LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

martes, 1 de mayo de 2012


PESCA Y MEDIO AMBIENTE
Privatizar los peces


Cuando tecleo estas palabras, el Consejo de Ministros de Pesca de la Unión Europea reunido en Luxemburgo ha terminado de debatir un tema trascendente para el futuro de los mares europeos: la implantación de los Derechos Individuales y Transferibles de Pesca. En otras palabras, ha debatido la privatización de los peces del mar, como si fueran acciones de Iberia o de Telefónica. La idea forma parte de la reforma de la Política Pesquera Común (PPC), fracasada en los últimos 30 años a no haber sabido, o querido, evitar el agotamiento del mar.

Hoy, el 82% de los stocks de productos marinos comerciales del Mediterráneo, y el 63% de los del Atlántico, están en situación de sobrexplotación. A pesar de haber gastado una fortuna (2.730 millones de euros entre 1994 y 2004) para desguazar buques europeos de pesca sobrantes, la capacidad de pescar ha venido subiendo un 3% cada año. Destruir barcos para luego remplazarlos por modernas unidades dotadas de tecnologías avanzadas es una contradicción. Pero las contradicciones están por todas partes, incluso en Bruselas.

Proporción de stocks de especies comerciales sobre explotadas o fuera de los límites biológicos (en rojo)
 y dentro de los límites (en verde). Se observa que en las aguas que rodean a España predominan los stocks
en estado de sobre explotación. Desde 2008, fecha del gráfico, las cosas han ido a peor. Fuente Eurostad. 

La actual privatización consiste en otorgar, a cada armador de una embarcación de más de 12 metros de eslora, una cuota personal de pesca durante 15 años para que siga pescando en su caladero habitual los kilos de cada especie que se le concedan. Cuota o concesión que puede alquilar o vender a otro. En resumidas cuentas, la Unión Europea arroja la toalla y deja la gestión de los recursos vivos del mar en manos de los mercados. Dinamarca adoptó este sistema en 2003, lo que condujo a que su flota y número de pescadores se redujera a la mitad.

España desea que la medida se aplique al conjunto de las aguas comunitarias, de forma que un armador español pueda comprar los derechos de pesca de un colega británico, francés o irlandés. Y también viceversa. Francia protesta y se opone a este método, al temer que sus pescadores vendan derechos y los recursos caigan en manos extranjeras. Peor: temen que el esfuerzo pesquero, ahora repartido entre muchos pequeños buques, se concentre en pocos y grandes buques, con pérdida de empleo y ruina de las comunidades del litoral. Sería la muerte de su pesca artesanal, algo que ninguna nación desea porque forma parte del patrimonio cultural.

Si el proceso privatizador funciona como en Dinamarca, en España
se perderán unos 15.000 empleos directos y la flota artesanal se reducirá a la mitad. La amenaza
es tan real, que el propio Fondo Europeo Marítimo y de Pesca incrementa las ayudas para la diversificación
 económica de los pescadores y para conservar la cultura y el patrimonio pesquero

Desde remota antigüedad, los seres vivos del mar pertenecieron al rey. Eran los peces de la Corona… ¿Por qué? Por la sencilla razón de que las aguas formaban parte de la “soberanía” de la nación, y la soberanía recaía en el rey. Después de la Revolución Francesa de 1789, la soberanía nacional recayó en el pueblo, y los peces fueron un "bien común" de toda la sociedad. Ahora, en estos tiempos de neoliberalismo y capitalismo sin complejos, la soberanía ha pasado del pueblo a los mercados (que  organizan gobiernos y dictan políticas) y su doctrina exige la privatización de todo, incluidos los rapes y las anchoas.

¿Invertirán las empresas privadas en investigación pesquera? ¿Seguirán los propietarios de cuotas el consejo de los científicos? ¿Se traerán a tierra todos los peces, o bien se cubrirán las cuotas con bichos grandes y de buen precio, tirando al mar lo que no interese? ¿Ayuda la privatización a eliminar o a estimular los descartes? ¿Qué será de los pescadores deportivos? ¿Serán expulsados del mar por los propietarios de los derechos y de los peces? ¿Quién vigilará la pesca? ¿Policía privada marítima? ¿Buscarán los propietarios el máximo beneficio y, una vez agotada una cuota, comprarán otra practicando el sistema de “tierra/agua quemada”?

Un modelo ambiental y un concepto de los recursos naturales vivos terminan. Comienza otra que no sabemos dónde nos conducirá. Se terminaron los peces subvencionados y tendremos que deglutir Panga repugnante o aflojar la cartera para olfatear una rodaja de merluza. Es el cambio más radical que ha experimentado la pesca marítima desde que el hombre se lanzó al mar en busca de sustento.

lunes, 30 de abril de 2012


SOMOS LO QUE COMEMOS
Trampas en el Super y en el restaurante


Una firma alimentaria española, cuyo nombre me reservo, 
nos ofrece unos filetitos congelados de aspecto aséptico y razonable. Son blancos y se llaman “lenguadina”, “solla” o “platija”. Tres nombres que, como inocentes que somos, asociamos con el delicioso y carísimo lenguado. Ese lenguado del Cantábrico, de Conil de la Frontera o de Gran Sol, de sabor inigualable y carnes duras. Caemos en la trampa y compramos la “lenguadina”. Una vez en casa, descongelado y rebozado, el filete blancucho y baboso resulta ser esa porquería llamada Panga.

El fraude en el nombre de los peces está a la orden del día, a pesar de los denodados esfuerzos de organismos como el FROM, el de ¡Pezqueñines no, gracias! (*). En la década de los años 90, rodábamos un documental tras otro sobre el mar y sus recursos para las televisiones autonómicas, lo que nos obligó a dar un par de vueltas completas a la costa española. En Blanes (Girona), el equipo de rodaje hizo un alto en su trabajo y la Cofradía tuvo la elegancia de invitarnos a comer en un fino restaurante, cerca del puerto.


El Pez Rata (Uranuscaber), con cuya cola cortada en rodajas
nos podemos encontrarnos en el plato de "Rape" propuesto por restaurantes poco puntillosos.

Tres de nosotros pedimos el guisote marinero de Rape que figuraba en la carta. Cuando las cazuelas humeantes aterrizaron en la mesa nos miramos en silencio y llamamos al jefe. Acudió solícito y permaneció sonriente al borde de la mesa, con las manitas cruzadas sobre el vientre. Verá Vd. - le dijo el Patrón Mayor - Yo soy pescador y dirijo la Cofradía de ahí delante. Este otro señor lleva treinta años dirigiendo la subasta del pescado. Y el que está a su lado dirige películas sobre pesca y peces desde hace mucho tiempo. Resulta que hemos pedido Rape y nos acaban de traer… ¡esto!. El jefe se asomó a nuestras cazuelas y levantó las cejas. Sin decir palabra, suspiró y se llevó nuestras cazuelas de Pez Rata con patatas, zanahoria y cebollita.

Que en un restaurante te sirvan Pez Rata en lugar de Rape, que te den aritos de Pota “amoniacada” en lugar del calamar que has pedido, filetillos de platija en lugar de lenguado, pastel de merluza congelada en lugar de pastel de cabracho, o rodaja de Listado congelado y encebollado en lugar de Bonito del Norte fresco, entra dentro de la picaresca del tabernero. La Universidad de Oviedo constató, en un estudio llevado a cabo hace dos años, que la tercera parte de las Merluzas vendidas como tales en España, eran especies parecidas, llegadas desde África y de 2ª clase.


Fish & chips, en su bandeja de polispán.
Adivina, adivinanza....¿Qué será el Fish?

En el resto de Europa, con una cultura pesquera y gastronómica mucho más pobre que la nuestra, les engañan sin remisión. En Francia se atiborran de unos filetitos sonrosados llamados “roussette”, “saumonette” o “poisson chien”, creyendo que es salmonete o salmón, cuando es tiburón Lija. En Irlanda, bajo el nombre de bacalao se entrega maruca o eglefino. El célebre “Fish & Chips” del Reino Unido puede no ser los clásicos trozos rebozados de bacalao con patatas fritas, sino trozos rebozados de Panga y patatas fritas (patatas..., de momento).

La moda de las varitas, palitos, puñetitas, caprichitos y pijaditas de pescado, bien rebozadas y fritas, camuflan por completo el sabor y la consistencia del pez (si es que se trata de pez). La gran dispersión de los puntos de venta y de consumo hace de las inspecciones y controles de etiquetaje una tarea heroica y hercúlea. La golfería de algunos y la ignorancia de muchos ayudan a rematar la faena. En el año 2001, Europa importaba 2.000 toneladas de Panga al año. Hoy, la cifra es de 250.000 toneladas de Panga. ¿Quién se come tanta porquería? Los europeos del norte se la tragan sin rechistar, pero nosotros tenemos que resistir. Aunque sea, por dignidad.

(*) El FROM, organismo antes adscrito a la Secretaría
General de Pesca, ha desaparecido arrastrado por el vendaval de "recortes".
¿Quién protege ahora al consumidor de productos marinos? ¡Socorro! 

domingo, 29 de abril de 2012


PESCA Y MEDIO AMBIENTE
Asalto a la Antártida - 2


Seguro que han oído hablar del krill. Esas gambitas pequeñas que sirven de alimento a las ballenas y que viven en las frías aguas de Ártico y de la Antártida. Lo que quizá les suene menos es que los stocks mundiales de krill, sumadas las seis especies conocidas, está en torno a los 500 millones de toneladas. Mucho krill, sobre todo si pensamos que los seres humanos pescamos unos 90 millones de toneladas al año de todo tipo de productos marinos.

Posiblemente les haga reflexionar saber que el krill es la pieza clave y fundamental del ecosistema de los mares australes y boreales. Las gambitas se alimentan del plancton y luego sirven de comida para peces, focas, pingüinos y ballenas. Si el krill falla, todo el sistema vital se desmorona. En las aguas que rodean a la Antártida la pesca está regulada por el CCAMLR (Convenio para la conservación de la vida y los recursos marinos de la Antártida). Últimamente, los miembros de ese Convenio andan de cabeza porque las flotas pesqueras han puesto sitio a las riquezas de la Antártida, empezando por el krill.

La Euphausia superba, el krill de la Antártida, base la vida.

¿Para qué sirve el krill? A las ballenas, y al resto de colegas, les sirve para sobrevivir. Nosotros no lo necesitamos para nada. No comemos krill a la plancha o al ajillo. Sin embargo, el krill está en el aceite de pescado que alimenta a los peces de acuicultura, figura en productos cosméticos, farmacéuticos y complementos alimenticios. Porque, si es el alimento casi único y perfecto para el mamífero más grande de la Tierra, el krill tiene que ser un tesoro. Cada vez se persigue con más interés y las 150.000 toneladas de krill capturadas por el hombre en 2010 resultan insuficientes para las empresas explotadoras y su cuenta de resultados.

Noruegos y japoneses no se contentan con matar ballenas.
Ahora, unidos a otros depredadores, les roban la comida.  

En el CCAMLR la presión es intensa y la Unión Europea, tan hipócrita como de costumbre, acaba de dar licencia a pesqueros comunitarios para que se sumen a una pesquería absurda, agresiva, innecesaria y destructiva, ya practicada por Noruega, Japón, Rusia, China, Polonia y Ucrania. El mayor y más reciente buque “krillero” en activo es el “Thornshovdi”, un arrastrero noruego de 133 metros de eslora, capaz de capturar y tratar 250 toneladas de krill al día. Para evitar que las frágiles gambitas se conviertan en una pasta informe en las apretujadas redes, los buques más modernos usan sistemas de aspiración desde el copo.

Un buque de pesca ruso en aguas de la Antártida

A los habitantes de las banquisas australes, esos asombrosos seres peludos, emplumados o escamados que soportan seis meses de noche polar en medio de ventiscas desoladoras, la vida se les va a poner un poco más difícil. Les está saliendo un durísimo competidor por el alimento: el insaciable ser humano. Una entrada a este Blog contemplaba el problema que la acuicultura planteaba a los llamados “Peces forraje”, perseguidos para convertirse en pienso. La novedad es el creciente acoso al krill, soporte de la vida oceánica más límpida y virginal del planeta. La Unión Europea, al participar descaradamente en este asalto, convierte en papel mojado sus grandilocuentes palabras en defensa de la sostenibilidad. Una decepción y una tristeza.   

viernes, 27 de abril de 2012


ECOLOGÍA Y SOCIEDAD
Organismos Genéticamente Modificados (OGM)


No podemos olvidarnos de los transgénicos. No podemos porque llegan inquietantes noticias desde India y Estados Unidos, a cuenta del algodón OGM. En el norte de India, el cultivo del algodón ha caído en manos de las multinacionales y sus semillas modificadas genéticamente. Desde su introducción en 2002,  las semillas creadas por la firma Bayer tuvieron un fulgurante éxito. Pero después, año tras año, los rendimientos de las cosechas empezaron a descender. La última cosecha, la de 2011, ha sido tan mediocre que las autoridades judiciales del estado de Madhya Pradesh han impuesto una multa de 850.000 euros a Bayer, por engaño en los rendimientos de su producto. En el vecino estado de Andra Pradesh las cosas tampoco han ido bien y la ira contra la multinacional es un rumor bronco.



El algodón transgénico agota el suelo de India. Es un tipo de cultivo que necesita más agua y, últimamente, requiere de más fertilizantes artificiales. Es resistente a ciertas plagas, pero ha empezado a mostrar debilidad hacia bacterias, virus e insectos chupadores. Al necesitar enriquecer la tierra, las familias campesinas hindúes se endeudan comprando abonos químicos. 

Al parecer, en 2006 miles de campesinos arruinados de la provincia de Vidarbha se suicidaron ingiriendo pesticidas. Los técnicos que venden las semillas OGM en India critican la ignorancia del campesino hindú en el manejo de su producto, lo que puede ser rigurosamente cierto. Pero también es cierto que se está perdiendo la sabiduría tradicional del agricultor local y que empiezan a desaparecer las semillas naturales. Es un empobrecimiento cultural extremadamente peligroso para las futuras generaciones.

En Estados Unidos, los cultivadores de algodón transgénico pasaron de los 34.000 registrados en 1997, a los 19.000 de 2007. Dicen que por la lógica concentración de tierras, la automatización y racionalización de los cultivos. Lo cierto es que el algodón Bt impide los destrozos de una voraz oruga, pero ha dejado vacío un nicho ecológico que ahora ocupan otras oruguitas, poco conocidas y que prosperan sin rivales a la vista. La solución es usar más pesticidas, algo que ya sucede en USA y en China, lo que invalida uno de los factores que más utilizan los defensores de los OGM.

Los rendimientos del algodón transgénico bajan en India y también en los Estados Unidos. Es un cultivo complejo, que necesita de una tecnología fuera del alcance de la mayoría de los campesinos pobres. La dependencia respecto de los proveedores de semillas se amplia con una asistencia técnica costosa y permanente, porque las sorpresas son continuas. Por ejemplo, los herbicidas tradicionales empleados en los campos de algodón transgénico ya no funcionan. En Georgia (USA) se producen fenómenos de resistencia masiva y es necesario arrancar las malas hierbas a mano, y después quemarlas para evitar la propagación de semillas, recurriendo a la contratación de mano de obra hispana y barata.


Los OGM, siguen en el punto de mira de los defensores de la naturaleza y ahora están mostrando la cara oculta. Nunca se puso en duda su beneficio inmediato (¡la revolución verde!), pero empezamos a conocer su capacidad de destrucción agrícola, ambiental, social y cultural, a medio y largo plazo.


PESCA Y MEDIO AMBIENTE
Asalto a la Antártida – 1


Hace veinte años, rodaba un documental sobre la pesca española en aguas del cono sur americano. Después de navegar en tangoneros argentinos frente a Comodoro Ribadavia, capturando langostinos, cruzamos hasta Punta Arenas. Allí visitamos las instalaciones portuarias de una gran empresa pesquera, donde nos mostraron el último grito del mercado mundial de peces. El interfecto yacía sobre una gran mesa y medía metro y medio de longitud. Era muy negro, grueso y feo, con ojos grandes y opacos. La piel era viscosa y las aletas flácidas. El gran pez podía tener 50 años de edad y vivía parsimoniosamente en llanuras abisales donde reinaba la oscuridad. Sus carnes no tenían grasas, sino ceras que no se congelaban en el frío extremo de las profundidades.

El pez no tenía un nombre perfectamente definido, pero los japoneses y coreanos empezaban a llamarlo “Mero” (para despistar) y nosotros “Bacalao de profundidad”. Hoy se le conoce internacionalmente como “Toothfish” y como Mero, lo que induce a engaño. Su pesquería tiene un mercado bien establecido y es perseguido por buques especializados en peces de los grandes fondos y elevado valor. Esos peces cuyas poblaciones son tan frágiles, por el lento crecimiento y la complicada reproducción.

El toothfish antarctico o "Mero" (Dissotichus mawsoni) figura
en la Lista Roja de especies amenazadas (Greenpeace), desde 2010.
¡Atención en el mercado y el restaurante a un pescado fileteado o en lomo con el nombre MERO!
No suele tratarse del Mero que conocemos en nuestras aguas.
Es importante analizar la etiqueta y comprobar si procede
de Chile, Argentina, Australia o cualquier nación asiática. 

Ya conocemos al “Mero” y ahora conoceremos a uno de sus depredadores, ya fallecido. Se llamaba “Taruman” y era un buque de pesca grandote que se dedicaba, bajo bandera de Camboya y según las autoridades de Australia, a la pesca ilegal, no regulada y no comunicada (IUU), o pesca pirata, en aguas cercanas a la Antártida. En junio de 2005 fue detenido por un guarda-pescas australiano (El “Vicking Ocean”) y obligado a fondear en el estuario de Macquaire, en Hobart. Sus tripulantes españoles (gallegos), arrestados y sancionados con una multa de 150.000 dólares australianos, anduvieron protestando en la prensa de Galicia contra las injusticias australianas. La carga del pesquero, consistente en varios cientos de toneladas de “Mero” capturado sin licencia, fue confiscada por el Gobierno y vendida por 1,5 millones de dólares.

El "Taruman" azote del Mero, seguido y escoltado por el guarda pescas australiano
 "Vicking Ocean" tras su apresamiento en junio de 2005 por pescar sin licencia

El “Taruman” se quedó anclado en Hobart tres años seguidos, esperando un desguace que nunca llegó por la fuerte caída del precio de la chatarra en esos años de estallido de la crisis. Estaba acompañado en su prisión por otro buque pirata, el “Kape Farvel”, especializado en pescar Pez Reloj (Orange Roughy) de profundidad y había sido apresado por las autoridades de Nueva Zelanda por practicar pesca IUU. En noviembre de 2008, un armador hindú (¡) compró el oxidado “Taruman” por cuatro perras y lo abanderó en… ¡Corea del Norte! Los dos buques piratas salieron de Hobart, uno a remolque del otro, y los dos se hundieron, casi simultáneamente y de forma misteriosa, al oeste de Tasmania. Ahora reposan a 4.000 metros de profundidad.

La del “Taruman” es una de esas historias inquietantes sobre pesca ilegal, con buques abanderados en exóticas naciones y hundidos a destiempo y sin testigos, tripulados por pescadores gallegos en lugares muy equivocados y haciendo cosas feas. Historias de un asalto constante y agresivo a la Antártida y sus riquezas, propiedad del conjunto de la humanidad a través del Tratado Antártico. 

jueves, 26 de abril de 2012


SOMOS LO QUE COMEMOS
Pero,...¿sabemos lo que comemos?

Viajaba ayer en coche hacia Santander, perfectamente empujado desde la popa por la ventolera de la borrasca Petra, cuando, a la altura de Lerma, tuve una especie de “shock”. Escuchaba por la radio la cuña publicitaria de unos grandes almacenes españoles (aunque su nombre despista porque parecen británicos). El locutor tenía el tono alborozado de quien lanza una noticia maravillosa. Más o menos decía así: “¡Como siempre, nuestra pescadería recibe a diario el pescado más fresco y variado, directamente llegado desde nuestras Lonjas! ¡Hoy, el filete de Panga, a cuatro euros y medio el kilo!”. 

La tensión arterial me subió unas décimas. En una simple frase los grandes almacenes españoles de nombre británico me habían lanzado cuatro mentiras, un puñado de desprecio a la inteligencia del consumidor y un insulto al honor de nuestros pescadores. Sentí vergüenza ajena.

Días atrás, un estremecedor documental emitido por la cadena franco-alemana ARTE desvelaba a los ciudadanos europeos las miserias del comercio de ese pescado llamado Panga. Apañado en Vitnam (observen que digo “apañado”, en lugar de criado o producido), el pez de agua dulce denominado Panga llega hasta los arcones del supermercado fileteado y congelado. El documental, que debería calificarse de “interés público” y de obligada emisión en todas las cadenas de televisión de la Unión Europea, era una producción alemana. El equipo de rodaje se hacía pasar por un grupo comercial europeo para adentrarse en el delta del Mekong en busca de las granjas de Panga. Era una pesadilla. 

Panga (Pangasius hypophthalmus). Pez asiático de agua dulce

En las marismas del Mekong, rodeado de poblaciones cuyas aguas fecales vertían directamente al río, se extendían docenas de balsas cargadas de Pangas. Las aguas del gran río, rebosantes de contaminantes humanos,  eran bombeadas a estanques donde los peces, unos encima de otros, morían por docenas. Los cadáveres de Pangas panza arriba se amontonaban por los bordes y nadie se molestaba en retirarlos. El pienso, administrado sin control, se amontonaba y pudría en el fondo de los estanques impregnando el aire de la zona de un olor nauseabundo. El equipo de rodaje, incluidos sus acompañantes vietnamitas, se cubrían la nariz con pañuelos.


El "panga-farming" prospera en China y Vietnam. Europa aumenta
 progresivamente las importaciones de este alimento de baja calidad,
distribuido en comedores y cocinas colectivas.




La cosecha de peces, someramente recogida a paletadas, era truculenta. Las Pangas, evisceradas y descabezadas, eran introducidas en cubas parecidas a hormigoneras llenas de amoniaco para destruir bacterias y dejar la carne convertida en una pasta blanducha y blanquecina de sabor indefinido. La pastiforcia insípida con forma de filete es lo que dan a nuestros hijos en el comedor del colegio, a nuestros abuelos en la residencia y a nuestros enfermos en los hospitales. Hasta la OCU, tan prudente, se ha quejado de esta basura.
Es lo que algunos quieren colarnos como “pescado de nuestras costas y nuestras lonjas”. Otros, con menos escrúpulos, anuncian como "Lenguadina", "Solla" o "Platija" lo que no es otra cosa que Panga. Ellos pagan unos céntimos por la Panga del Mekong que luego pretenden vendernos a cuatro euros y medio, como si fueran merluzas del El Cabo. Nosotros somos tan bobos que compramos ese alimento de quinta categoría, cargado de mercurio, trifluoralina, amoniaco, bacterias, arsénico y antibióticos, despreciando las exquisitas caballas y sardinas frescas del Cantábrico y el Mediterráneo, más baratas, sabrosas y repletas de salud. En incontables ocasiones, se ha solicitado a China y Vietnam que las granjas productoras de Panga con destino a Europa se sometan  a las normas sanitarias de la Unión Europea, pero sin resultado. Alguien se está forrando a nuestra costa. 


La Panga prácticamente carece de Omega 3, pero no sabe a nada y no tiene
espinas. Ideal para niños, ancianos y enfermos.

Pienso en la catástrofe ecológica y sanitaria de la Panga, alimentada con soja transgénica y dopada con hormonas femeninas extraidas de orina de mujeres. Con la cabeza repleta de Pangas, llegando a Burgos me entran ganas de vomitar. Pienso que podría hacerlo encima de algún responsable de compras de los grandes almacenes españoles con nombre británico. Pero la culpa no la tienen los ellos y tampoco los cultivadores vietnamitas que sobreviven gracias a la Panga. La culpa la tiene el consumidor desinformado y analfabeto, convertido en consumidor saqueado y explotado. Hay que espabilar un poco más.

martes, 24 de abril de 2012

PESCA Y MEDIO AMBIENTE
El pachucho Mar del Norte

De todas las áreas marinas afectadas por el Convenio OSPAR, para la protección del medio ambiente marino en el Atlántico Noreste, la del Mar del Norte es la segunda más problemática. La primera, no hay duda, es el Mar Báltico,  encauzado en una senda de axfisia y contaminación que hará de él, como no aprieten las tuercas las autoridades correspondientes, un mar tan "muerto" como el de Galilea. Con todo, el Mar del Norte va bien servido, según los informes emitidos por el citado Convenio internacional.

Rodeado de naciones fuertemente industrializadas, el Mar del Norte padece sobrepesca, amontonamiento de población en sus costas, explotación de graveras que erosionan el litoral,  explotaciones "off shore" de petróleo y gas, eutrofización por acumulación de nutrientes y tráfico marítimo intenso. Hace muchos años, allá por 1970, el Mar del Norte era un rico caladero que suministraba hasta el 5% de las capturas mundiales. En sus aguas abundaban los arenques, bacalaos, eglefinos y lenguados, enriqueciendo a las flotas pesqueras de Noruega y Dinamarca.

El arenque ahumado forma parte de la
cultura danesa, holandesa y alemana. En 1970, la sobrepesca estuvo a punto
de terminar con los stocks del Mar del Norte. Si en 1930, Francia capturaba
50.000 toneladas anuales, en 2011 la cifra estaba en 3.000 Tm 

En la actualidad, las cosas evolucionan lentamente. Los niveles de mercurio, cadmio, plomo, HAP (hidrocarburos aromáticos policíclicos) y PCB (Policloro bifenilos) detectados en áreas costeras siguen siendo inaceptables y lo serán durante siglos, ya que son persistentes. Como muestra, a pesar de haberse prohibido hace 40 años, los niveles de DDT en las aguas del Mar del Norte siguen altos, mientras que aumenta la presencia de compuestos "retardadores de llama" a base de Bromo, llegados al mar a través de la atmósfera, la lluvia y los ríos. 

Los interruptores endocrinos disueltos en el agua (bromatos y PCB) están disminuyendo la fecundidad de algunas especies de moluscos (Murex) y peces (malformaciones genitales), haciendo aún más complicada la recuperación de la pesca. Hace años que no se ven por allí tiburones, ostras planas, grandes bacalaos y atunes. Uno de los contaminantes más extendidos sigue siendo el TBT (Tributilestaño), usado como antiincrustante en los cascos de los buques hasta su prohibición en 2008. A pesar de la erradicación, el TBT sigue acumulado en los sedimentos de estuarios próximos a puertos y en zonas de elevado tráfico de buques.


En su corta vida, el arenque no tiene tiempo de acumular metales
pesados y productos tóxicos. Gracias a las severas medidas adoptadas por
la Unión Europea, el arenque del Mar del Norte se ha recupera, aunque sus capturas están
en la mitad de lo que solía ser habitual antes de la II Guerra Mundial.

¿Qué es lo que mejora? Hay la mitad de fosfatos en el agua y se han reducido algo los nitratos. Hay mucho menos petróleo flotando y llegan menos envases de plástico a las playas. En los años ochenta, la práctica totalidad de las aves marinas del Mar del Norte estaban manchadas con petróleo, mientras que hoy se ven afectadas la cuarta parte. Hay más conciencia cívica y las normas surten efecto. La legislación ambiental europea e internacional está limpiando el mar, eliminando lo más visible y grosero. Desgraciadamente, los químicos van a seguir por una eternidad.