LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

sábado, 14 de abril de 2012

PESCA Y MEDIO AMBIENTE
Consumo responsable


La prueba documentada, verificada y demostrada de que los recursos naturales son finitos está en el mar. Las capturas mundiales de productos marinos empezaron a crecer en 1950 y se estabilizaron hacia 1995, cuando se llegó a los 90 millones de toneladas anuales. Ahí siguen desde entonces, un año tras otro y sin remedio. (Informes SOFIA de la FAO)

Por más que se explore hasta el último rincón de los océanos. Por más que las flotas aumenten en número de buques, potencia, tecnología y eficiencia, la cifra ha seguido inmutable: 90 millones. El océano ha mostrado sus limitaciones. En 2012 no estamos en disposición de aumentar las capturas, sino en hacer lo posible para que no desciendan y nos quedemos (comercialmente) sin peces hacia 2050. Una posibilidad contemplada por algunos biólogos marinos. 

Nosotros, como consumidores, podemos hacer mucho por los océanos cambiando nuestras prácticas frente a los mercados que nos imponen una docena de especies y que han llevado al 70% de los caladeros mundiales (80% en las aguas europeas) a situación límite. He aquí unos consejos de consumo responsable, a la luz de los últimos datos de la FAO.

Renunciar a comer atún rojo en cualquiera de sus formas
es hacer un favor a uno de los peces más amenazados del mundo

 y a la sostenibilidad de la pesca

Especies en peligro que no deben consumirse 
Atún rojo procedente de cualquier mar y océano. Está en peligro y la moda de comer pescado crudo los está aniquilando. Su comercio internacional está controlado, al 70%, por la multinacional Mitsubishi.
Bacalao, comercialmente agotado en aguas de Groenlandia y Canadá. Se puede consumir el de Islandia pero con gran moderación. Los bacalaos que hoy se capturan son una caricatura de la especie. Como media, en el año 1900 los bacalaos median un metro y pesaban 12 kg. En 1950 medían 80 cm y pesaban 6,5 kg. En 2011 medían 50 cm y pesaban 1,6 kg.
Anguila, en todas sus presentaciones. Es una especie arruinada en España y en Europa por la contaminación de los ríos, las capturas de sus alevines (angulas) y los obstáculos que ponemos en los cauces  que dificultan su reproducción.
Peces de profundidad, atrapados por arrastreros que, en ocasiones, arrasan los arrecifes de coral de profundidad. Especialmente, rechazar el Alfonsino (también conocido como Pez rey, besugo americano o palometa roja) y también el Pez reloj o Perca anaranjado.  



El pez reloj. Las especies de profundidad alcanzan edades muy avanzadas
crecen muy lentamente y se reproducen con dificultad. Son pesquerías extremadamente frágiles
El Alfonsino o Pez Rey se ha puesto de moda y se ofrece en restaurantes. 
Su pesquería se asocia a la destrucción de los arrecifes de coral de grandes profundidades. 

Especies a evitar en la medida de lo posible
Salmón salvaje del Atlántico, pez espada (son pequeños, están sobrexplotados y contienen demasiado mercurio), gambas tropicales y jurel (está bajando deprisa su población atlántica). Evitar consumir sargo (jargo). ¿Por qué?
El sargo es un pez de roca costero. Las poblaciones están muy castigadas al ser ofrecido por los restaurantes en el lugar que antes ocupaban la dorada y el besugo salvajes. El hábitat del sargo, cuevas submarinas costeras, está siendo ocupado por el pez ballesta tropical. Una vez que los nichos y hábitats del sargo son invadidos por los ballesta, una especie particularmente agresiva, la recuperación de las poblaciones de sargo puede ser muy difícil.

Especies a consumir de forma espaciada
Por su contenido en mercurio y por mujeres embarazadas o con recién nacidos lactantes, hay que tomar precauciones con los túnidos, ya sean frescos o congelados y de tamaño superior a un metro. También puede haber mercurio en la carne de tiburón (cazón en adobo y rosada), en el pez espada (Emperador), en el marlín y en los escolanos. Algunas de estas especies, además del mercurio pueden acumular otros metales pesados. Evitar, en el caso de los grandes túnidos, consumir el último tercio del cuerpo (la cola), donde se suele acumular el mercurio. Con las latas de atún blanco no hay problema, ya que se suelen enlatar túnidos pequeños (melvas, listados, patudos...) que no han tenido tiempo de acumular el metal.

Buenas prácticas de consumo responsable.
-  Visitar en la web las páginas de SLOW FISH. Están también en español.
-  Comprar peces locales y del día procedentes de la pesca artesanal.
-  Comprar las tallas adecuadas, nunca peces pequeños.
- Comprar las especies fuera de sus épocas de reproducción, para no entorpecer su recuperación. Esto puede resultar imposible, como en el caso de la anchoa del Cantábrico. En este mes de abril, es recomendable no consumir Sepia (Jibia), ya que es su temporada de reproducción y merodea por aguas de poca profundidad, siendo atrapada con facilidad.

PESCA Y MEDIO AMBIENTE
La pesca pirata


Era otoño de 2005 y rodábamos en Londres para un documental de la BBC titulado "El saqueo del océano". Para hacer entrevistas a responsables del Banco Mundial y de WWF, el equipo de rodaje se desplazó al Imperial College donde se celebraba una reunión internacional sobre pesca pirata. Para entendernos: gente que se dedica a pescar sin licencia, sin permisos, donde y cuando les da la gana. Gente que roba recursos en las aguas de los más pobres. Sin hacer mucho ruido entramos en el aula magna por un pasillo lateral y plantamos el trípode en plena conferencia.


Sobre el escenario, un ponente mencionaba reiteradamente la palabra "Las Palmas" y nosotros prestamos atención, porque algo de inglés sabemos. Aseguraba, con voz monótona, que Las Palmas de Gran Canaria era el mayor y casi único puerto de desembarco y de entrada de pesca pirata de Europa. Que era lamentable que un país comunitario, como "Spain", permitiera deambular por sus muelles a piratas que robaban el pescado a los más pobres. Al descubrir la cámara, el ponente se animó y puso más energía en su acusación, porque hay que agradar a los medios de comunicación.


El puerto de Las Palmas, en el ojo del huracán de la pesca pirata
durante demasiado tiempo.

Nuestro cámara, con un ojo incrustado en el visor y el otro cerrado, era una estatua. El ayudante de sonido mantenía la percha en alto y se miraba las uñas. Una guapetona señora del África occidental, revestida con uno de esos preciosos trajes de colores vivos, me dio un tironcillo del pantalón y sonrió, diciendo: "¿La televisión de lespañe?"  "No madame, la televisión del mexique", respondí entre dientes. 

La pesca ilegal, no comunicada y no regulada (IUU), es un azote para los recursos marinos y una tragedia para el mar. Resulta casi imposible de controlar en mar abierto ya que actua en aguas de países con reducidos medios de represión. Pero se puede atajar en los puertos de desembarco, instalando rigurosos filtros aduaneros sobre todo buque de pesca o buque frigorífico sospechoso. En el año 2000, un informe de la FAO denunciaba al puerto de Las Palmas como "el mayor puerto de desembarque conocido en el Atlántico de la pesca IUU". En el año 2002, España se incorporó a la lucha contra estos depredadores, unida al resto de los estados miembros de la Unión Europea, con un Plan de Acción derivado de la Comunicación comunitaria COM(2002)180 final. 


Un pesquero identificado como pirata

En 2005, mientras nos retirábamos discretamente de aquella sala de Londres acarreando nuestros bártulos, pude escuchar al ponente decir que los esfuerzos de las autoridades españolas eran insuficientes, con sólo  2 ó 3 inspectores para supervisar el desembarco de unas 400.000 toneladas anuales de productos marinos. Decía que, en Las Palmas, si bien se llegaba a evitar la entrada de pesca ilegal a Europa, se "toleraba" o quedaba fuera de control el pescado pirata que circulaba desde Canarias hacia países árabes o asiáticos. La razón era que Las Palmas tenía el estatus de Puerto Franco. Y ya se sabe que esos atípicos espacios de "excepción" son para hacer alegremente en ellos lo que es delito en otros. Como ese Eurovegas que tanto gusta a unas señoras que mandan en Madrid. 


En 2010, buques de pesca controlados por armadores españoles se vieron involucrados y denunciados por pesca ilegal. En abril de 2011, en Las Palmas se confiscaron 1.100 toneladas de pulpo, calamar y lenguado ilegales, llegados en pesqueros asiáticos y valorados en 4 millones de euros. En marzo de 2012, un atunero español era detenido en Mozambique por pescar en sus aguas sin licencia, imponiendo una multa de 1,2 millones de euros. Ahora, las cosas están más controladas en Las Palmas, pero la pesca pirata continua ya que el pescado escasea y vale más cada día.

martes, 10 de abril de 2012

LA ÚLTIMA MAJADERÍA CON EL AGUA
¡Ahi va!,...¡Las desaladoras!

Con tanta crisis nos habíamos olvidado de las desaladoras mediterráneas. Normal... en el fondo no son nuestras. Pagadas por los Fondos estructurales y de cohesión de la Unión Europea (hasta el 85% de subvención), nos importaban poco ¡Para desaladoras estamos ahora!. Pero los verdaderos dueños, los europeos del norte que las han estado pagando con su IVA, no las tenían olvidadas y nos han llamado a capítulo. Dicen que nos han mandado ya 1.500 millones de euros para hacer desaladoras. Nosotros, respondemos que llevamos gastados 1.664 millones, pero resulta que hemos hecho mal los números y nos faltan 700 millones más. 

Unos señores de Murcia, bien situados,  han dicho que lo mejor es vender a  los árabes esas desaladoras pagadas por los alemanes y que ya no valen para nada. Los alemanes se han mosqueado una barbaridad y le han echado una bronca bíblica al ministro del ramo. El señor ministro, que es muy valiente, se ha puesto el hábito de nazareno en el ánimo. Cubierto de ceniza penitencial, ha peregrinado al Banco Europeo de Inversiones en cuya ventanilla le esperaba una vicepresidenta ex-ministra, socialista y gaditana, para pedir prestados unos 500 millones. Se los ha dado. Con ellos promete terminar las desaladoras "alemanas" que buenamente pueda. Todo muy dantesco. Porque lo que se cuece en las áreas surorientales de la península suele ser así de truculento.


Bastidores con racks para ósmosis inversa
en la desaladora de Carboneras. Durante años, esta potente desaladora (inaugurada por D. Jaume Matas  siendo ministro de Medio Ambiente), tuvo grandes retrasos de procedencia externa,
a cuenta del tendido de las tuberías previstas para la distribución del agua

Una penosa historia

Hace ya un tiempo filosofaba con un amigo, también socio en temas de política ambiental, que el sistema económico mundial siempre fue una pugna entre dos variables: el capital y el trabajo. Pero que el siglo XX inauguraba una Era donde, a esas dos variables, se añadía por primera vez una tercera: la variable del medio ambiente y los recursos naturales. Este tercer factor era una bomba muy gorda que, más tarde o más temprano, haría saltar por los aires nuestros esquemas económicos. El caso del agua en la España seca es un buen ejemplo.

Año 2001. España va bien. En el árido sureste se afianza un modelo de especulación inmobiliaria, corrupción, sobreconsumo y conflictividad. La caricatura de la vorágine constructora que empieza a inundar España está en Murcia. En medio de la sequedad, se proyectan miles de viviendas inmersas en extensos Resorts cerrados y destinados a estabular a miles de británicos jubilados. La región ya sufre una sobreexplotación de agua, con extracciones ilegales y bajos costes del recurso. En todo el sureste se practican, artificialmente, cultivos no adaptados al medio. La urbanización es galopante y cubre una franja de 15 kilómetros paralela a la costa. Se planifican autopistas, aeropuertos, complejos comerciales, campos de golf, parques temáticos, puertos deportivos,...

La moderna desaladora de Torrevieja, de alta tecnolgía española, paralizada
por el enfrentamiento con las administraciones locales y regionales a cuanta de
las conexiones con el exterior (agua potabilizada y rechazos de salmueras)

Para todo eso se necesita agua, mucha agua, y se propone el Plan Hidrológico Nacional 2001. La base del Plan es un trasvase de 1000 hm3/año desde el Ebro hasta el sureste. Se enciende una guerra entre regiones. La Unión Europea desiste financiar el trasvase del Ebro con sus Fondos. No lo ve claro, y sin el dinero europeo el Plan se viene abajo. En 2003 llega otro gobierno, dispuesto a atender las demandas del sureste y su modelo insostenible. En vez de trasvase les propone desaladoras. Pero esas regiones, que se han quedado sin el trasvase y con gobiernos de signo político diferente, están berreonas y no quieren desaladoras. Es otra guerra, esta vez de mentiras, pellizcos y zancadillas administrativas.

Año 2008. España no va bien. El modelo urbanístico se derrumba y ya no hace falta tanta agua. Los promotores no venden un ladrillo. La construcción de desaladoras se detiene. Las pocas plantas terminadas están atascadas, funcionan bajo mínimos y no son rentables, salvo si suben el precio del metro cúbico a unos agricultores (regantes, se llaman) acostumbrados a pagar precios ridículos. Llega, atronadora, la Directiva Marco del Agua obligando a repercutir todos los costes del agua, incluidos los ambientales, en el usuario final. Mal porvenir.

Una urbanización murciana escacharrada

Año 2012. España va peor. La desalación había sido una huída hacia delante. No era cuestión de trasvase sí, trasvase no. De desaladoras caras o baratas. El error era mucho más profundo. No se habían tenido en cuenta el medio ambiente y los recursos naturales. Se empujaba un carro lleno de ladrillos, en lugar de lleno de I+D+i. Ya casi nadie habla del trasvase, pero los alemanes están con un cabreo de mil demonios y exigen que esas desaladoras se completen. No es de extrañar que un alto cargo de la Comisión Europea diga que no entiende lo que pasa con España. Pero Vds, inteligentes lectores, seguramente lo saben.

domingo, 8 de abril de 2012

SOMOS LO QUE COMEMOS - 1
El veneno nuestro de cada día

En algunas localidades alemanas, los supermercados llevan una lupa incorporada al asa del carrito. Explican, que al ser establecimientos adaptados a personas de edad avanzada, colocando el paquete escogido bajo el cristal de aumento pueden saber qué demonios están comprando. Incluso se pueden permitir el lujo de leer las etiquetas y descubrir cómo se llama la pequeña dosis de veneno que les toca tragarse hoy. Lo de la lupa debería extenderse a todos los mercados de la Unión Europea y del resto del orbe.

Al margen de los aditivos y pócimas autorizadas, toleradas y/o consentidas, hay dos que jamás figurarán en las etiquetas de nuestra comida. La primera de ellas se llama Bisfenol A y es un compuesto de la química orgánica del tipo "estrógeno sintético". Se usa en la fabricación de los Policarbonatos (PC), esos plásticos duros y transparentes que, por ejemplo, recubren los faros de los coches o hacen de parabrisas en las motos. Por desgracia, el Bisfenol A es un "perturbador endocrino" y está presente en los plásticos de las botellas de agua y refrescos, en biberones para bebés, en chupetes, en recipientes que metemos en el microondas o recubriendo el interior de muchas latas de conserva (recubrimiento epoxy).


Carrito del super adaptado para leer las etiquetas
 con letra diminuta

Sometido a temperaturas elevadas, o en contacto con materias grasas, el Bisfenol A puede emigrar del plástico a las bebidas y alimentos que ingerimos. Las primeras en dar la voz de alarma fueron las autoridades de Canadá, al prohibir el uso de policarbonatos en la fabricación de biberones infantiles. Era el año 2008 y los canadienses justificaron la medida en que el biberón era de uso diario y el plástico se calentaba varias veces al día. 
  
En Europa no hubo una reacción hasta la Directiva 2011/8/CE, que prohibía la fabricación y venta de biberones en policarbonato (PC Código 7), dando un margen de escasos meses para la transposición de la Directiva a las legislaciones nacionales y fijando el mes de junio de 2011 para erradicar completamente el producto. A pesar de la medida, en esta primavera de 2012 sigo viendo a madres y padres que han conservado sus "perturbadores endocrinos" en forma de biberón y se los siguen enchufando a sus bebés.


Los bebés son los más expuestos 
al Bisfenol A, a través de biberones 
fabricados en policarbonato y
 y calentados en el microondas varias

 veces al día. Con la temperatura, 
el bisfenol A pasa más
facilmente a la leche. 


La segunda pócima que se nos cuela bajo la piel son los phtalatos o ftalatos. Se trata de ésteres que proporcionan suavidad y flexibilidad a los plásticos. Están por todas partes: desde las cortinas de nuestra ducha, hasta las bolsas de suero y los catéteres usados en los hospitales (¡Oh, Dios mío!), pasando por el salpicadero, asientos y recubrimientos de nuestro flamante coche. 

Hay más de 50 tipos de ftalatos y son "disruptores endocrinos", falsos estrógenos femeninos que provocan cancer de testículo, de próstata, de mama, esterilidad masculina, obesidad, endometrosis y pubertad adelantada (niñas que empiezan a menstruar a los nueve años de edad). En nuestros ríos, los ftalatos cambian el sexo de los peces. Está especialmente presente en el plástico PVC (Poliviniloclorado)... ¡Exacto! ¡En sus ventanas de PVC  y en otros 700 productos más!.

La marca triangular que debe aparecer en los recipientes de plástico
 es una guía que evita utilizar los que suponen un riesgo para la salud


En 2004, el Tribunal Supremo de Austria declaró el PVC (Código 3) como un peligro para el medio ambiente por su contenido en ftalatos. Junto con el Bisfenol A, los Ftalatos forman parte de los "Doce sucios" (The Dirty dozen), identificados en el Convenio de Estocolmo (2004). Son doce tóxicos peligrosos y persistentes que dañan el medio ambiente, la salud y el futuro de la humanidad, al causar progresiva esterilidad en los hombres. Sin embargo, los industriales que fabrican ftalatos en Europa cierran filas, cantan sus ventajas y preconizan un uso prudente y responsable de los plásticos.

Como somos los ciudadanos prudentes que la industria desea tener como clientes, paso a enumerar unos consejos de uso responsable de los plásticos, para evitar comerse ftalatos, bisfenoles A y otros disruptores endocrinos que no van a mejorar en nada nuestra dieta.


El mal uso del microondas puede ser una fuente de 
contaminación de alimentos por Bisfenol A y Ftalatos. 
Es recomendable no calentar en ellos alimentos dentro de envases de plástico. 
Y que no se le ocurra volver a meter ahí dentro un biberón de policarbonato

  1. - Deshacerse de los biberones de policarbonato. Si prefiere el plástico, por su ligereza, que sean de polietileno, polipropileno o poliamida, aunque es preferible el cristal. 
  2. - Escoger chupetes enteramente hechos de silicona.
  3. - Si bebe agua mineral de forma diaria, usar la embotellada en cristal.
  4. - Sustituir en la cocina los envases de plástico por vidrio, acero y cerámica.
  5. - No introducir en el microondas envases ni tapas de plástico conteniendo comida.
  6. -Preferir latas de conserva sin recubrimiento interior de epoxy (esa capita blanca interna). Algunas marcas ya las ofrecen.
  7. -Comprar en lo posible comida fresca y no abusar de alimentos retractilados con film transparente, sobre todo si son grasientos (la grasa es un buen disolvente).
  8. -No guardar en la nevera durante mucho tiempo la comida en recipientes de plástico.
  9. -Leer las etiquetas de los cosméticos y productos de baño para comprobar si contienen Butylparabén o Isobutilparabén (son también perturbadores endocrinos).
  10. -Evitar alimentos en cuya etiqueta figuren los conservantes E-214 y E-219. Son parabenes poco recomendables y están siendo analizados por la Unión Europea.
  11. -Evite el PVC siempre que pueda, aunque resulta complicado porque está por todas partes. Escoja la madera o el aluminio para sus ventanas.
  12. -No aspire profundamente y con cara de placer los agradables aromas que desprende su coche recién comprado. Lo más seguro es que se meta hasta el páncreas los ftalatos, empleados como retardadores de ignición y como suavizantes, que se desprenden del lustroso salpicadero y de la tapicería. Si es Vd. varón, puede estar haciendo una escabechina con sus apreciados espermatozoides.
Solo queda desear buena suerte y recordar que, como consumidores, tenemos un formidable poder: nuestro dinero. Es lo único que quieren de nosotros quienes fabrican y nos venden el veneno nuestro de cada día. En otra ocasión hablo de los parabenes en las cremitas de belleza, el "fond de teint" , el "rouge" de los labios y el champú. 

viernes, 6 de abril de 2012

A VUELTAS CON EL AGUA
Consumo mínimo y fiscalidad ambiental


Tengo un amigo en la preciosa villa costera de Comillas (Cantabria) que anda descontento. Trabaja en sus cosas desde una pequeña oficina abierta al público. En ella, además de la salita donde despacha dispone de un cuartito interior que hace las veces de almacén y archivador. También hay un diminuto aseo para uso personal y para cubrir los apretones de algún cliente. De acuerdo con sus cálculos, entre la cisterna, el lavabo y la fregona gasta menos de mil litros de agua al mes. Eso hace tres mil litros al trimestre. Tres metros cúbicos mal contados porque se incluyen los días de fiesta y el cierre por vacaciones.

Cada tres meses, cuando le llega la factura municipal del agua, el alcantarillado y las basuras, mi amigo se puede pasar 24 horas seguidas en un estado que podría calificarse como "intratable". Resulta que le facturan un consumo mínimo trimestral de 40 metros cúbicos (16 €). Eso quiere decir que le cobran 37 metros cúbicos que nunca usó. Él tampoco genera basuras, porque lo único que podría tirar son los papeles, aunque siempre se los lleva a casa para encender la chimenea. Sin embargo, le cobran 15 euros por la recogida y gestión de los supuestos desperdicios generados en su local. Los que facturan por estos servicios y productos, no utilizados y no consumidos, son los listos de siempre. El ayuntamiento, el monopolio privado que se ha hecho con la gestión del agua y la empresa regional de gestión de residuos.

En la villa de Comillas, como en Santander, la factura del agua
contempla un consumo mínimo trimestral de 40 metros cúbicos.


Yo, ante lo inevitable y para compensar el ineludible gasto, le aconsejo que convierta el diminuto lavabo del aseo en una fuentecilla granadina, con el chorrito cantarín alegrando el entorno laboral durante ocho horas al día. Mejor aún, para satisfacción y relax de los clientes, con los 37 metros cúbicos que le sobran (y que le cobran) podría instalar todo un agradable sistema de juegos de agua por los rincones del despacho que en nada envidiaría a los jardines del Generalife. Esta iniciativa acuática también tiene una importante vertiente ecológica que yo pasaba a explicarle.

Por un lado, gracias a su tímido, pero constante, aporte de aguas potables (cloradas) al alcantarillado, mantiene en mejores condiciones sanitarias el conjunto de la red de saneamiento. Cuando la nueva Estación depuradora entre en funcionamiento en Comillas, su graciosa aportación diluirá las cargas orgánicas y aliviará los esfuerzos de las instalaciones. Finalmente, el Mar Cantábrico y sus criaturas agradecerán la llegada de más aguas de escorrentía, ahora masivamente interceptadas por el ser humano para sus necesidades. De esto último, por cierto, habría para hablar largo y tendido.


Una de las numerosas urbanizaciones de Comillas,
con viviendas de persianas bajadas y "camas frías" casi todo el año,
pero que pagan, sin consumir, abundantes servicios.


Para terminar de tranquilizar a mi amigo le recuerdo que su caso es una gota en el océano de injusticias que sumerge al mundo. Que los "papardos", nombre, entre cariñoso y despectivo, con el que los naturales del país designan a los veraneantes que disfrutan de una casa en Comillas, lo tienen mucho peor. 

Fiscalidad encubierta
Durante más de tres trimestres y medio, las familias que habitualmente viven en Bilbao, Palencia o Madrid, pagan por su casita de Comillas lo mismo que mi amigo, pero sin consumir una sola gota de agua y sin tirar un mísero papel al contenedor. A este respecto, más del sesenta por ciento de los hogares de Comillas son viviendas secundarias y vacías durante casi todo el año, con los grifos bien apretados y los cubos de basura criando telarañas.

Es el llamado "turismo de venta y residencia", opuesto al modelo de turismo de "visita y explotación". Una de las características del primero es haber implantado una tasa municipal en la sombra. Es decir, que los propietarios esporádicos y no censados, que son mayoría absoluta, pagan una ecotasa oculta (basuras, agua) que debería financiar servicios fijos y concretos, como son la gestión de residuos, el tratamiento y depuración de aguas, el mantenimiento de las redes de abastecimiento y de alcantarillado. Servicios que disfrutan durante 12 meses los escasos vecinos censados y, durante un único mes los foráneos. 

El sistema es tan válido como la Ecotasa hotelera que intentó establecer hace años el Gobierno de Baleares, siempre que las cantidades recaudadas se destinen a los concretos fines que señala la Tasa. Sin embargo, el método del "consumo mínimo" no es una Tasa.  El ingreso generado, por ejemplo, con el agua no consumida pero facturada, no tienen otra finalidad  definida que el bolsillo de la empresa privada y sus beneficios. beneficios que caerían en las mermadas arcas municipales si el servicio fuera público.



Las Tasas y Cánones que graban las facturas del agua y los residuos,
deben destinarse a financiar la gestión de recursos y servicios con ellos relacionados
La facturación por "Consumos mínimos" no garantizan esos destinos.





La opacidad fiscal que representa el sistema del "consumo mínimo" se da de sopapos con cualquier iniciativa de ahorro en el consumo del agua. La aberración es de tal calibre que va a suprimirse en lugares como Santander. ¡No me diga!  Bueno, en realidad lo que harán es empezar a llamar a las cosas por su verdadero nombre. El Ayuntamiento de Santander anuncia que suprime el consumo de mínimos y lo reemplaza por lo que siempre ha sido: una Tasa fija de más de 16 euros al trimestre (algo más que lo que ahora pagan los santanderinos por los 40 metros cúbicos de mínimos). Cifra a la que, desde luego, se sumará después el consumo real. Lo verdaderamente importante no es el cambio de nombre, ya que las cifras a recaudar seran iguales (en viviendas secundarias vacías) o superiores (en viviendas habituales con grifos abiertos). Lo trascendente es el destino, transparente y obligado, de esa nueva Tasa. Esa será la verdadera medida.
Si el cambio llega a Comillas, mi amigo pagará la Tasa (equivalente a los anteriores 40 metros cúbicos) y también por los 3 metros cúbicos de consumo real. Así que tendrá que clausurar la posible fuentecilla granadina o el parque acuático para no arruinarse. ¿Han pensado los políticos de los pueblos costeros que si hacen como en Santander, los de fuera (que no votan) pagarán con la nueva Tasa lo mismo que antes, pero los de dentro (los que votan) pagarán mucho más (la nueva Tasa, más el agua)? Los políticos son tan idiotas que salen de un charco para meterse en otro. 

sábado, 31 de marzo de 2012


PESCA Y MEDIO AMBIENTE 
Aquí está el Cambio Climático


La laminaria (Laminaria digitata) es un alga parda propia de aguas frías y de irregular distribución en el Cantábrico. Es habitual en las costas de Lugo y Asturias, para hacerse más rara conforme nos acercamos a Vizcaya.  Mediada la década de los ochenta, la frontera del hábitat de la elegante alga se situaba en Cantabria occidental, en torno al cabo de Ajo. Más al Este, hacia Bilbao, las aguas son más calientes y el alga declina hasta hacerse inexistente.

Entre los años 1980 y 1990, la orilla de las playas de Oyambre y Gerra, abiertas entre Comillas y San Vicente de la Barquera, se cubría periódicamente de laminarias arrancadas por el mar de fondo. Por esa época, el puerto de San Vicente albergaba una flota de embarcaciones algueras, con buceadores que usaban compresores y el sistema "kalumet" para arrancar a mano el alga roja "Oca" o "Caloca" (Gelidium) que crecía en las praderas submarinas extendidas frente al cabo Oyambre. La cosecha de la Oca empezaba en primavera, aunque a partir de marzo era indispensable erradicar, previamente, los extensos campos de "rabos" (así llamaban a las laminarias) que invadían las praderas. Era la forma, un tanto agresiva, de que la valiosa Oca creciera y prosperase libre de competidores. 


El alga parda Laminaria escapa de Cantabria.

Pocos años más tarde, hacia 1993, el sistema de explotar la Oca por el expeditivo método de arrancarlas, fue abandonado por los daños ambientales que producía y las laminarias dejaron de ser metódicamente exterminadas. Pero el indulto humano no significó su salvación. Es difícil precisar cuándo dejaron de verse laminarias agarradas a las rocas sumergidas de Oyambre. Hacia el año 2000, los campos de ondulantes laminarias habían sido reemplazados por manchas de otra alga parda, la Cystoseria tamariscifolia. 


Las algas de la familia Cistoseria están ocupando el espacio dejado
por las laminarias en la costa occidental de Cantabria.


Hoy, es todo un hallazgo tropezarse con una laminaria varada sobre la arena de Oyambre. Incluso la Guía del patrimonio litoral de Cantabria, publicada por el Gobierno regional en 2010, ya no mencionaba la especie como propia de sus aguas regionales. La razón no puede ser otra que el avance del cambio climático y el constatado aumento de la temperatura de las aguas del Cantábrico. Las aguas de Cantabria son ahora más calientes y la laminaria ha escapado.


Especies invasoras
Unas especies van y otras vienen. El sargo (Diplodus sargus), antes tan abundante en las costas rocosas del Cantábrico, entró hace unos años en las cartas de los restaurantes marineros. En los últimos tres años, sus cuevas submarinas se han ido vaciando por la persecución, comercial o deportiva, y el nicho ecológico saqueado ha sido ocupado por un pez tropical que adora las aguas templadas. 


Un pez Ballesta en aguas cantábricas.
El pez Ballesta (Balistes carolinensis), eminentemente tropical y muy raro en el Cantábrico hace 30 años, se ha instalado en las antiguas cuevas de sargo y son ya una especie vulgar y corriente. Agresivo, con una boca potente y aletas peligrosas, adora devorar erizos y su carne empieza a ser apreciada. Dentro de unos años, el sargo será un recuerdo del pasado y será sustituido por el Ballesta en los menús (quizá bajo el nombre de Cochino de Mar). Cuando nos hallamos comido toda esta novedosa especie tropical, quizá venga otra que también nos comeremos sin preguntar.


En Asturias hay otros recién llegados desde aguas tropicales. Habitual en Canarias y adaptado al Mediterráneo desde 1970, el "Tamboril" o Pez Globo (Chimilomucterus reticulatus), es una sorpresa en el Cantábrico. Detectado en aguas asturianas en 2011, está siendo capturado por pescadores de Cudillero, de Navia y de Avilés.  Cae atrapado en las redes de enmalle de fondo y en los palangres para merluza. Su carne es tóxica (vísceras) y se alimenta de erizos. 


El tamboril espinoso, propio de Canarias y el Caribe, se hace presente en Asturias.

En Canarias, el Tamboril ha sido presa de las nasas gigantes y sus poblaciones han mermado en las islas más orientales. Sin el acoso de este depredador, las poblaciones de erizos diadema (Diadema antillarum) han explotado en Lanzarote, Fuerteventura, Tenerife y Gran Canaria, hasta formar extensos y estériles blanquizales: áreas submarinas desprovistas de vegetación que el diadema raspa y engulle. Ahora, si la llegada del Tamboril y el asentamiento del Ballesta se confirma en el Cantábrico, las poblaciones de erizos autóctonos tienen las horas contadas. 


Los ecosistemas marinos del Mar Cantábrico están sometidos a presión. Un solo grado más de temperatura media causará más estragos. La pesca y los pescadores serán los primeros en sufrir las consecuencias del cambio climático en el océano


  

jueves, 29 de marzo de 2012

RESIDUOS NUCLEARES -  Cumbre de Seguridad Nuclear en Seul.
La decepción de Asse


En las montañas de Yucca (Nevada, USA) las máquinas se han parado. La obra del proyectado confinamiento "geológico" de Yucca Mountains, destinado a recibir el combustible nuclear usado por las 70 centrales norteamericanas, ha sido clausurado. En consecuencia, no hay solución a la vista para 71.000 toneladas de residuos  de alta actividad, provisionalmente almacenados en las piscinas de las centrales y en otros espacios en superficie, a los que se suman, cada año, otras 2.200 toneladas. ¿Por qué el Panel de Expertos en la materia ha aconsejado a presidente M. Barack Obama cancelar el  proyecto?




Las montañas Yucca, cerca de Las Vegas (Nevada.
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En primer lugar, hay razones éticas. De todas las iniciativas tomadas por humanidad, la de enterrar residuos nucleares va más allá de la imaginación y afecta a la moral. Una civilización  responsable no puede dejar en herencia el problema de unos residuos cuya peligrosidad se mantiene por encima de100.000 años. Queda muy feo. Significa proyectarnos hacia la eternidad a través de un mensaje, no estético y turístico como las pirámides de Egipto (4.500 años tan sólo), sino de Plutonio y Uranio que comprometen el futuro de la vida en el planeta.

Luego hay razones prácticas. Geólogos muy serios dicen que existen lugares seguros y estables  donde esconder la basura nuclear. Aseguran que hay yacimientos de sal, arcillas o granito,  perfectamente secos y que no se han movido ni un milímetro en 150 millones de años. Es cierto. Pero la cuestión es que, una vez que el hombre entra en esos inalterados espacios subterráneos, los agujerea con sus túneles y los rellena de contenedores que emiten calor y radiactividad durante miles de años, el escenario se puede modificar. ¿Cómo se ve afectado un mineral estable si es acariciado por la radioactividad y la temperatura durante 20.000 años?... ¿y durante 60.000?. Luego llega el agua, por capilaridad, microcapilaridad o nanocapilaridad. En un futuro tan lejano que da vértigo, en los próximos milenios, en las siguientes glaciaciones, sobre el depósito pueden situarse kilómetros de hielo u océanos. 


Galería excavada en las arcillas del centro de investigación de Bure (Lorena), Francia.

¿Y la memoria? ¿Cómo avisamos al futuro de que nada ni nadie debe acercarse a los almacenes de muerte? ¿Levantamos descomunales monolitos y blindados sarcófagos en superficie? ¿En qué lenguaje hablamos al hombre del futuro? Algunos dicen que la humanidad debería proyectar la memoria de los depósitos radioactivos mediante un sistema de transmisión oral y escrita, parecido al que usan la religiones para atravesar los siglos. ¿Recuerdan si hay alguna religión en el planeta que tenga 100.000 años de antigüedad? ¿Pretenden reconvertir la basura nuclear en lugar de culto, secretismo y miedo milenarios? ¿Hacemos de los confinamientos  "Verdad Revelada" en antiguas Escrituras y textos sagrados que los seres del futuro cantarán en los templos? 

El accidente de Fukushima ha puesto de manifiesto dos cosas: que el ser humano no puede controlar la naturaleza y que la gestión de la energía nuclear puede estar cayendo en manos de incompetentes, y lo que es peor, de gente algo corta y aficionada a esconder la verdad. Pero hay otra razón de peso, esta más pedestre, para oponerse al enterramiento de residuos nucleares de alta actividad. Es el caso de Asse.

Moviendo barriles, sin demasiada consideración, en la mina de sal de Asse (Alemania).
En el "lander" de Baja Sajonia, al norte de Alemania, las minas de sal de Asse fueron escogidas hace décadas como lugar estable de enterramiento para basura nuclear de baja y media actividad. Un lugar "Wunderbar" según las autoridades y los geólogos de la época. En total, se depositaron en las galerías de Asse 126.000 barriles de residuos, con la propina de 28 kilogramos de Plutonio que otro listo tuvo la ocurrencia de catalogar como inofensivos. Hoy, cuarenta años después de sepultado el primer barril, por las galerías de la mina corretean 12.000 litros diarios de agua que se filtra Dios sabe desde dónde. La mina está anegada por la salmuera y el gobierno regional o estatal, o ambos a la vez, tienen que retirar los barriles antes de que revienten. Algunos de ellos están a 750 metros de profundidad, perdidos en espacios "sellados". Se precisan 10 años de trabajo y un coste cifrado en miles de millones de euros. Se hacen discretos estudios para saber si los radionucleidos se expanden ya por los acuíferos de la región.

La mina Onkalo (Finlandia). Al fondo, el complejo nuclear de Olkiluoto consistente
en dos reactores en activo y un tercero en fase de montaje, de última generación y cargado de problemas presupuestarios y constructivos.
El fiasco de Asse no impresiona a los fríos finlandeses. Al lado del complejo nuclear de la isla de Olkiluoto, se dedican a hacer agujeros en la mina de granito Onkalo para enterrar su basura nuclear. Si el cambio climático sigue adelante, sobre Onkalo se puede situar el mar, pero eso es un comentario improcedente. En otros "lander" alemanes (Baviera) también se exploran minas de granito con similares intenciones. Los franceses son más prudentes y empiezan a tener dudas razonables. En Bure (Lorena, Francia) llevan 13 años investigando un yacimiento de arcilla donde confinar la basura nuclear que atasca las piscinas de Le Hague. Sin embargo, el organismo ANDRA (Agence Nationale pour la gestion des Dèchets Radioactifs, parecido a nuestro ENRESA - Empresa Nacional de Residuos Nucleares), preconiza empezar a meter basura en 2025 y ver qué pasa en los siguientes 40 años. Quizá para entonces sepamos "transmutar" los elementos radioactivos en elementos estables y, de pasada, alcanzar el sueño alquimista de convertir el plomo en oro.

En ese período de tiempo, las galerías de Bure no estarían selladas. Hay que estar preparado para sacar todo el equipaje si las cosas se ponen feas. Será necesario establecer una vigilancia continua y activa del yacimiento, forzar la ventilación de las galerías para evacuar el calor generado por la radiación y estudiar la deformación de conducciones y contenedores a causa de la fuerte presión que sufren, así como la paulatina degradación de las arcillas (diogénesis). Eso va a costar una pasta, aunque dicen que la energía nuclear no es cara. Nos preguntamos si los próceres reunidos en la Cumbre de Seguridad Nuclear de Seul hablan de estas cosas tan curiosas o bien las consideran irrelevantes y que poco tienen que ver con la seguridad nuclear.