LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

domingo, 24 de febrero de 2013


SOMOS LO QUE COMEMOS
El drama del modelo

Llegan noticias desde Estados Unidos. Dicen que un tercio del pescado que consumen los norteamericanos no se corresponde con las especies anunciadas: pagan por mero y les sacuden tilapia; piden sushi de atún rojo y les encajan solomillitos crudos de patudo o de listado. La estafa también prolifera en Europa, donde el bacalao puede ser eglefino o carbonero (Irlanda y Reino Unido), mientras que los filetes de infecta panga asiática se etiquetan como lenguado o mero (Francia). En España, con una cultura “ictiófaga” (devoradora de peces) bien asentada, el engaño no es tan fácil. Pero eso está cambiando muy, pero que muy, deprisa.


El mercado del pescado no termina de sacudirse la fama de opaco y confuso. Las tinieblas convienen a esa forma de comer basada en la comida industrial y la distribución a través de cadenas de hipermercados y supermercados. El tinglado industrial lleva años perfeccionándose gracias a fuertes inversiones en publicidad, amplios horarios comerciales, “marcas blancas”, ingredientes camuflados dentro de platos precocinados, abundantes aditivos y precios muy ajustados. Pero ese tinglado no funcionaría tan estupendamente si no contara con la inestimable ayuda de los políticos.




¿Otra vez cargando contra la clase política? ¡Qué pesadez! Pues se siente, pero resulta inevitable. Los políticos europeos han decidido, sabiamente aconsejados por los industriales, que no es necesario indicar el “origen” de los alimentos que nos venden. En el caso del pescado industrial (latas) no hace ninguna falta saber de dónde nos viene la “sardinilla” en aceite o el atún “claro". En opinión de los políticos europeos, a los consumidores no nos interesa averiguar si la caballa de nuestra lata es del Atlántico norte (sobrexplotada) o del Pacífico sur (saqueada y casi extinta).


Tampoco tenemos porqué saber si el cerdo con el que está hechas nuestras lonchas de Jamón Cocido nació, creció y murió en Torregrosa (Pla d´Urgell – España) o nos viene de Polonia. Ofrecer tal información debe considerarse como una falta de respeto hacia la industria alimentaria, siempre tan atenta y servicial, incapaz de darnos gato por liebre y célebre por su compromiso de transparencia. Por cierto, como cuando nos mete carne de caballo en lugar de vacuno. En realidad, el escándalo de la carne de caballo que hoy atormenta a media Europa (No a España, más pendiente de otros tormentos) es una consecuencia, evidente,  de la industrialización salvaje de la comida.





Uno de los primeros alimentos en industrializarse fue el de las harinas y sus derivados. Desde entonces, la bollería industrial ha venido ofreciendo a nuestros hijos el camino seguro hacia la diabetes, la obesidad, las caries y las carencias nutricionales. La siguiente en industrializarse fue, desde finales de los años sesenta, la cría intensiva de animales terrestres. La gran industria de pollos, cerdos y vacunos significó el inicio de su engorde masivo en establos cerrados y en condiciones repugnantes, usando hormonas, anabolizantes, medicamentos veterinarios y antibióticos a paletadas, recurriendo al canibalismo al dar de comer a las terneras y las vacas (mamíferos herbívoros y rumiantes desde el día de la Creación) unos polvos y pastillas hechos con cadáveres de otras vacas y terneras, o despojos de ovejas, pollos o peces podridos.


Desde hace unos años se está desarrollando la industria alimentaria de la acuicultura. Para esa industria se anuncia la fecha decisiva del 1 de junio de 2013. A partir de ese día, las doradas, salmones, rodaballos o lubinas podrán ser alimentadas en Europa con piensos a base de restos de pollo o de cerdos. Los políticos europeos, sabiamente aconsejados por los industriales, dicen que será una buena respuesta a la degradación de los océanos, incapaces de generar más materia prima con la que fabricar harinas de pescado a precio competitivo. Harinas de pescado que se han puesto por las nubes.





Durante los próximos meses asistiremos a los últimos coletazos del fraude de la carne de caballo. Este asunto es, en realidad, otra consecuencia lógica de lo que se conoce como la industria del “Mineral de Carne”. Un mineral que no atiende a especies concretas y que emplea todos los huesos, cartílagos, colágenos, tripas, tuberías y grasas de cualquier animal para fabricar una “masa” con la que rellenar pizzas, lasañas, albóndigas, "frankfurt", hamburguesas o canelones. Los establos ya no son granjas, sino fábricas de carne. Los animales que allí malnacen, sufren y mueren no son más que pedazos mercantiles de proteína.


La industria de la carne no solo amenaza nuestra salud y nos mete la mano en el bolsillo con sus opacidades. También ha conseguido alterar nuestra visión de los animales, que han dejado de ser individuos, vivos y sensibles, para convertirse en contenedores de carne picada. No es sorprendente en una sociedad que está rompiendo (prostituyendo) sus relaciones con el resto de la biosfera. Nos hemos apoderado de los recursos del planeta y pretendemos arrinconar en “parques naturales” y “reservas” a los miles de millones de seres que comparten con nosotros la Tierra. Carne de caballo, circuitos internacionales e incontrolados de productos alimenticios, canibalismo contra-natura, fraude y engaño, peces que comen tripas de cerdo,… síntomas de un sistema que termina por afectarnos.




Regresemos a los hipermercados y supermercados, parte integral y básica de la cadena, a la que alimenta y estimula. Las grandes cadenas de distribución no tienen el menor interés en ocuparse de quién, cuándo y cómo se produce la comida que venden. No les interesa saber si un producto ha tenido que cruzar medio planeta, con un coste ambiental y energético disparatado, o si la obtención de un producto destruye bosques, especies y culturas. Les importa un comino que las bandejas y envases donde empaquetan su comida destilen venenos químicos. Lo importante es mantener los márgenes comerciales, aunque sea necesario bajar la calidad del producto, engañar en su composición o, sencillamente, ocultar la identidad e ingredientes bajo nombres llenos de fantasía.


No nos engañemos. El sistema está en su mejor momento y tiene por delante un futuro prometedor. Las familias no pueden prescindir de sus tarifas planas del "smartphone", sus abonos de transporte, los gastos del coche y de los seguros. Tampoco pueden escapar de la hipoteca, de las tasas e impuestos que les atornillan los políticos. Si hay que hacer recortes familiares, pues que recaigan en el supermercado. Con la cultura de la cocina fresca y natural en vías de extinción (recluida en esas Reservas Integrales llamadas Restaurantes), con horarios laborales de esclavitud y con una sociedad de bolsillos vacíos, el sistema de la comida industrial y anónima está arrasando.





Arrasando la antigua y humana red de pequeños comercios de alimentos de calidad, destruyendo empleos y proveedores de confianza. Arrasando y malogrando cualquier intento de reducir la generación de residuos domésticos, desbordando los sistemas de gestión de basuras, fomentando el desperdicio de comida e inundando el entorno con envases y recipientes indestructibles. Arrasando nuestra salud con aditivos y sustancias químicas capaces de envenenarnos ahora y de enfermar a nuestros hijos y nietos antes de que nazcan.


Sobre todo, arrasando nuestra sensibilidad. Para demasiadas personas, el supermercado es el único punto de contacto entre la biofera, el planeta y la naturaleza (los alimentos) con la vida artificial de las ciudades. Es en los hiper y los super donde nos enfrentamos con la perversidad del sistema. Es ahí, entre estantes luminosos, música suave y paquetes multicolores, donde podemos idiotizarnos y dehumanizarnos completamente. O bien, donde podemos reaccionar.





Porque nadie nos va a ayudar a resolver tanta imbecilidad. Mucho menos nuestros políticos decadentes (dijo un magistrado) y nuestros conspicuos empresarios. Solo nosotros, como consumidores, los capaces de romper un sistema autodestructivo e ideado para enriquecer a los de siempre. Empecemos hoy mismo: renuncia a la innecesaria “tableta”  y, con lo que te ahorres en telecomunicaciones idiotas, empieza a comer mejor.


Hazlo aunque sea por motivos egoístas. Si eres hombre, para mantener tus apreciados espermatozoides en buena forma y evitar el cáncer de próstata y de colon que te esperan a la vuelta de la esquina mucho antes de lo que te imaginas. Si eres mujer, para proteger a tus futuras hijas e hijos y para no dar tantas facilidades al cáncer de pecho o de colon que te rondan como buitres. 

miércoles, 20 de febrero de 2013


INTERRUPTORES HORMONALES
Naciones Unidas se pronuncia


Ha tardado más de la cuenta pero, finalmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) vuelve a informar sobre las hormonas sintéticas que nos matan. La OMS, timorata y escurridiza, utiliza el IOMC (Inter–Organization Programme for the sound Management of Chemicals), un organismo de cooperación científica entre diversas agencias de Naciones Unidas, la OCDE y el Banco Mundial. El título del informe es “Evaluación Global sobre Disruptores Endocrinos Químicos 2012” y acaba de ser hecho público.

Desde que la Asociación Europea de Pediatría Endocrina, la Agencia Europea de Medio Ambiente y la propia OMS empezaran a alarmarnos desde 2002 con las substancias químicas que interfieren con nuestras hormonas, han pasado más de diez años. Tiempo suficiente para que la OMS y sus socios de la IOMC constaten algunas novedades recogidas en este nuevo informe:

  • La calidad y cantidad de los espermatozoides humanos a nivel mundial ha descendido. En algunos países, baja una media superior al 40%. 
  • Aumentan las malformaciones genitales en recién nacidos (Cryptorquidia e Hypospadia)
  • Aumentan los nacimientos de bebés bajos de peso y los partos problemáticos.
  •  Aumentan los desórdenes neuronales asociados a la glándula tiroides.
  • Aumenta la incidencia de cánceres hormonales en la población mundial (Pecho, matriz, ovario, próstata, testículo y tiroides)
  • Aumentan los casos de desarrollo mamario precoz y adelanto de la pubertad en niñas, creciendo el riesgo de cáncer
  • Aumenta la obesidad (En 2012 había 1.500 millones de seres humanos obesos)
  • Aumenta la diabetes en el mundo (153 millones de diabéticos en 1980; 347 millones en 2008).

Junto a esta lista de certezas epidemiológicas, con mayor incidencia en las sociedades más desarrolladas, el informe sugiere el protagonismo de los disruptores endocrinos en el asma, la hipertensión arterial, los ictus, el Alzheimer, el Parkinson, las infecciones resistentes y las enfermedades auto-inmunes.


Algunos de los disruptores endocrinos se desprenden de
los plásticos que usamos como recipientes de comida

El informe calcula que unos 800 productos o moléculas químicas fabricadas por el hombre pueden actuar como perturbadores hormonales, pero solo una mínima fracción de esos productos ha sido investigada. Apenas se han estudiado los efectos a medio y largo plazo de los químicos más frecuentes en el comercio y que someten a la población a una exposición global y permanente.

Esa exposición llega a través de los pesticidas de uso corriente, los ingredientes de productos farmacéuticos, en aditivos y contaminantes presentes en los alimentos, en productos de cuidado personal y de cosmética, plásticos, textiles y materiales de construcción. Al atravesar sin problemas las estaciones de depuración de aguas residuales, las substancias pseudo-hormonales pueden estar presentes en el agua del grifo.


Las sociedades más civilizadas ofrecen recipientes de
plástico libres de Bisfenilo A (BPA)

¿Dónde están? Esos venenos son los parabenes (Metilparaben, Etilparaben, Propilparaben, Butilparaben) que encontramos en la pasta de dientes, el champú o las cremas de belleza. Son los BPA (Bisfenilo A) de los policarbonatos y las resinas epoxy que recubren el interior de las latas de conserva, las etiquetas termoimpresas o el papel film de cocina. Son los plastificantes (ftalatos) y retardadores de llama disueltos en botellas de agua o refrescos y los objetos de uso corriente, como salpicaderos de coches, ordenadores, moquetas, fundas de asientos o recipientes plásticos para comida.

¿Qué hacer? La erradicación de otras substancias peligrosas ha funcionado. Basta recordar el DDT, el plomo de las gasolinas, el amianto, el pesticida Clorpyrifo o el Tributylin usado en la pintura de los buques. Ahora, los consumidores se enfrentan a substancias que penetran en sus hogares escondidas en la bolsa de la compra, para terminar en su cocina, en sus platos y en el cuarto de baño. La única protección es lograr erradicar estos venenos de la industria química internacional.

Los gobiernos saben que los disruptores hormonales amenazan a la especie humana porque destruyen a nuestro sistema reproductivo. Saben que la plaga del cáncer está alimentada con basura química. Detrás de esa basura están las empresas químicas y las industrias. Prohibir una sustancia que mata o enferma molesta a las industrias porque las obliga a cambiar sus procedimientos. Estamos ante un delito tipificado como “crimen consentido y organizado” contra el derecho a la vida y la salud de las personas. Esto se nos va de las manos y los jueces deberían empezar a decir algo.

miércoles, 13 de febrero de 2013


CRISIS ENERGÉTICA
Derrumbe en Chernobil


El desplome esta semana de una parte del sarcófago que recubre la destruida central ucraniana nos viene a recordar pasados eventos nucleares y sus perspectivas más recientes. El de Chernobil, celebrado el inolvidable 26 de abril de 1986, es el más luctuoso que se recuerda, sin mencionar los de Nagasaki e Hiroshima en 1945. 

Los científicos y tecnócratas soviéticos anteponían el progreso y el desarrollo a la protección del medio ambiente y de sus criaturas. Es una forma de pensar y actuar que coincide con las recientes políticas de China, literalmente envenenada por su industria y desfigurada por sus infraestructuras Con esta ideología marcando el paso, la torpeza humana cometida durante un ensayo rutinario en Chernobil hizo volar por los aires las 2.000 toneladas de acero y hormigón que recubrían el reactor nº 4 de la central.


El actual sarcófago de Chernobil, insuficiente y deteriorado

El balance fue el que conocemos. Radiación proyectada a 1.200 metros de altura; 12.000 millones de bekerelios puestos en libertad instantánea; 100.000 kilómetros cuadrados contaminados y prohibidos (“La Zona”); 600.000 liquidadores trabajando a cuerpo limpio, vomitando y soltando la piel a tiras; 16.000 muertos de cáncer (estimados); y 5.000 toneladas de arena, arcilla, boro y plomo vertidas sobre el núcleo para tratar de taponar la salida de la radiación. Que nadie piense que Chernobil está apagado y muerto: el reactor se encuentra al rojo vivo, descontrolado aunque contenido a duras penas y dispuesto a seguir emitiendo radiación mortal durante varios miles de años. Lo único que somos capaces de hacer es encerrarlo en una poderosa cueva para que no termine por devorarnos. Una cueva que se fisura y se derrumba.


La sala de control, desde donde se originó el accidente, hace unos meses.

Desde hace unos cuantos meses, empresas francesas construyen el nuevo sarcófago que cubrirá Chernobil. Más fuerte y más grande para dominar a la bestia. Cuando lo terminen será un tosco monumento a la tecnología del siglo XX que, como las pirámides de Cheops, Kefrén y Micerinos,  legaremos a la posteridad. Solo que las pirámides son inertes y Chernobil mata. Entre tanto, el prestigio de la energía nuclear para usos pacíficos está en sus momentos más bajos.

En abril se cumplen 26 años desde que un individuo con bata blanca pulsó la tecla equivocada en el panel de la sala de control de Chernobil. Los occidentales señalaron que el accidente era fruto de la basura técnica soviética y del incompetente sistema estatal comunista. No les faltaba cierta razón. A nosotros no nos pasaría jamás nada parecido, aseguraban con suficiencia estúpida. Hasta que llegó lo de Fukushima y casi todos comprendimos que a nosotros también nos podía pasar cualquier cosa, fruto del descontrol capitalista y de la incompetencia empresarial.


Aspecto que tendrá el nuevo sarcófago al concluirse

Japón, Suiza, Alemania y Bélgica han puesto fecha de salida a la aventura nuclear. Francia anuncia que en el año 2025 su energía eléctrica de origen nuclear pasará del actual 75% al 50%. Los defensores de esta fuente de energía han venido esgrimiendo últimamente dos grandes razones para su mantenimiento: Uno, no emite carbono. Dos, es barata. La  tercera y vieja razón, ”es una energía segura”, ha sido ya borrada del discurso por un tsunami nipón.

El más reciente argumento de defensa era de índole económica. Los “nucleares” afirmaban que es mucho más caro abandonar (salir) la energía nuclear que permanecer en ella. Tenían puestas todas sus esperanzas en los nuevos reactores EPR (European Pressure Reactor) que Francia intenta poner a punto. El resultado es decepcionante. El presupuesto del EPR de Francia, en Flamanville, era de 3.300 millones de euros al comienzo de los trabajos en 2007. En el año 2012 llevaban gastados 8.500 millones de euros. El EPR de Finlandia sigue el mismo camino. La rentabilidad ha desaparecido y nadie comprará ese reactor, a precio de oro de 24 quilates con incrustaciones de diamantes como garbanzos.


Aspecto de las obras del EPR en Flamanville (Francia) en septiembre de 2012.
Las dos cúpulas grises y los edificios negros a ellas enfrentadas son los viejos reactores preexistentes.
El EPR se ubica a la izquierda del complejo.

La energía nuclear es demasiado cara y lo será aún más, porque las exigencias en seguridad crecen con los refuerzos, redundancias, paradas, vigilancia o extracción de uranio en parajes tan problemáticos como Níger. Es demasiado arriesgada porque, en caso de accidente, sus efectos duran milenios y no hay garantía de seguridad total. Es demasiado sucia porque sus residuos son casi eternos y contaminarán a cientos de generaciones de seres humanos. Es demasiado problemática porque no es aceptada por amplios sectores de la población. No hay cifras exactas sobre la totalidad del coste económico que supuso la explosión de Chernobil.  Sabemos que el nuevo sarcófago tiene un presupuesto de partida cifrado en 1.500 millones de euros que, a la vista de los recientes acontecimientos, puede fácilmente multiplicarse.

Sobre todo, aumenta la certeza de que la energía nuclear, su mantenimiento a ultranza, bloquea y absorbe ingentes cantidades de dinero que podrían usarse para desarrollar energías alternativas. Por ejemplo, para desarrollar la energía solar fotovoltaica o térmica, o bien para la prometedora energía geotérmica de profundidad. El problema es nuestra obsesión por quemar carbono, que las energías "democráticas" y autosuficientes asustan al poder y que fuertes intereses particulares emponzoñan el debate nuclear.

viernes, 25 de enero de 2013


MAQUILLAJE  PERVERSO
El exfoliante destructor



Queridídimas amigas. Una vez a la semana debéis aplicaros una capita de crema exfoliante, de  buena marca, desde luego. La extendéis por todo el cutis con un suave masaje. La crema desprende y arrastra las células muertas confiriendo a nuestra piel brillo y resplandor renovados. También, queridas amigas, debéis pensar en vuestros maridos, novios y compañeros, que deben cuidarse y emplear exfoliantes masculinos para conservar ese aire dinámico y joven que tanto os gusta. No olvidéis que no hay nada tan espantoso que mostrar dientes amarillentos en vuestra sonrisa. Para combatirlo, hay que cepillarse los dientes varias veces al día con una pasta dental blanqueadora con efecto ligeramente abrasivo.

Desde la antigüedad, las mujeres se han frotado la piel con piedra pómez, sal marina, arena fina o paños algo rugosos y enjabonados.  El cutis quedaba pelado y escocido, pero se aguantaba estoicamente porque la piel rejuvenecía. Como tratamiento exfoliante intenso, se usaban mascarillas de ácidos abrasivos (peeling) como el glicólico, el salicílico, el láctico o el cítrico (frutas). Más  violento y radical, desde finales del siglo XX se usa el rayo láser que actúa como el soplete de un fontanero y se lleva por delante hasta las manchas, causando quemaduras que las bellas mujeres soportan con una gran sonrisa.


La "nanotecnología" ha permitido crear estas
diminutas bolitas de plástico usadas como exfoliantes de belleza

Desde hace unos años, los infatigables laboratorios de cosméticos han dado con un abrasivo nuevo: los microgranos (microbeads) inferiores a 1 milímetro de diámetro y hechos con Polietileno (PE), Polipropileno (PP), Polietileno Tereftalato (PET) o Polietilmetacrilato (PMMA). Las diminutas bolitas de plástico, incorporadas a una crema hidratante, se frotan contra la piel y hacen efecto de arrastre desprendiendo las células muertas. Una vez cumplida su misión, esas bolitas se van por los desagües tan ricamente, y aquí paz y después gloria (el cutis como culito de bebé).


Durante años, la presencia de micropartículas de plástico
en cremas exfoliantes no ha sido publicitada por las marcas.
No obstante, su acción puramente mecánica es siempre preferible a
la agresión química de exfoliantes enérgicos. Pero el problema no estaba
en la piel, sino en el océano.

Lo malo es que trillones de microgranos corretean por las alcantarillas, atraviesan la estaciones de depuración (EDAR) sin saludar, navegan por los ríos y llegan al mar donde perduran por años. Allí son ingeridos por toda clase de especies marinas, como mejillones filtradores y pequeños peces que piensan que engullen rico plancton. El plástico se acumula en sus aparatos digestivos, los bloquea y los mata. Los pequeños peces son devorados por peces más grandes que van también acumulando los exfoliantes de las bellas damas y de los coquetos caballeros.

La ONG holandesa De Nordzee  (El Mar del Norte) ha analizado, junto con otras organizaciones ambientalistas y científicas, muestras de peces en aguas del Mar del Norte y del Canal de La Mancha. El resultado es que 1 de cada 3 peces contenía residuos plásticos en sus vísceras, especialmente “rayón” (fibra sintética de nuestra ropa), partículas de botellas de polietileno y los microgranos de la cosmética.  La contaminación empieza a ser masiva e imparable, ya que docenas de marcas siguen añadiendo los granitos en sus formulaciones de abrasivos y exfoliantes.


Otra manera de difundir en la naturaleza plásticos que
matan a peces y aves: la imbecilidad de tapizarse las uñas de bolitas

Esta misma organización desató una campaña europea contra el empleo de esta estúpida e innecesaria amenaza para los ecosistemas marinos. La lista de empresas y productos que usan los microbeads es larga. Desde Beiersdorf (Nivea) hasta Estèe Lauder (Clinique), pasando por L´Orèal (Biotherm, Vichy), Avene, Procter & Gamble (Clearasil), Keyline, Ada, Bourjois, Johnson & Johnson (Neutrogena), Colgate Palmolive o Yves Rocher. Los meten en cremas de cara, gel de baño, jabones y champús. También se emplean en pasta de dientes blanqueadora, como hace GlaxoSmithKline en su marca Sensodyne, así como Colgate con el Max White. Todas ellas firmas de altos vuelos y que se llenan la boca de glamour y prestigio.


Mensaje de la campaña contra la Sopa de Plásticos que ahoga el océano.

La reacción es lenta, pero empieza a dar resultado. Este pasado mes de enero, la firma Unilever ha tomado la decisión de erradicar los microgranos de sus productos estrella, como “Dove”. Pretende poner fin a esta práctica antes de 2015. Veremos si es seguido por otras empresas.

Para las Queridas amigas con escrúpulos ante la idea de expandir por los mares las bolitas plásticas asesinas, existen alternativas. De momento, es posible consultar los cosméticos que tienen microgranos, agrupados en  tres diferentes listas: verdes (sin plásticos), amarillos (con dudas) y rojos (repletos de microbeads).

martes, 22 de enero de 2013


HAMBURGUESAS DE CABALLO
Crisis alimentaria


Los grandes organismos internacionales, ONGs y medios de comunicación llevan años debatiendo los motivos y las consecuencias de la crisis alimentaria. Una crisis impulsada por la demografía, el injusto reparto de los recursos y la especulación mercantilista. Que aparezca una mezcla de carnes de caballo, cerdo y vaca en unas cuantas hamburguesas de Irlanda y del Reino Unido, es una derivada lógica de esa crisis y no es nada sorprendente, a poco que se analice fríamente la situación.

Primera cuestión: hamburguesas 100% de vacuno
En el año 2008 los precios del cereal se dispararon en todo el mundo. La ganadería de vacuno, básicamente alimentada con maíces y sojas, experimentó un alza de precios que aún se mantiene. El resultado es que, si en 2006, en el Reino Unido el kilogramo de vaca costaba 2,40 €, ahora está en 4,50 €. ¿Es posible seguir ofreciendo hamburguesas 100% vacuno al módico precio de 1,- € ? Es posible, aunque crecen los juegos malabares en los ingredientes.




Uno de ellos, posiblemente el más honesto, es utilizar hasta la última célula del cuerpo de una vaca. Desde las pezuñas hasta los cuernos y el rabo, pasando por las ubres. El máximo aprovechamiento se consigue fabricando, con todos los despojos, proteínas concentradas (Trasglutaminasas - Pink Glue), y usando los pellejos de los animales (Boiled HideDRIND – piel deshidratada). También se pueden añadir aditivos humidificadores que conservan agua en la hamburguesa, vendiendo ese agua a precio de carne. Cuando el uso exhaustivo de la vaca resulta insuficiente para mantener el mítico 1,- € por hamburguesa, empieza a ser complicado anunciar que la hamburguesa es 100% vacuno.

Segunda cuestión: la hamburguesa como mezcla de carnes.
¿Es malo para la salud comer hamburguesas fabricadas con una mezcla de carnes? Indudablemente no. Con la carne de caballo a 2,20 € el kilo, sería la forma de ofrecer hamburguesa a precio asequible para personas con pocos recursos. Solamente debe anunciarse imperativamente al consumidor semejante compuesto, para evitar el engaño comercial y, sobre todo,  los conflictos religiosos. Lo  importante es garantizar que las carnes mezcladas, de vaca, caballo, cabra, cerdo o de cualquier otra cosa, estén perfectamente controladas y reguladas en su trazabilidad.




El problema actual es que, aunque la raza equina también acaba en el matadero, sus carnes no suelen tener los mismos controles veterinarios y normas a los que están sometidas las vacas y otras especies que nos comemos. De ahí que el analista del laboratorio del West Yorkshire británico, M. Duncan Campbell, afirme que es imposible garantizar la salubridad en hamburguesas confeccionadas con un 29% de carne de caballo de procedencia incierta, ya que falla la trazabilidad por incapacidad del sistema.

Tercera cuestión : ¿el control es suficiente?
Saltarse los controles de seguridad alimentaria está siendo cada vez más fácil y la prueba es la polémica de las hamburguesas con caballo. En una Europa de recortes presupuestarios, cuando hasta la sanidad humana deja de ser una prioridad, la sanidad animal y sus inspecciones bajan la guardia. En el Reino Unido, el presupuesto del Gobierno destinado a medios de control e investigación en materia de alimentos ha pasado desde los 253 millones de euros de 2012, hasta los 166 millones previstos para 2014. Además de que los inspectores disponen de menos medios materiales, desde 2009 se han eliminado 743 empleos en este sector de la administración. 

Conviene recordar que la presencia de ADN de caballo y cerdo en las hamburguesas fue detectada por la autoridad alimentaria irlandesa, pero escapó a los "relajados" controles británicos. A los recortes se suma la ideología conservadora neoliberal imperante en el Reino Unido, uno de cuyos sagrados principios es desreglamentar la economía en todo lo posible, para que sean los “mercados libres” quienes se autoregulen.


Establecimientos  involucrados en la venta de hamburguesas
 conteniendo carne de caballo, en Irlanda y el Reino Unido

En España se dan las ideales circunstancias para que el día menos pensado tengamos una ridícula sorpresa en las hamburguesas que venden los supermercados “low cost”. Por un lado, y al igual que en el Reino Unido, la ideología gubernamental es neoliberal y aborrece las normativas encorsetadoras. Por otro lado, los fuertes recortes presupuestarios afectan a todas las administraciones españolas, incluidas las dedicadas a la seguridad alimentaria. Con el agravante de existir una mayor fragmentación burocrática por las competencias transferidas a las Comunidades Autónomas.

En esta coyuntura, la crisis alimentaria y veterinaria se solapa con la crisis económica. Para el consumidor en paro o con ingresos reducidos, conocer el exacto origen y composición de las carnes de su hamburguesa es una pérdida de tiempo y una extravagancia. Lo importante es ofrecer proteínas de bajo precio a la familia. Pero se debe exigir que esas proteínas estén rigurosamente controladas. Es hora de abandonar esa insistencia del 100% “carne” de vaca, cuando suele ser 100% “cuerpo” de vaca. Un debate muy diferente es que cualquier clase de hamburguesa barata ayude a crear obesos, diabéticos y cardiacos.

martes, 8 de enero de 2013


MADRID  IRRESPIRABLE
Medio millón de víctimas


La Unión Europea calcula en 500.000 el número de sus ciudadanos que morirán a lo largo de este año de 2013, de forma prematura, a causa de la contaminación atmosférica. Son muchos y no están repartidos de forma equilibrada, ya que en algunas ciudades europeas la esperanza de vida se reduce hasta en dos años, mientras que en otras se cifra en unos días. Barcelona y Madrid se encuentran entre las más desfavorecidas.

Estamos ante unos hechos tan extraños que producen inquietud y escalofríos. Desde que la American Hearth Association (Asociación Americana del Corazón)  estableciera sin género de dudas la relación causa - efecto entre las micropartículas que emiten los motores Diesel y la morbilidad y las enfermedades cardiovasculares, demasiados políticos parecen estar paralizados por la indiferencia o por el pánico. El primer número del año 2013 del Boletín Semanal Epidemiológico (BEH Nº 1 y 2 - Organización Mundial de la Salud), dedica su editorial y un amplio artículo a la epidemia de muertes alimentada por la mala calidad del aire.

Para el BEH, sin una política mucho más radical, más enérgica y global, la población seguirá expuesta a graves daños para su salud y a una muerte adelantada de forma absurda. Incluso los niveles “permitidos” en las normas europeas son excesivos y mortales a medio y largo plazo. Las horquillas de tolerancia son, al parecer, inaceptables. Y si las normas cumplidas a rajatabla nos enferman, permitir que sean transgredidas sin que se produzca una reacción resulta insoportable. Estamos ante una dejación que afecta a la salud y a la vida.


Contaminación en el Paseo de la Castellana (Madrid), en enero de 2013

El año 2013 ha empezado sucio para Madrid. Con el anticiclón estancado sobre la península ibérica, los índices de contaminación atmosférica en la capital de España se están disparando. Desde el 3 de enero, al menos cuatro estaciones de medición han registrado cifras por encima de los 200 microgramos por metro cúbico de Dióxido de Nitrógeno. En una de las estaciones (Plaza Elíptica) se acaban de registrar 306 microgramos/metro cúbico. En la instalada en el populoso barrio de El Pilar, el límite se ha sobrepasado en cinco ocasiones en estos últimos cinco días.

¿Alarma entre las autoridades municipales y sanitarias? ¿Restricciones al tráfico en las áreas sensibles? El silencio es atronador. La señora alcaldesa de la capital se encuentra en Lausanne, presentando la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos de 2020. Una ciudad cuyos habitantes, (según la encuesta publicada por la Comisión Europea en 2010,) opinaban en un 85% que la contaminación del aire urbano era asunto muy grave (39%) o bastante grave (46%). Lo peor, sin embargo, no son los óxidos de nitrógeno o de azufre. Lo más grave es el abrumador porcentaje de automóviles que quema gasoil y que emite las cancerígenas partículas PM 10, PM 5 y PM 2,5.


Gráfica del infome  Aphekom  (2011) de 25 ciudades participantes en el
estudio. A la izquierda, la media por ciudad de las Partículas PM 2,5. Todas las ciudades,
salvo Estocolmo, superan el nivel máximo propuesto por la OMS (10 microgramos por metro cúbico). A la derecha, meses de vida que ganarían los habitantes de las ciudades estudiadas, en caso de cumplir con los límites propuestos. Los barceloneses ganarían más de un año de esperanza de vida (13,7 meses)

En verano llega el ozono, elemento contaminante más frecuente y notorio en las proximidades del aeropuerto de Madrid - Barajas, justamente donde se levantan el estadio y la Villa Olímpicos. El ozono troposférico de Madrid causa problemas pulmonares, además de afectar a ojos, riñones y cerebro. Como anécdota complementaria, el ozono produce necrosis en los vegetales, frenando la función clorofílica y desembocando en bajos rendimientos para los cultivos. 

Alguien se preguntará qué planes tiene Madrid para reducir la contaminación de su atmósfera. La respuesta es NINGUNO. El anterior Plan caducó el 31 de diciembre de 2012 y no existe otro para reemplazarlo. Sin embargo, la Comisión Europea acaba de conceder otro año más de moratoria a Madrid para que solucione su grave problema, antes de llevarla a los tribunales. Quiere decir que a lo largo de 2013 Madrid podrá rebasar tranquilamente los límites de contaminantes.  



Estación de medición de la contaminación atmosférica del barrio de El Pilar
en Madrid. El logo en la parte superior izquierda del cajón recuerda que el artefacto
fue financiado por el Fondo de Cohesión de la Unión Europea (85% del coste). Para la función
que realiza, lo mejor sería desenchufarlo. Así no consumiría energía eléctrica y dejaría de alarmarnos. 

La inoperancia, la desidia, la debilidad y la complicidad de la Unión Europea en materia de indefensión de los ciudadanos es ya un paradigma. No es de extrañar que aumente el euroescepticismo entre muchos ciudadanos comunitarios, y no solamente en el Reino Unido. Las conclusiones del informe Aphekom, elaborado entre junio de 2008 y marzo de 2011, con los datos de la calidad del aire en 25 ciudades europeas, siguen siendo descorazonadoras. Merece la pena hojearlo para así calcular cuántos años de vida están escamoteando a nuestros hijos algunas autoridades indolentes. Si el lector piensa que las posibles soluciones son imposibles de aplicar (las restricciones al tráfico privado, el fomento del transporte colectivo, peajes urbanos, carriles bici), tiene los ejemplos de California, de Canadá y del norte de Europa, donde políticos y autoridades respetuosos con la vida humana están paulatinamente reduciendo la mortalidad de los ciudadanos por contaminación del aire.

lunes, 7 de enero de 2013


PESCA SOSTENIBLE
Latas certificadas


Hace un siglo, en las despensas de los hogares occidentales se guardaban comestibles de larga duración como legumbres, embutidos, quesos, aceites o vino. El único producto marino que soportaba el paso de los meses en las oscuras despensas era el reseco bacalao en salazón. Hoy día, no hay cocina que no almacene las pequeñas latas de atún.

Las conservas herméticas, en escabeche, en aceite o al natural de túnido se han convertido en uno de esos alimentos de base. Es un producto que vale para todo: desde aportar proteína a una ensalada verde, hasta rellenar canelones, empanadillas o una simple tortilla. Los sándwiches de mayonesa mezclada con atún son la dieta casi diaria para millones de trabajadores y las flotas pesqueras persiguen a los bancos de túnidos por todos los océanos templados y tropicales del planeta.


Los supermercados Sainsbury´s son de los primeros en
ofrecer conserva de atunes capturados de forma sostenible

La cadena de supermercados británica Sainsbury´s, la tercera en importancia del Reino Unido y con más de mil centros, acaba de reforzar su política ambiental con nuevas latas de atún certificadas. Hace tiempo que la cadena comercializa latas de Albacora (Thunnus alalunga – Atún blanco o Bonito del Norte) con el sello MSC (Marine Stewardship Council). Se trata de una veterana etiqueta que garantiza que el producto ofrecido al consumidor, ya sea un pez o una almeja, ha sido obtenido en una pesquería sostenible. El MSC certifica actualmente a 144 pesquerías de todo el mundo, afectando a medio centenar de especies marinas.


Antes de lanzar sus latas de Listado certificadas por el MSC, la cadena disponía de atunes en conserva capturados "One by one - Uno por uno, utilizando anzuelos"

Esta vez, y a partir del 1 de enero de 2013, Sainsbury´s ofrecerá a sus clientes latas de Listado (en inglés Skipjack – Katsuwonus pelamis) luciendo el certificado MSC. Si algún lector se pregunta qué es eso del “Listado”, debe saber que es la especie de túnido más utilizada para rellenar las latas de atún claro que invaden los estantes en los grandes supermercados. El Listado con certificado MSC no procede del mercado globalizado, sino de una pesquería sostenible practicada en las Islas Maldivas que los captura, de uno en uno, mediante anzuelo. Ya saben que las Maldivas son esas islas del Índico, esparcidas entre India y Yemen, que se tragará el mar en cuanto suba de nivel un par de metros. Esas islas pobladas por personas a las que hay que echar una mano.


"Fish and chips" de Sainsbury, s  certificada MSC

Pues si hay que traer los Listados desde las Islas Maldivas, con un considerable coste energético en transporte, alguien dirá: ¡menudo negocio y menuda sostenibilidad!  ¿Y de dónde se piensan que llegan todos los túnidos tropicales? ¿Acaso del golfo de Cádiz? Llegan, mayoritariamente, del Índico y del Pacífico. Al menos, en los Sainsbury´s podemos ser un poco más responsables a la hora de pescar atunes.

España, gran nación pesquera, lleva todo el retraso del cosmos en esto de los certificados de sostenibilidad pesquera. De momento, el MSC únicamente certifica en España la pesquería del bacalao del Mar de Barents, comercializado por una empresa gallega. Están en estudio algunas pesquerías de navajas en la Ría de Pontevedra (Bueu) y las de almejas y berberechos de la Cooperativa de Arousa. Les diría que si, de verdad, le gustaría añadir a su ensalada peces explotados de forma sostenible y en aguas españolas, pusieran en su carrito de la compra unas cuantas latas de Caballa del Sur, en lugar de las clásicas latas de atún claro tropical.


Pescadores de Maldivas atrapando Listados del Índico con el mismo sistema que usan los vascos y cántabros para capturar el Bonito del Norte en el Cantábrico  (anzuelo y cebo vivo)

Pero no se lo recomiendo con fervor. Ni siquiera con desgana. La mayoría de las latas de Caballa del Sur proceden de pesquerías brutales, tipo saqueo,  practicadas por superarrastreros pelágicos de enorme potencia en aguas del Atlántico y del Pacífico. Hace unos meses, en el Parlamento Europeo se intentó obligar a que las latas de conservas identificaran la especie de pez enlatada y su exacta procedencia. Lamentablemente, la mayoría de nuestros europarlamentarios (muchos españoles) se opusieron a esa identificación, alegando "engorros" y "complicaciones" para la industria conservera y pesquera, además de mencionar, con cinismo, la ausencia de interés por parte del consumidor. 

Esa es la política de Información al Consumidor de nuestra querida Europa Mercantil. Siguen convencidos de somos idiotas.