto de La Línea. Aunque el amarre parece tener otros motivos, como cierto retraso en el abono de ciertas subvenciones y ayudas por parte de las administraciones españolas.

Entre tanto, el arrecife de M. Eric Shaw, con su reciente mejora y ampliación, seguirá produciendo y generando interesantes espectativas de capturas a los pescadores de la bahía de Algeciras. Por la frontera han dejado de transitar camiones cargados de arena y rocas españolas destinados al proyecto Cap Vantage ¿Se ha detenido la obra? Seguramente no. Simplemente se estarán buscando nuevas fuentes de aprovisionamiento en arena y piedras en el cercano Marruecos. La macrourbanización saldrá más cara, pero eso no amedrenta a los promotores hispano - gibraltareños. La "bronca" entre M. Rajoy y M. Cameron se irá suavizando. Dentro de unas semanas, los pescadores de La Línea volverán a la largar sus enmalles al costado del arrecife para seguir pescando como siempre. Tal y como lo vienen haciendo desde hace 40 años.

Novedades. 23 de octubre

El proyecto de ampliación del territorio de Gibraltar avanza, lento y cauteloso, pero sin pausas. De momento, el proyecto tiene un nuevo nombre: Sandy Bay. Se ha construido una larga hilera de "adosados" peligrosamente cerca de la orilla. Cuando sopla el Levante, azote climático de la zona, debe entrar el agua hasta debajo de las almohadas. Por eso, la "defensa" de unas viviendas, que jamás debieron construirse en esta zona de riesgo máximo, necesitaría de rellenos y espacio de amortiguación. Es lo que venden ahora los responsables de la colonia.


La urbanización Sandy Bay, a punto de quedarse sin arena
y perder la razón de su bonito nombre

Ya no llegan rocas desde España, pero se aprestan a venir desde Portugal (Faro). La apreciada e insustituíble arena de Valdevaqueros (3.000 toneladas vendidas por el ayuntamiento de Tarifa), está almacenada a pie de obra para extenderse en cuanto se cierren los diques que una empresa holandesa construye a buen ritmo, y antes de que entre el invierno y los malos tiempos. 

La solución para evitar que el mar se lleve las casitas y hacer frente a la Catástrofe Climática.
Si la obra es únicamente de defensa costera, en Gibraltar hay los mismos idiotas que en otras latitudes. Construir casi encima del agua y luego tener que remediar la chapuza con diques y rellenos.
Sin embargo, detrás de esto hay más casitas y una ampliación ilegal del territorio colonial a expensas de España.

(1)  Nombre por el que se conoce en la bahía a los habitantes de la colonia británica de Gibraltar.

(2)  Sobre fabricación de bloques de hormigón saben una barbaridad los pescadores de Algeciras, Tarifa y su entorno. Son profusamente utilizados en la pesca del besugo (Voraz), al servir como tremenda plomada que hunde velozmente los palangres verticales, largados en pleno Estrecho hasta los 200 metros de profundidad. Las fábricas locales españolas de bloques son muy activas, ya que en cada largada del aparejo se pierde para siempre el bloque usado. Esto quiere decir que el mayor arrecife artificial de bloques creado en esa zona es el que diariamente construyen los pescadores del “voraz” en medio del Estrecho de Gibraltar.  

jueves, 22 de agosto de 2013

CAMBIO CLIMATICO
Novedades del verano



Si descubre un viticultor de Surrey (Reino Unido) con aspecto feliz no hace falta que pregunte la razón de su alegría: el cambio climático le está haciendo un maravilloso regalo. Cada año sus tierras se parecen más a la Champagne francesa, produciendo un vino chispeante y fresco. Pronto veremos los caldos británicos achampañados compitiendo en el mundo con el cava del Penedés (España).

Mientras las Islas Británicas regresan a una especie de primavera medieval, aunque inundada, este mes de agosto está martirizando las Islas Canarias con temperaturas superiores a los 41ºC (San Bartolomé de Tirajana – isla de Gran Canaria – 12 de agosto). No es otra de esas olas de calor africano que van y vienen cada año con mayor frecuencia. Es algo más. Si las Islas Canarias nunca renegaron de su africanismo formal, también la península Ibérica empieza a formar parte del clima sahariano y los embolsamientos de aire tórrido se instalan sobre La Mancha con la misma desenvoltura que sobre Ouagadougou.

Sábado 17 de agosto de 2013 en la costa occidental de Cantabria (España). Sol y moscas. El Mar Cantábrico es un lago suizo. Los años pasan implacables y los estudios científicos, iniciados diez o doce años, atrás empiezan a ofrecer resultados sobre las consecuencias del cambio climático. Uno de los más recientes analiza el progresivo desplazamiento de las especies marinas hacia áreas más frescas de los océanos, huyendo del agua recalentada de los trópicos. Nada que señalar al respecto, salvo que la naturaleza es sabia y busca soluciones. Pero se observa que la emigración hacia los polos se efectúa a diferentes velocidades, según las formas de vida. El más rápido en emigrar es el phytoplancton (algas verdes unicelulares), que avanza a unos 470 km cada decenio. Le siguen en esa escapada los peces óseos, con 277 km por década, y el zooplancton con 142 km. Los más lentos en viajar hacia el frescor son las poblaciones de peces cartilaginosos (tiburones, rayas, torpedos,…), los crustáceos, las algas y los moluscos, que emigran al pausado ritmo de 6 km cada diez años.


Muestra de phytoplancton . Los más pequeños son
los más rápidos en escapar del calor

Si la emigración preocupa, por sus imprevisibles implicaciones pesqueras, lo verdaderamente importante es la marcada diferencia de velocidades. Mezclar lentitud y rapidez entre los diversos componentes de un ecosistema tan complejo como el oceánico es un cataclismo ecológico. Se puede llegar a una desestabilización y posible reconfiguración de las relaciones entre los seres vivos del mar. Si el phytoplancton emigra, los peces que lo comen disminuyen (peces herbívoros – peces “forraje”). Si los peces herbívoros mueren de hambre o se van, los peces carnívoros pasan hambre o desaparecen. Al rediseño del ecosistema se suma la acidificación de los océanos, al disolverse en el agua marina más cantidad del CO2 acumulado en la atmósfera. Además, el recalentamiento del océano no es uniforme, sino estratificado (“termoclinas”). La traducción es menos oxígeno disuelto en amplias capas de agua, hasta generarse “zonas muertas” o anóxicas. La pesca y los pescadores tienen serio un desafío por delante.

Pero ¿es verdad que los océanos se están calentando? En el año 2003 comenzó el programa de instalación de radiobalizas ARGOS que mide la temperatura de los océanos mundiales. Desde entonces, miles de radiobalizas (sondas) anotan los cambios en la temperatura del agua en mares y océanos en los primeros 700 m. de profundidad y hasta los 2.000 m. Para hacerse una idea de lo que está sucediendo, algunos científicos explican que el aumento registrado de las temperaturas equivale al calor acumulado por una bomba termonuclear, como la de Hiroshima, explotando cada segundo en el seno de los océanos desde el año 2003. Los datos del programa ARGOS son recopilados por la norteamericana NOAA, a través de su National Oceanographic Data Center.


Calor almacenado en los océanos desde 1955 (NOAA). El línea roja,
en los primeros 700 metros. En línea negra, hasta los 2.000 metros de profundidad.

A pesar de estos sudores, los clima-escépticos siguen a su bola, quizá porque detrás de la bola hay dinero fresco. Últimamente, el más abundante en manifestaciones es el Dr. Henrik Svenmarck y su teoría de los rayos cósmicos como creadores de nubes y como los “verdaderos” motores del cambio climático. El científico danés acaba de hacer dos cosas divertidas. La primera, asegurar que “los miles de boyas desplegadas desde 2003 para medir la temperatura de los océanos no han registrado elevaciones”. Un embuste que deja estupefactos al programa ARGOS, a sus radiobalizas, a sus satélites asociados, a toda su informática y a los cientos de científicos que, a lo largo del ancho mundo, lo analizan y coordinan. La segunda cosa que ha hecho el científico danés ha sido explorar otra vía de confusión climática al anunciar que la Tierra se encamina hacia un nuevo “Mínimo Solar” de actividad y, en consecuencia, hacia otra “Pequeña Era Glaciar” (LIA - Little Ice Age). Esto requiere una breve aclaración.

Como es sabido, el Sol es un desmesurado reactor nuclear de fusión que tiene pequeños altibajos en su producción de energía. El número de manchas solares (Sunspots) es un indicador de mayor o menor actividad solar y, como consecuencia, de la cantidad de radiación solar que llega a la Tierra. Cuando las manchas solares disminuyen en número, frecuencia o extensión, disminuye la actividad solar y se genera un período de enfriamiento del clima terrestre. Los LIA, coincidentes con épocas de pocas manchas solares, pueden durar décadas y se denominan períodos “Minimum”. Los dos más señalados y bien conocidos fueron el período Maunder Minimum, entre 1645 y 1715, y el Dalton Minimum, entre 1790 y 1830.


400 años de observación del número de manchas solares.
Destacan los "Minimum" de la segunda mitad del siglo XVII y primera del mitad del XIX. El alza de las
temperaturas  hasta fin del siglo XVIII coincide con la revolución agraria.

El primero fue causado por un descenso del 0,26% de la radiación solar, mientras que en el segundo la bajada fue del 0,08%, suficiente para fastidiar la invasión de Rusia por las tropas de Napoleón, literalmente congeladas por unos inviernos memorablemente gélidos. En este último caso, la temperatura media de la Tierra descendió una media de -0,8º C. La experiencia de los últimos milenios muestra que nuestro Sol, afortunadamente, es muy estable en su actividad. Si sobreviene una nueva LIA, la bajada media de las temperaturas mundiales sería de -0,3º C y no rebasaría, en el peor de los casos, la cifra de -1º C.  Es un descenso alejado de los -5º C  necesarios para formar una nueva Glaciación, e insuficiente para compensar los +3º C que nos anuncia el escenario de cambio climático actualmente más realista (+6º C en la variante más pesimista).

En todo caso, verdaderos calentamientos globales o fantasiosos enfriamientos globales son igualmente catastróficos para la sociedad humana y para la vida en extensas zonas de la Tierra. Porque, salvo en el caso de las Eras Glaciales, la actividad solar puede provocar oscilaciones en el clima medio terrestre de entre +1ºC y -1ºC. Gracias a esa estabilidad climática, en los últimos 10.000 años “interglaciares” la humanidad dejó de nomadear, creó la agricultura y se desarrolló hasta los niveles actuales. Ciertamente, la estabilidad del Sol ha permitido que el ser humano se haya convertido en una plaga.


Resumiendo, con embustes y con fantasías se puede alcanzar cierta notoriedad, imitando así la manera de actuar de tantos políticos, pero no se conjuran las amenazas que pesan sobre el futuro de nuestros hijos y nietos a causa de la acumulación de los gases de efecto invernadero. De momento, Nueva York empieza a desarrollar su costoso proyecto de diques que detengan el océano (20.000 millones $), ante el aumento de los huracanes y la subida de nivel del Atlántico. En España, el cambio climático nos cogerá como a todos los idiotas: con los calzoncillos bajados a la altura de las rodillas.

miércoles, 7 de agosto de 2013

ENERGÍA Y DEMOCRACIA
En manos de las corporaciones


Escucho la breve noticia en una emisora de radio local. El ayuntamiento de Torrelavega (Cantabria – España) se dispone a producir su propia energía renovable en uno de sus edificios. Al parecer es un polideportivo, aunque el periodista no explica qué fuente de energía pretende instalar la corporación municipal. Como puede comprobar, que unos cuantos políticos locales apuesten por la energía renovable es algo tan extraordinario que sale en las noticias.

En Francia o Alemania no es noticia la instalación de sistemas pequeños o domésticos de generación de energía, generalmente solar- fotovoltaica, eólica o de biomasa que, además de satisfacer las necesidades del productor vierte el sobrante a la red general del país, rentabilizando la inversión y beneficiando a la sociedad y al medio ambiente. Sin embargo, la noticia señala que el proyecto, diseñado y aprobado por el ayuntamiento de Torrelavega, está a la espera de una negociación con la empresa eléctrica E-on. La multinacional gestionaría la energía que le entregue el ayuntamiento por algún sistema de contabilidad innovador, ya que las normas nacionales para el llamado “autoconsumo” ponen los pelos de punta.


Una pequeña instalación solar en España. El país no da para mayores
aventuras inversoras ante la catadura del personal al mando.

El atraso de la sociedad española en la Transición energética es de vértigo. La complicidad de los poderes políticos con la gran industria eléctrica es absoluta. La seguridad jurídica alcanza niveles poco vistos en Mogadiscio (Somalia). En España no existe la posibilidad legal y reglamentada de que un particular, asociación, empresa, comunidad de vecinos o administración  genere su propia energía eléctrica y rentabilice el sobrante, gracias un marco jurídico equilibrado, sostenible, rentable, estable y duradero. El gran obstáculo al  “autoconsumo” son los intereses de cuatro empresas y un puñado de políticos. Aunque el actual gobierno ame lo privado y odie lo público, hay parcelas privadas reservadas a una casta.

Les pongo un claro ejemplo. Una vivienda secundaria produce energía eléctrica gracias a los paneles fotovoltaicos instalados en su tejado. Como está desocupada la mayor parte del año, su propietario vierte a la red los kilovatios generados y no consumidos. Esos kilovatios serían medidos por el correspondiente contador (inversor). Si hay un saldo favorable al usuario existen dos opciones: que la empresa eléctrica abone esos kilovatios en dinero, o que esa cantidad de energía sea compensada (descontada o acumulada) del consumo en la  vivienda principal o local de trabajo del productor.


Paneles fotovoltaicos en una casita del Brabante belga.
Una imagen imposible en España porque te pueden abrasar a impuestos

Las cuatro grandes compañías eléctricas que operan en el Reino de España jamás consentirán los contadores de doble medida (entrada y salida). Es indudable que las eléctricas de otros países sienten el mismo odio visceral hacia el “autoconsumo”, pero deben doblegarse ante sus gobiernos.  En España no existe esa sumisión a la democracia y al interés de la nación. Si la norma europea les obliga, las empresas eléctricas cobran al usuario productor un peaje o supuesto desplazamiento (viaje) de los kilovatios desde su casa secundaria hasta su casa habitual. Pero en España el peaje sería tan elevado que hace inviable el sistema. En tales condiciones, la democratización y el fomento de las energías renovables a nivel privado se ven paralizados por el estorbo de las poderosas corporaciones que totalitarizan las fuentes energéticas.

En España apenas hay probabilidades de que en los próximos veinte o treinta años se democratice la energía y abordemos la Transición energética. En apenas tres años, el Reino de España ha modificado cinco veces la normativa que regula la producción energética solar fotovoltaica. El sector de las energías renovables, consideradas un excelente yacimiento de empleo hace diez años, se ha desmoronado. Quienes en España invirtieron desde 2005 en energía solar, unas 55.000 personas, están abocados a perder el 30% de su inversión, calculada en unos 30.000 millones de euros según asegura la Asociación Nacional de Productores e Inversores de Energías Renovables (ANPIER).


Radiación solar en la Unión Europea. Aunque España y Portugal son los estados miembros más
favorecidos por la abundancia de sol, son también los más aplastados por sus políticos y sus "eléctricas".
En Alemania, escasamente soleada, se producen picos de 20 gigawatios/ hora de energía solar fotovoltaica (mayo de 2012) equivalente a 20 centrales nucleares. En España hay cuatro veces menos potencia.

Si el anterior gobierno socialista hizo una escabechina con la energía solar en España, el actual gobierno de la derecha neoliberal acaba de enterrar los despojos. Las razones de la entrañable complicidad entre políticos de todo pelo y corporaciones están a diario en la prensa, antes en la Sección Tribunales y ahora en portadas y cabecera de telediarios.  

Sin embargo eso no es lo maravilloso: las empresas eléctricas españolas acaban de marcar la senda de la insostenibilidad al elevar los costes fijos en el recibo de la energía hasta representar el 70% del total facturado. En otras palabras, no cobran tanto por el consumo (que está bajando a causa de la ruina creada por la des-regulación financiera neoliberal), como por cosas tan vaporosas como la “disponibilidad” y la “accesibilidad”. Así, cuando los ciudadanos fabriquen su propia energía, las eléctricas y sus compinches seguirán facturando lo mismo. Debe ser la fórmula que el gobierno de España aplica para “fomentar el ahorro energético”. Al menos mientras nos gobierne la misma clase política que nos grita las bondades de lo privado, pero pone zancadillas cuando los mansos y crédulos ciudadanos intentan aplicar esa sectaria ideología en campos reservados a unos pocos, como el energético.


Parque solar fotovoltaico en Perleberg (Alemania), de 35 MW, capaz de satisfacer la necesidad
en electricidad de 9.500 hogares. Su construcción duró 2,5 meses gracias a la agilidad
y eficiencia de la administración alemana.

Finalmente, y en un apretón de tuercas del reciente Real Decreto que recuerda un Ukase zarista, el ciudadano que capte energía solar con las placas de su tejado y decida alimentarse en electricidad por su cuenta, despreciando a las compañías eléctricas, se arriesga a una multa millonaria. Deberá registrase y pagar un impuesto tan desorbitado que hará ruinoso emplear la energía fotovoltaica. En España se acaban de privatizar los rayos del sol.

Hermoso ¿verdad?. Mientras tanto mediten estas cifras, igualmente hermosas:
-     La nación se gasta 45.000 millones de euros anuales en hidrocarburos de importación.
-      En 2012 las “eléctricas” ganaron 6.316 millones de euros.
-      En los últimos 10 años, han ganado 49.652 millones de euros.
-      En los últimos 10 años la energía eléctrica ha subido el 81,4%
-    En los últimos 30 años las “eléctricas” lloriquean que tienen un déficit tarifario de 30.000 millones de euros. Cuando se les pide papeles se miran las uñas.


Por cierto, querido lector. Ahora que se deja acariciar vientre y muslos por las caldosas aguas de Cullera o las frescas olas de Comillas... Ahora que jadea trepando por los montes disfrutando de la naturaleza… sepa que la comisión de mantenimiento de su cuenta corriente acaba de subir el 50%. Ya no pagará periódicamente los 12 euros que tanto le cabrean, sino 18 euros. 

Gobiernos, Banca, Eléctricas...., joya de país. Esta misma mañana, tomando un vino blanco en Cabezón de la Sal (Cantabria - España) un nuevo amigo me ha confesado su posible interés por obtener pasaporte de Ruanda-Burundi, bastante mejor visto por ahí fuera que el que te ofrecen por aquí. Por mi parte, habida cuenta de que tengo residencia habitual en Bangui (antes Madrid) y conozco bien el percal le aconsejo el de la Republique Centrale Africaine.

martes, 6 de agosto de 2013

CONSUMO RESPONSABLE
No tienen arreglo

En los restaurantes de Francia, esa nación donde alimentación y gastronomía son casi cuestión de Estado, lo primero que te instalan en la mesa es una jarra de agua fresca. Del grifo, por supuesto. Pedir una botella de agua mineral en Francia es cosa de clientes enfermos, extravagantes… o españoles. Porque aquí, en España, hace muchísimos años que el agua potable embotellada se ha convertido en una de las grandes idioteces nacionales.

Acudes a un congreso, conferencia o reunión de trabajo y ves sobre las mesas, perfectamente colocados, la carpeta de documentos, el Orden del Día, un manojo de folios en blanco, el bolígrafo de usar y tirar, el vaso y el botellín de plástico con agua mineral o de “mesa”. En Europa, sobre las mesas de trabajo hay jarras con agua del grifo. Desde las reuniones empresariales y políticas, la imbecilidad del agua embotellada se ha trasladado a los restaurantes y bares, incluso hasta los más cutres y apartados. En una aldea del interior de Cantabria, este verano se me ocurrió solicitar al camarero, con mucha educación y gran sonrisa, una jarra de agua local y municipal. La respuesta fue contundente: “Si quieres agua del grifo, ahí al lado hay una fuente de la ostia”.

Días después del encuentro con el obtuso restaurador, se me antojó degustar un pescado azul, local y de temporada en un buen restaurante de la costa cántabra. Al explicar mis pretensiones al “maître”  me miró alucinado, pero yo le tranquilicé con un amplio abanico de opciones:

-No tengo preferencias. Pueden ser bocartes, sardinas, caballa, jurel, algún túnido o incluso palometa.
-No tenemos nada de “eso”, caballero – dijo con desdén.
-Entonces tomaría alguna especie de fondo de estas aguas tan productivas, como faneca, salmonete, maruca, lenguado, gallo, cabra, rape, rascacio,…
-Solamente lo que ve en la carta – cortó irritado el “maître”.


Pez Rey

En la carta aparecía besugo, merluza, lubina, dorada, rodaballo, calamares encebollados y Pez Rey. El besugo, prácticamente extinto en el Cantábrico por la sobrepesca, me llamó la atención y pedí puntualizaciones. El “maître” aclaró que, en realidad, se trataba de un “pancho”, pariente del besugo  y de inferior calidad. El resto debía ser de pescado de acuicultura porque eran peces “de ración” y pequeño tamaño. Las únicas opciones decentes en la carta eran la merluza, llegada hasta allí desde cualquier océano del planeta, y los calamares. Escogí los calamares, por ser una especie de crecimiento rápido y previsiblemente atrapada en las aguas costeras más próximas. Algunos de mis compañeros de mesa se inclinaron por el exótico Pez Rey.

Cuando llegó la hora de las bebidas solicité agua fresca.
-¿Con gas o sin gas? – preguntó distraidamente el “maître”.
-Evidentemente del ayuntamiento, en una jarra y con un par de hielos flotando – respondí.
-No tenemos jarras – aseguró.
-Pues me trae dos vasos grandes y ya me organizaré. Si se me acaba le pediré más.

Se fue sin responder. No me equivoqué con los calamares, pero quienes habían pedido Pez Rey quedaron chasqueados. En el plato que les pusieron delante había un pececito de piel anaranjada, ojos muy grandes y escasas carnes. Mis amigos se quedaron con hambre.


Acoso de Greenpeace a un arrastrero de profundidad

Antes de los postres, una chica mona vestida de cocinera ataviada de “chef”, con blusa blanca abotonada hasta el cuello, mandil negro arrastrando por los suelos y gorrito negro, se acercó a nuestra mesa para sondear nuestro grado de satisfacción. Mis amigos se quejaron suavemente de la escasez del Pez Rey. Ella, sin perder la sonrisa, explicó que últimamente los vendedores solamente ofrecían ejemplares pequeños. No me puede contener.

-El Pez Rey es una especie de  profundidad, escaso metabolismo, crecimiento lento y azarosa reproducción. Pescarlos y comercializarlos es una barbaridad y la prueba es que han acabado con los ejemplares adultos y ahora están saqueando los pequeños.  Estimada “Chef”, no debería comprarlos y ofrecerlos a sus clientes, sino seguir la corriente europea de ofrecer en su cocina pescado sostenible y local, preferentemente etiquetado. El secreto está en una cocina innovadora que saca partido a productos corrientes, baratos y abundantes, no en preparar especies en peligro de sobreexplotación.

La joven del gorro negro me miró horrorizada y confesó no saber nada al respecto, retirándose con la sonrisa congelada.

Lo del agua embotellada es, sin embargo, mucho más grave y profundo. Hacer negocio vendiendo en los restaurantes el litro (kilo) de agua al precio de la merluza fresca, embotellada en envases de plástico contaminante y sin que los clientes reaccionen, es una prueba de la grado de memez que últimamente paraliza a la sociedad española. Una sociedad que, al parecer, considera al agua potable del servicio público tan peligrosa como la que puede manar de los grifos en Bangladesh.


La tarea de desinformación llevada a cabo por los cretinos de siempre, en el sentido de pregonar las virtudes del agua potable “privatizada” empieza por negarte el agua del grifo en los restaurantes y enchufarte la basura del agua embotellada. Ya va siendo hora de reaccionar para poner a esa gente en su sitio. En otra ocasión comentaré las porquerías que se están detectando en el agua mineral (?) embotellada.

jueves, 1 de agosto de 2013

COMILLAS Y EL JARDÍN DE SOBRELLANO
Relato corto de una miseria


Parque de Sobrellano. A la izquierda, la zona vallada delimita una
parcela privada, protegida y cuidada

El lunes 29 de julio, el diario regional de mayor tirada en Cantabria publicaba una reseña de su corresponsal en Comillas. Al parecer, a petición de un grupo de vecinos de la villa y bajo imposición del Excmo. Ayuntamiento de Comillas, se había procedido al desbroce de una de las parcelas privadas anexas al Palacio del marqués de Comillas o de Sobrellano. No fue una limpieza jardinera, sino industrial, sin concesiones, propia de esas excavadoras del Amazonas que se llevan por delante todo lo que encuentran, incluidos indios aborígenes.

La espeluznante fotografía que ilustraba el artículo mostraba un páramo de ramas tronchadas  que, gracias a la diligencia de los operarios, permitía disfrutar de nuevas vistas sobre el complejo palaciego. Efectivamente, al fondo del desaguisado se atisbaba un trocito de la fachada posterior del Palacio. Solo un trocito, porque todavía quedaba una pantalla de hermosos árboles que, a buen seguro, están en el punto de mira de desbrozadores y creadores de nuevas perspectivas. Hay que reconocer que el camino del Pelazo, desconocido hasta ahora por los Tour Operadores, debería ser una senda más frecuentada por el turismo en Comillas. Además de la trastienda del Palacio, visitarían el aljibe del agua potable y una colección de antenas de telefonía móvil de lo más sugerentes.


¿Vertedero? En absoluto. Ee trata de la parcela privada del Jardín del Palacio, desbrozada para
ahuyentar los osos pardos que en ella se escondían

Según el mencionado artículo, las razones esgrimidas por los demandantes del estupendo pelado vegetal fueron el riesgo de incendio, la apertura de nuevas vistas y, sobre todo, la presencia entre la espesura de una fauna silvestre agresiva, como varios modelos de culebrillas, zorrerío y ratonerío campestre. El resultado de la intervención ha sido espectacular, ya que el conjunto arquitectónico del Palacio, antes recortado sobre una zona verde y tupida, ahora se dibuja sobre una calva amarillenta perfectamente rapada al cero. Una deferencia a los visitantes de Palencia que se sentirán como en su casa.

El Jardín Histórico de Sobrellano no es ni la sombra de lo que fue. Sus límites se han venido recortando con los años hasta quedar reducido a un mezquino cinturón de grava polvorienta y algo de hierba, salpicado de extrañas esculturas que siguen preguntándose qué hacen en semejante lugar. Todo cercado por una verja metálica de polígono industrial. La última depredación, la peor, data de finales del siglo XX y sus efectos han sido demoledores. Antes de ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC), lo poco que quedaba del primitivo Parque y Jardín, que recubría y arropaba la zona posterior del Palacio y de su Capilla panteón, fue troceado sobre plano en una mesa un despacho y vendido. La idea era construir en esas parcelitas un hotel de cinco estrellas y un puñado de casas de lujo. Unos cuantos sacarían tajada a costa del patrimonio cultural e histórico de la villa. Pocos en Comillas se alarmaron. Era un negocio “privado” y el primer admirador y promotor de la estúpida idea fue un alcalde, ex taxista, experto en urbanismos avanzados.

Sin embargo, tras la declaración oficial del BIC las parcelas quedaron incluidas dentro de sus límites, perdiendo valor inmobiliario. Fue un loco ejemplo de descoordinación entre autoridades y promotores. Afortunadamente, ese tipo de lamentables desencuentros desapareció posteriormente, gracias a las engrasadas normas establecidas entre alcaldes y constructores de Cantabria, con el premio de varias docenas de sentencias judiciales de demolición. Pero, en el caso de Sobrellano los compradores de las parcelas se enfadaron una barbaridad. Algunos decidieron deforestar (arrasar, machacar, triturar) sus terrenos, quizá por despecho, quizá para que nadie pudiera jamás argumentar sobre la presencia de árboles a proteger o quizá con la gran excusa de la prevención de incendios, según parece muy habituales en los húmedos jardines urbanos de Cantabria.

Magnífica vista de la trasera del Palacio, obtenida por el reciente desbroce. Sobran algunos árboles.

Un vecino de Comillas, infectado con una rara enfermedad llamada “sensibilidad cultural”, severamente complicada por otra grave dolencia llamada “aprecio al patrimonio natural”, viendo el sesgo que tomaban los acontecimientos, adquirió una de las parcelas. La idea era rehabilitar su masa forestal original, protegerla y potenciarla en lo posible. Al encontrarse justo en medio del resto de las parcelas, se convertía en un obstáculo ante futuras aventuras inmobiliarias. Evidentemente los enamorados del cemento, que son legión por estas latitudes y tienen horror a la faunilla silvestre y a los árboles, no les miraron con buenos ojos. No obstante, ese vecino enfermo se dedicó a limpiar, reforestar y cuidar su exuberante y saneada parcela en beneficio de la comunidad y del patrimonio. Para ello recurrieron a jardineros y paisajistas de renombre internacional, como Manuel Gómez Anuarbe o Narciso Maisterra.

Por su parte, la parcela que albergaba el Jardín simbólico, con todos sus elementos románticos y esotéricos, con sus especies forestales (grandes encinas cantábricas, palmeras exóticas, hayas purpúreas, robles, tejos,…), con su reproducción de una gruta prehistórica, de una ruina romántica, con el estanque, el mirador belvedere y sus columnatas romanas, sus paseos y recorridos, había sido comprada por un especulador de Santander, cayendo después en el más abyecto abandono. El saqueo de esta maravillosa muestra de Jardín ochocentista y romántico fue paulatino… y aún sigue.


Zona de la gruta prehistórica en el Jardín Histórico de Sobrellano (Comillas)

Cubierto de malezas y zarzas, el Jardín pronto adquirió un aspecto preocupante. Sus senderos, bancos y rotondas se desdibujaron. Su gruta artificial, el espacio donde el señor marqués mostraba sus hallazgos arqueológicos, se llenó de preservativos, latas, cristales, botellas de plástico y pintadas que recubrían las réplicas de pinturas rupestres. El Belvedere, al que ascendía el señor marqués para ver el mar y su Seminario, fue asaltado. Las columnas romanas que lo adornaban, traídas desde Julióbriga, fueron sustraídas o tiradas cuesta abajo con gran regocijo de mozos asilvestrados. Los árboles más nobles de la parcela y más próximos al camino público fueron convertidos en astillas para chimenea, obligando al propietario enfermo de “sensibilidad” a vallar su terreno para intentar disuadir a los leñadores espontáneos. Leñadores que vivían peligrosamente cerca del Jardín, fuente gratuita de combustible, y habían sido favorecidos por el moderno asfaltado del camino que secciona el Parque y Jardín.

Por éstas y otras inconfesables razones, el barrido amazónico llevado a cabo en una de las parcelas del Palacio sería una noticia ridícula, de no ser por lo que representa. Sin embargo, está llena de mensajes. Nos recuerda la destrucción del Parque y Jardín de Sobrellano como muestra de desprecio a la cultura y la historia por parte de una comunidad que, en un claro caso de esquizofrenia social, vive de un turismo que es atraído por esa cultura y esa historia. El despiece y venta del Parque y Jardín, además de un estúpido error, empobreció el patrimonio monumental de Comillas. A cambio de tan continuado destrozo, los responsables directos e indirectos del mismo nos han dejado una colección de casas vulgares, plantada entre el Palacio y el barrio de Rubárcena, que podía haber afeado cualquier otro lugar.

El expolio del Parque y el Jardín incluso significó perder para siempre una bella columna de piedra, coronada por un león sedente, que marcaba el límite occidental del Parque original. La pieza fue retirada de su histórico emplazamiento por el alcalde ex - taxista, golpeada, desmochada y luego tristemente almacenada. Una lamentable copia de aquella pieza adorna hoy una rotonda en el barrio comillano de Estrada como recuerdo de la barbarie. La supuesta réplica debería disponer de una gran placa en piedra que explicara, en varios idiomas, la absurda presencia de esa especie de chucho subido en una columna, para información a las futuras generaciones de comillanos.

En otras regiones de Europa, los jardines históricos tienen idéntico o mayor valor que los edificios a los que abrazan y embellecen, no entendiéndose los unos sin los otros. La realidad es que los grandes jardines europeos de los siglos XVII al XIX atraen un turismo de enorme calidad y en todas las épocas del año. Pero en Comillas y su entorno, comarca mucho más avanzada que el resto de Europa en materia de depredación inmobiliaria, los Jardines históricos son considerados, salvo honrosas y extrañas excepciones, como solares edificables.


Los años y las décadas pasan sobre una joya de Cantabria sin que las autoridades locales y regionales muevan un  solo dedo para recuperarla en su integridad. La ecléctica y exagerada arquitectura del Palacio de Sobrellano se convierte así en una mueca plantada en un entorno sometido a lenta degradación. Sin su Jardín, sin su gran Parque, con su pradera transformada en eventual aparcamiento o escenario de ferias donde se vende comida, chuches o saltos en colchoneta, el Palacio está amputado. Si la degeneración continúa y el Palacio pierde su ropaje verde el conjunto quedará reducido a un decorado pseudogótico de cartón piedra, un adorno cateto y recargado que se ilumina de noche con luces de colores. Será otra de las víctimas, quizá tardía, de la feroz especulación inmobiliaria que hoy nos tiene instalados en la miseria.

jueves, 18 de julio de 2013

CÁNCER Y MEDIO AMBIENTE
Víctimas de la ambición


Cuando era adolescente, la organización española de lucha contra el cáncer celebraba una Fiesta anual repartiendo “pins” y banderitas por las calles a cambio de una donación. Esposas o parientas de dirigentes del régimen del general Franco presidían aquellos tenderetes (“mesas petitorias”) instalados en la vía pública. En los años sesenta del siglo XX, el cáncer era considerado como una enfermedad emergente y de viejos, incurable y misteriosa, consecuencia del alargamiento de la esperanza de vida en el mundo moderno. 

Ha pasado medio siglo y el cáncer ha dejado de ser un accidente de final de etapa, para transformarse en la plaga que azota la civilización occidental del siglo XXI. Su incidencia se ha multiplicado (+ 40% en cincuenta años), cada vez afecta más a los jóvenes y sabemos de dónde procede. Para la OMS (Organización Mundial de la Salud – Naciones Unidas) el cáncer es, por encima de todo, una enfermedad ambiental y de nuestra forma de vida. Los estudios epidemiológicos, vetados o falseados hasta hace pocos años, muestran su carácter de enfermedad laboral y ambiental por exposición crónica a substancias tóxicas e irritantes, además de desencadenarse por alteraciones (perturbaciones) hormonales persistentes en el conjunto de la población.

El cáncer en el mundo occidental viene de la diaria dosis de tóxicos que comemos o respiramos, formando en nuestro organismo un cocktail corrosivo. No han sido los grandes laboratorios médicos o farmacéuticos, las poderosas agencias de protección de la salud ciudadana o los políticos quienes han desvelado el origen de tanto sufrimiento. Ha sido otra gente, valerosa y pertinaz, que no ha dudado en enfrentarse a corporaciones que hacen su fortuna vendiendo tóxicos y que han denunciado la pasividad de tantos políticos débiles y corrompidos. Una de esas personas se llama Marie - Monique Robin.

El silencio de los campos

Hace más de cuarenta años, otra mujer llamada Rachel Carson describía en su libro “La primavera silenciosa” la hecatombe de los campos norteamericanos impregnados de pesticidas. Con aves e insectos masivamente envenenados, la agricultura occidental intensiva se encaminaba hacia la actual pesadilla, literalmente bañada en tóxicos persistentes. El silencio se ha hecho tan extremo que alcanza nuevas fronteras porque, ahora, vivimos también el “silencio de los campesinos”.

La potente Mutuelle Sociale Agricole (MSA) de Francia, junto al INSERM (Institut National de la Santè et de la Recherche Medicale) y el Parkinson´s Institute de California ha reconocido en los pesticidas agrarios la causa de enfermedades laborales. Los mal llamados productos “fitosanitarios” (herbicidas, insecticidas, fungicidas) provocan daños neurológicos e intoxicaciones agudas a casi 3 millones de agricultores cada año en el mundo, según reconocen la OMS y la FAO. Aunque nada se dice de las afecciones a largo plazo, como el Parkinson, el Alzheimer o la esclerosis que devastan las comarcas rurales europeas y americanas.

El cambio de postura de la MSA, antes sumisa a la industria química, es una revolución para los campesinos europeos que sufrían en silencio su propio envenenamiento y el desprecio de sus compañeros. Nada más doloroso para un agricultor que caer enfermo por culpa de la exposición a pesticidas y, además, sentir sobre él los recelos de su comunidad. A su enfermedad se añade la condición de molesto testigo, el enemigo que debe ser aislado y silenciado. Después de los pájaros y los insectos, llega el silencio de los envenenadores envenenados, de los estigmatizados.

La mayor trampa jamás urdida

Toda, absolutamente toda la política de prevención frente al envenenamiento masivo de las poblaciones ha sido diseñada por las agencias de seguridad alimentaria y sanitaria, nacionales o internacionales, sobre bases plagadas de irregularidades. Una de esas bases se llama la dosis o Ingesta Diaria Admisible (IDA), es decir, la cantidad de una sustancia química que se puede ingerir cada día, expresada en miligramos por kilogramo de peso corporal, sin aparente riesgo para la salud.

El concepto de la IDA fue ideado en los años sesenta, sin la menor base científica, por los propios técnicos de las industrias químicas norteamericanas. Los razonamientos científicos, las pruebas clínicas en las que debería basarse cualquier IDA, son inexistentes desde el momento en que se mantienen en secreto por las industrias que las llevan a cabo, sus métodos son confidenciales y quedan bajo las normas de Protección de Datos. Según explican los responsables de crear una IDA, el procedimiento consistiría en inyectar, alimentar o exponer a miles de ratones a dosis progresivamente decrecientes de la sustancia analizada, hasta comprobar que dejan de morir o enfermar en un cierto plazo de tiempo. Anotada la posible dosis inocua, es dividida por 10 para salvar la distancia entre el animal y el ser humano. Luego se divide de nuevo por 10 para tener en cuenta las diferentes sensibilidades entre personas y edades. Eso es todo.

Es lo más parecido a una lotería, sin pruebas demostrables y, por tanto, es inaceptable. En lugar de científico, el sistema de la IDA es simplemente social, aleatorio, comercial y político. Su destino no es evitar el riesgo del consumidor, sino garantizar el beneficio de la industria. Además, las supuestas y secretas pruebas en las que se basan las IDA se definen a corto plazo (la corta vida de un ratón de laboratorio), pero nada dicen de los efectos de esas IDA repetidas durante veinte, treinta o cuarenta años en el ciudadano consumidor. Peor aún, el mismo concepto de la IDA es primitivo.

En el siglo XVI, el alquimista Paracelso lanzó su frase “el veneno es la dosis”. Tomando este principio como bandera, la industria y las agencias de seguridad alimentaria tratan todas las moléculas químicas incorporadas o añadidas a los alimentos y productos de nuestra vida diaria. El proceso de formulación de una IDA se complementa con el rastreo de pesticidas en los alimentos que se ofrecen al consumidor. Este trabajo se realiza por los Laboratorios Nacionales de Referencia (LNR), basándose en el llamado “Codex Alimentarius” de Naciones Unidas y las decisiones de un Comité OMS – FAO de expertos. La identidad de esos expertos es reservada, sus deliberaciones son secretas y no se hacen públicas por respeto a la confidencialidad, a la protección de los datos comerciales y a las patentes industriales.

Como conclusión, los dos instrumentos de supuesta defensa del consumidor europeo, IDA y LNR, son arbitrarios, están rodeados de secretos en su formulación y son “aproximados” en sus resultados reales. No es de extrañar la actual epidemia de cáncer, enfermedades neurológicas y trastornos del sistema reproductivo humano que amenazan nuestra supervivencia como especie.

El efecto cocktail y el BPA

Dos de las más alarmantes manifestaciones de nuestra indefensión ante la química son el llamado efecto “cocktail” y los “perturbadores endocrinos” (disruptores hormonales). En el primer caso, el Instituto danés de investigación alimentaria y veterinaria (Soborg – Copenhague) analizó en 2010 el impacto de tres conocidos fungicidas agrarios en la salud de ratones de laboratorio. Por separado, el pyrimetanil, el cyprodinil y el fludeoxonil no parecían afectar a las cobayas. Pero la mezcla de los tres compuestos provocaba la muerte irremediable del 60% de los ratones. Como explicaba la toxicóloga Ulla Hass, copartícipe del estudio, habían descubierto una nueva matemática donde 0 + 0 + 0 = 60. 

Esas mezclas de toxinas se producen en nuestros cuerpos cada día de nuestra vida. Es posible que cada veneno que ingerimos no supere su correspondiente IDA, pero docenas de venenos se combinan entre sí de forma desconocida en el puchero templado de nuestro organismo, sin que tengamos noticia de estudios serios acerca de sus consecuencias. 

La otra manifestación de indefensión reside en la manera de tratar los efectos de los perturbadores hormonales. El plastificante BPA (Bisfenilo A), presente en las resinas que recubren el interior de las latas de conserva, en las tintas térmicas de los recibos o en numerosos plásticos que están en contacto con los alimentos, actúa en dosis mínimas. El BPA, como imitador de un estrógeno, afecta como lo hace cualquier hormona, en dosis imperceptibles. Esa es la contradicción de los nuevos venenos hormonales, capaces de provocar una severa alteración en dosis ínfimas o de paralizarla en mayores dosis. Es justo lo contrario de las tesis de Paracelso, que lógicamente ignoraba qué era y cómo actuaba una hormona.

Las agencias, como la EFSA europea, aplican al BPA su IDA y luego se lavan las manos. Ni parpadean cuando se denuncia la arbitrariedad, la evidencia de que la fertilidad masculina está bajando más del 50% en algunos países europeos (Dinamarca), que aumentan los cánceres "hormonales" (de seno y de próstata) que ya encabezan las tipologías, que niñas europeas cebadas con BPA tiene su primera regla con 9 años de edad. Algunos parlamentos europeos (Suecia, Bélgica, Francia) preparan leyes contra la presencia del BPA en materiales en contacto con alimentos. En España apenas sabemos qué es eso del BPA y nuestros parlamentarios solo hablan de la delincuencia organizada entre sus filas.

El tabaco y el aspartano como modelo

Cuando en los años 70 empezó a hablarse del tabaco como fuente de cáncer, la OMS atendió a las explicaciones de la industria taquera y a sus ensayos científicos, rechazando prohibir su consumo. Hoy, el tabaco es reconocido mundialmente como un potente agente canceroso y la OMS detesta comentar cómo, en su día, fueron hábilmente engañados o presionados por los lobbies tabaqueros. Algo después, hacia 1980, la EFSA europea se tragaba el cálculo de la IDA para el edulcorante “aspartano”, cifrado en 40 mg/día/kilo de peso corporal. Los autores de aquella IDA eran tres científicos que trabajaban para el propietario de la fórmula del aspartano, la empresa química norteamericana SEARLE.

En el año 1981, Donald Rumsfeld era Presidente de la industria SEARLE y no estaba contento con el mal trato que daban a su producto estrella. La Agencia de seguridad alimentaria, FDA, tenía evidencias de que el aspartano (NutraSweet en su nombre comercial), llegaba a causar tumores en el cerebro. La lista de los daños del aspartano era larga y la FDA no autorizaba su empleo como edulcorante por la industria alimentaria. Pero en el año 1980, el actor Ronald Reagan captó como asesor y miembro de su equipo al entonces joven Rumsfeld. Un día después de jurar su cargo como Presidente de Estados Unidos, el 21 de enero de 1981, Reagan nombró al farmacéutico Arthur Haynes como nuevo director de la FDA (la agencia norteamericana de seguridad alimentaria) y autorizó el aspartano como edulcorante en bebidas, por el procedimiento de aumentar el número de miembros del Comité de evaluación de la FDA con personas adictas a la causa.

En 1985, la empresa Monsanto absorbía SEARLE, indemnizando a Rumsfeld con 12 millones de dólares en bonos (9 millones de euros). Habría que esperar a 1996 para que la FDA volviera a dictaminar el aspartano como sustancia cancerígena peligrosa, gracias a los trabajos de científicos como el neurólogo John Olney. Además del cáncer cerebral, el arpartano causa epilepsia, Alzheimer, Parkinson y otras enfermedades neuronales como la fibromialgia. Sin embargo, el fenilalalina, componente básico del aspartano, sigue encontrándose en algunas bebidas (Coca Cola Ligth, Coca Cola Zero, Pepsi Ligth).

Los años y las décadas pasan. La industria mantiene la presión sobre Agencias y autoridades. Con los pesticidas agrarios y los perturbadores hormonales se  repite el drama del amianto, dictaminado como cancerígeno desde 1960 pero mantenido en la sociedad por la presión de industriales, políticos corruptos y científicos lacayos. Entre tanto, el cáncer avanza.

viernes, 21 de junio de 2013

MEDIO AMBIENTE URBANO
La excepción veneciana


"Ferro" de góndola.
No es sólo ornamental.
Es el contrapeso
del gondolero
Tres días pasados en Venecia me han servido para reafirmar algunos conceptos sobre las ciudades y su entorno ambiental. Unas ideas que deberían llevar en la maleta quienes deciden darse una vuelta por esta inaudita ciudad. Porque no debería quedar la menor duda de que Venecia es una ciudad. Aunque se pareza a un Parque Temático desbordado por 150.000 turistas diarios, a pesar de perder 1.000 habitantes cada año hasta ver reducidos sus habitantes “permanentes” a menos de 50.000 almas (llegó a contar con más de 140.000) y a pesar de su carácter acuático, Venecia será siempre una maravillosa ciudad.

Más todavía, Venecia es “cultura urbana”. Para el filósofo Tullio De Mauro es una entidad surgida de las complejas elaboraciones que nacen de la necesidad. Es decir, Venecia es fruto de una sofisticada evolución. Como sucede con las especies vivas, es la adaptación a las exigencias que la especie, en este caso la ciudad, encuentra en el camino de su historia.  

La primera idea es comprobar que en Venecia no hay más ruedas que las enganchadas a las maletas que arrastran los turistas, además de unas pocas carretillas. No hay un sólo coche, ni motos, ni furgonetas, ni camiones. Por no haber, no hay bicicletas, ni patines, ni tablas rodantes. Más allá de la espantosa Plaza de Roma (un maligno tumor de la modernidad), todo circula a pie o sobre las aguas, desde el transporte público hasta la recogida de basuras, pasando por el reparto de cualquier mercancía, las ambulancias, los bomberos y los “Carabinieri”. Aunque sólo fuera en este aspecto, Venecia es una ciudad radicalmente diferente del resto de ciudades del planeta y la prueba viviente de que podemos vivir sin coches.


La Venecia que pintó Canaletto en el siglo XVIII en poco se diferencia de la Venecia de 2013
Ahí está la magia de una ciudad cuyo sistema de vida y de movilidad urbana apenas necesita evolucionar.

La segunda idea es mirar las góndolas de otra manera. No hay que verlas como un cliché turístico que pasea embobados pasajeros de Ohio o de Frankfurt, con el gondolero cantando Oh sole mío y embutido en una camiseta de rayas. Hay que contemplar la góndola veneciana como “una impecable herramienta, pura y racional” (Le Corbusier), nacida de la progresiva adaptación a un medio urbano extraordinario. Veamos....

Salvo el Gran Canal, los canales de Venecia son estrechos y moverse ágilmente por ellos reclama embarcaciones maniobrables. Los 11 metros de la góndola giran con pasmosa facilidad porque la embarcación ha reducido su parte sumergida al mínimo (la zona central), tiene fondo plano y carece de quilla. Es la razón de esa curvatura, de esas proas y popas tan lanzadas y elevadas. Gracias al estudiado diseño la góndola prácticamente pivota sobre sí misma para virar. 

El problema es que al impulsarse con un único remo desde un costado (en el caso de la góndola es el costado derecho) cualquier barca se desvía, irremediablemente, hacia ese mismo lado (hacia la derecha). Para compensar, la góndola se construye longitudinalmente asimétrica, de tal forma que al empujarla simplemente con la mano desde la popa se nos desviará siempre a la izquierda. Esa forzada deformación estructural equilibra la  deriva a derechas causada por el solitario remo.


El plano de la góndola muestra la asimetría de sus formas.
Como resultado de siglos de experiencia, la deformación hace de la góndola una máquina perfectamente
adaptada a los canales venecianos. Es la embarcación más extraordinaria de Europa

Lo malo es que, además, el gondolero se coloca de pie y al lado izquierdo, lo que vuelve a desequilibrar el conjunto. La solución es crear otra deformación, esta vez transversal, que compense la carga del gondolero trepado a un costado de la elevada popa. Con los pasajeros no hay tanto conflicto, ya que se acomodan en una posición central. Queda otro desequilibrio que resolver : el propio peso del gondolero hunde la popa y eleva la proa. Eso se soluciona incorporando una gran plancha de hierro (ferro), incrustada al extremo de la proa y recortada según una forma tradicional que representa los antiguos seis barrios urbanos de Venecia.

Cuando se acomoden contra el pretil de un puente veneciano para ver pasar las góndolas, no se pierdan la estudiada deformación del artefacto negro, fruto de cientos de años de sabiduría aplicada por los astilleros de la ciudad (squeri). Y no se crean el cuento del color negro de las góndolas explicado por el luto de las epidemias de peste. Las góndolas son negras porque un Dogo, con dos dedos de frente, zanjó hace varios siglos la tontería de pintar de  colorines y decorar en exceso las góndolas, poniendo fin a la vanidad humana.  

La tercera idea es que en toda Venecia hay una única Plaza. ¿La Piazza de San Marco?... Muy cerca. Casi,… pero no. La gran plaza de Venecia es el "Bacino", la dársena o espacio acuático encerrado entre la Plaza de San Marcos, la isla de San Giorgio y la Punta de la Dogana. En esa “plaza” de agua es donde se ha desarrollado la riqueza y el poder de Venecia. Las otras supuestas plazas que salpican el entramado urbano, generalmente pequeñas y de formas extrañas, aquí se llaman Campo. Además de servir para convivir o pasear, los “campi” eran las fuentes de agua potable de los venecianos. Por esa razón, en todas ellas hay una o varias bocas de pozo en piedra blanca de Istria bellamente tallada. Incluso en el patio del Palacio Ducal hay dos pozos con hermosos bocales de bronce.


Lo que se oculta bajo todos los Campos (plazuelas) y patios de Venecia son sistemas
de captación y conservación del agua de lluvia. Hay que caminar sobre ellos con respeto.

Plantada sobre el agua salada, la primera urgencia de Venecia fue conseguir agua dulce sin tener que depender de tierra firme. Es verdad que se traía agua dulce desde el río Brenta en barcazas, pero servía para rellenar los pozos de los “campi” en épocas de sequía. Porque los “campi” o plazuelas tienen una estructura oculta a la vista. Casi todo el suelo de la plazuela se vaciaba previamente hasta crear un enorme cuenco. Luego se tapizaba el interior de ese cuenco con una gruesa capa de arcilla impermeable, rellenándose el resto de la oquedad con arena limpia hasta enrasar y luego enlosar. El agua de la lluvia corría sobre el pavimento y se dirigía hacia desagües (pilelle) que la introducían en el terreno, se filtraba gracias a la arena y quedaba almacenaba en el aljibe - cuenco, extrayéndose desde el pozo. El problema llegaba con las inundaciones, capaces de contaminar los depósitos de los “campi” con agua marina, lo que los destruía y obligaba a limpiarlos. Por eso, algunos “campi” aparecen sobreelevados sobre la cota del Campo o rodeados de un murete a lo largo del perímetro para contener el “aqua alta”.

Venecia tiene muchas y asombrosas lecturas. Están las lecturas poéticas, las leyendas y los mitos. Sin embargo, la Serenísima República de Venecia fue libre, racional, lógica y práctica por encima de todo. Si lo tienen presente disfrutarán mucho más de su escapada porque verán la ciudad con otros ojos.