LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

miércoles, 20 de marzo de 2013


CHINA DEVASTADA
La historia paralizada


Trece mil cerdos, adultos y lechones, flotando en el río Huangpu a su paso por la orgullosa Shanghai. El cuarenta por ciento de los ríos chinos gravemente contaminados por 20.000 industrias petroquímicas y textiles sin control. La Unión Europea y el FMI tratando de confiscar los ahorros de los ciudadanos de Chipre. Miles de ciudadanos británicos muertos en hospitales públicos por la desidia y los recortes en los presupuestos. En nuestra España, jueces obligando a reabrir las Urgencias médicas de unos pueblos para proteger la vida de los más débiles. Jueces exigiendo la reforma de la Ley Hipotecaria y sus cien años de abusos. También en España, eliminación de ayudas para el programa de transplantes, en lugar de eliminar asesores y políticos parásitos.

Las miserias económicas, sociales y ambientales que hoy azotan el mundo no parecían tan evidentes hace treinta años. Pero con la caída del muro de Berlín desaparecieron los antagonismos políticos en el planeta. Decía el ideólogo preferido del Tea Party, mister Francis Fukuyama, en su libro “El fin de la historia” (1992), que tras la desaparición del malvado comunismo solo imperaban en el mundo el neoliberalismo y la economía de mercado. Dos ideas, dos doctrinas que, en su opinión, representaban la forma más justa de organizar la política y la forma más eficiente de organizar la economía. Justicia y eficiencia: el paraíso ¿Qué queda del sueño de Fukuyama?


Basuras flotando en un rio de Wusan (China)

Quedan los hechos: la debacle financiera por la estupidez del sistema, la rapiña, el saqueo y la corrupción, la injusticia social, el desempleo y empobrecimiento de las poblaciones, la degradación ambiental y el cambio climático. La supuesta eficiencia del neoliberalismo y de los mercados se ha cimentado sobre una colección de mentiras repetidas, hasta la náusea, a una población que los banqueros y políticos consideran imbécil. En algo tienen razón: el sistema es extraordinariamente eficiente para los bolsillos de directivos, grandes accionistas, corporaciones y políticos asociados en ese mecanismo bautizado como “la puerta giratoria”. Para la mayoría de las poblaciones el neoliberalismo representa justamente lo contrario, ya que no es otra cosa que el capitalismo más vulgar.

La pregonada eficiencia consiste en deslocalizar empresas hacia naciones pobres para aumentar los beneficios empresariales. Detrás quedan fábricas y oficinas desmanteladas, el desempleo, la basura que generaron y que ahora tenemos que limpiar porque, con su mágica eficiencia, el neoliberalismo ha “socializado” el problema de sus residuos y de su contaminación. Las empresas que deciden quedarse en el país ponen la condición de reducir empleos, con más horas de trabajo y por menos sueldo. Todo eficacia.


Vertidos de industria textil en el Río Amarillo (¡) a la altura de Lanzhou (China)

El neoliberalismo empresarial también escapa para evitar las leyes ambientales de las sociedades democráticas y civilizadas. Porque no hay peor enemigo para las normas ambientales que las empresas y sus políticos asociados. Tan sólo contemplan con simpatía al medio ambiente si le encuentran utilidad para lavarse la cara y atraer a los consumidores y votantes más ingenuos. 

Los que deslocalizan, una vez llegados a los países pobres prometen lo de siempre: somos el crecimiento, la riqueza, la justicia y la máxima eficacia. Pero antes de instalarse exigen desgravaciones fiscales y subvenciones. Exigen libertad para esparcir sus desechos por el aire, los suelos y el agua, destruyendo el entorno del país y agrediendo la salud de sus trabajadores. Exigen desregulación de normas laborales para despidos y salarios miserables. Piden desregulación financiera para manipular y desviar fondos a su antojo. Lo hicieron durante la época colonial y lo siguen haciendo con el nuevo colonialismo practicado en China, India, Bangladesh o en la misma España (Eurovegas).


Proliferación de algas, eutrofización y anoxia en el río Hangian  (China)

Hace pocos años, cuando la burbuja inmobiliaria parecía un lejano nubarrón en el horizonte, el informe anual de la entonces mayor empresa inmobiliaria de España que cotizaba en Bolsa (hoy en quiebra) se desnudaba. En la reflexión final sobre planes de futuro, la empresa se quejaba de las “contrariedades ambientales” que encontraba en España, al no poder construir por todas partes y de cualquier manera, sin cortapisas. Sugería eludir las reglas de la sociedad española y europea, deslocalizando el negocio inmobiliario hacia naciones más permisivas, como eran los países del Este que todavía no habían entrado en la Unión Europea.

Cuanto más puro es el neoliberalismo y más se recurre a los mecanismos de los mercados, más desigualdad se crea, menos empleo se genera y de baja calidad, más basura y contaminación se produce, más beneficios ingresan los directivos ¿Hay solución? Posiblemente se puede regresar de la actual dominación neoliberal, pero no está en manos de los políticos ni de los partidos tradicionales, ya que no existe un verdadero antagonismo político. No existe "política" y los partidos están huecos. Si no hay posibilidad de hacer otras políticas e imaginar otras formas de gobierno, solamente quedan los jueces, los consumidores y los votantes. 

Contaminación minera y siderometalurgica en el río Yangtze (China)

Ayer, 19 de marzo de 2013, el Telediario de una cadena nacional abría sus noticias con asuntos judiciales: el proceso al ex - tesorero del Partido Popular, el proceso al yerno del Jefe del Estado, el proceso al máximo responsable de un partido regional, el proceso a políticos de la Junta de Andalucía y un ex-ministro socialista, el proceso al torero que mató a un ciudadano por conducir supuestamente ebrio. La respuesta al neoliberalismo depredador está en manos de los jueces.

¡La política está “judicializada”! claman los políticos, exasperados ante esos tribunales que paralizan sus proyectos destructores del medio ambiente, que bloquean su carrera como ladrones o que detienen sus intentos de implantar normas abusivas contra los ciudadanos. La respuesta neoliberal ante la Justicia es entorpecer el acceso a la misma, implantando Tasas Judiciales que disuaden al ciudadano agredido. En caso extremo, la respuesta es apartar de su puesto a jueces excesivamente combativos. En Italia llegaron a ponerles bombas.   

La solución también está en el consumidor y en su capacidad de elegir, despreciando los bienes y servicios ofrecidos por las empresas y corporaciones que deslocalizan, contaminan, despiden trabajadores para ganar más y acogen a políticos cómplices en sus plantillas. Está en los grupos ciudadanos que, como el movimiento italiano 5 Estrellas o el español 15 M, buscan otras formas de hacer política y otra manera de proteger el medio ambiente y los escasos recursos naturales. 
El autobús va sin frenos y cuesta abajo. El conductor y el revisor están a punto de saltar en marcha, llevándose la recaudación. 

domingo, 17 de marzo de 2013


LOS PLÁTANOS DE “MERCADONA”
Comercio a la valenciana


Una cadena de supermercados anglosajona acaba de dar una alegría a las Islas Canarias. Desde hace unos días, todos los plátanos vendidos en los supermercados ASDA dejarán de llegar desde América Central o el Caribe, porque  serán canarios. Es la primera vez que una nación europea, salvo España y Portugal, comercializa el plátano de Canarias. La decisión de ASDA no ha sido sencilla porque han entrado en confrontación razones sociales y razones ambientales, triunfando las últimas.

No se puede seguir explicando el caso sin antes decir cuatro cosas acerca de esta fruta. Un simple plátano es una joya tropical y energética, consumida por todas las culturas mundiales. Aporta una media de 140 calorías, vitamina C y vitamina B6, potasio en abundancia y fibra. Disfruta de un sólido envase natural, maravillosamente diseñado por la naturaleza para salvaguardar la máxima higiene y ser fácil de eliminar sin necesidad de herramientas. Además, no precisa de invernaderos, crece todo el año, no pide tierras fértiles y se conserva largo tiempo. Sus únicos inconvenientes son la gran distancia entre las zonas de producción y los centros de consumo, sin contar con las multinacionales explotadoras, sobre todo en América Central, y su feo historial de explotación y complicidad con golpistas y paramilitares. Cosas de “Repúblicas Bananeras” y de las multinacionales norteamericanas como Chiquita (Colombia) y United Fruits  Co. (Centroamérica).


El cultivo del plátano en Centroamérica tiene un historial de explotación
laboral y golpismo que ahora trata de superar.

Aunque en España no se comprenda ni se divulgue, más allá de los Pirineos hay supermercados que se preocupan por el origen de los productos que venden. Mientras que unas venden caballo metido en las lasañas, panga amoniacal y peces de profundidad sobreexplotados,  otros se toman la molestia de averiguar de dónde viene el aceite de palma de sus galletas y pone mercancías del Comercio Justo en sus estantes. Es cierto que esas cadenas son minoritarias, que ASDA apenas cuenta con 565 centros en el Reino Unido y que es una filial del gigante Walmart (10.700 centros en 27 países y 2,2 millones empleados). Pero con el plátano ha tomado una decisión chocante.

Tras un largo análisis, en ASDA decidieron que los plátanos del Caribe y de Centroamérica estaban demasiado lejos. Un racimo de bananas caribeñas tardaba 24 días en llegar desde las plantaciones hasta los súper. 24 días consumiendo y emitiendo carbono en un largo transporte frigorífico, con los plátanos “madurando” de manera artificial en las bodegas de los buques o dentro de contenedores. La Huella Ecológica y de Carbono era insoportable y su impacto no compensaba que los frutos fueran objeto de Fairtrade (Comercio Justo). Además, en el plátano americano había demasiado pesticida, bajos salarios y conflictos indígenas.


La cadena ASDA ha decidido cambiar de proveedor de bananas,
escogiendo en plátano de Canarias

La decisión ha sido cambiar de proveedor y escoger el plátano de Canarias, a solo 4 días de distancia, europeo, más fresco y sabroso, madurado al sol por más tiempo, más dulce y de carne más firme. Se reduce el coste ambiental del transporte y su huella ecológica, manteniendo casi el mismo precio de venta al público. Las Islas Canarias, que cultivan el banano de forma intensiva desde finales del siglo XIX (1880), son los centros de producción más locales y próximos.

Si los plátanos canarios no tuvieron antes aceptación en Europa fue por la escasa calidad de  sus redes comerciales, la desunión entre productores isleños, la ignorancia del consumidor que rechazaba las manchas negras tradicionales en la piel del plátano canario en su madurez, el encono por comprar plátanos insípidos, perfectos de forma e industriales y, finalmente,por la insoportable presión de los lobbies bananeros (Dole, Chiquita, Del Monte).


Uno de los buques Ro-Ro, especializados en el transporte de plátanos desde Canarias a la península.

El argumento ambiental y de sostenibilidad, esgrimido para dar este vuelco en el abastecimiento de plátanos, puede hacer meditar a otras empresas distribuidoras europeas comprometidas con el medio ambiente y la sostenibilidad (Marks &  Spencer). Solo falta que Canarias se ponga las pilas y no aproveche la coyuntura para subir los  precios y matar la iniciativa por culpa de la idiotez y la ambición ("ansia puta", la llama mi querido cuñado).

Acudo a Mercadona para hacer unas compras. Recorro el pasillo de la fruta y miro las etiquetas de los plátanos. En un montón, bajo el rótulo “Recomendamos” hay plátanos de Camerún y de Costa de Marfil. Otras veces, este mismo súper solo ofrece plátanos del Caribe, aunque sin visible relación con el Comercio Justo. A un par de metros del plátano extranjero veo y compro Plátanos de Canarias, diez céntimos más caros. Comercio a la valenciana y compra responsable. Ellos proponen, pero tú escoges.

martes, 5 de marzo de 2013


SAQUEADORES
Asia en el punto de mira


Desde ayer, lunes 4 de marzo, delegados de 178 países se reunen en Bangkok (Tailandia) para asistir a la conferencia del CITES (Convention  on International Trade in Endangered Species – Convenio Internacional sobre el comercio de especies en peligro). Durante dos semanas, expertos científicos, políticos de todo pelo y lobbies interesados analizarán los progresos de la 6ª extinción masiva que la especie humana tiene puesta en marcha con singular éxito, tratando de reducir sus efectos. 

Tras el fracaso del CITES a la hora de incorporar al Atún Rojo a sus listas de especies amenazadas (lo que habría supuesto un freno al comercio internacional de su carne), la atención parece ahora centrada sobre tres especies o grupo de animales con problemas: elefantes africanos, rinocerontes y tiburones. 

La elección de Bangkok como sede de la conferencia tiene una lectura geopolítica. Por un lado, la capital tailandesa es uno de los grandes centros mundiales de comercialización del marfil de elefante. De otra parte, los habitantes de la región asiática y sus manías son una pesadilla para determinadas especies de fauna. Además de apasionarse con el marfil, los asiáticos necesitan “chutarse” cuerno de rinoceronte en polvo para sus erecciones, pagan medio testículo por saborear atún rojo crudo y se les cae la baba ante un gelatinoso cuenco de sopa de aletas de tiburón.


El elefante africano, objeto de una matanza sin fin

Son caprichos de clases dirigentes y adineradas ya que la inmensa mayoría de los asiáticos, pobres hasta el tuétano, no puede costearse esos lujos. Mientras los únicos saqueadores del planeta fueron los europeos y norteamericanos, la cosa era medianamente soportable,  aunque se tratara de gente insaciable y sin escrúpulos.  Cuando se sumaron los japoneses al saqueo, todavía pudo aguantarse. Pero los nuevos ricos de Asia están sacando las cosas de quicio porque no hay arroz para tanto pollo.

Unos datos. En el año 1979 había en África 1.300.000 elefantes. En 2012 quedaban unos 400.000. El pasado año 2012 se mataron 25.000 ejemplares y el caos del comercio del marfil es espectacular. Mientras que en Kenia se queman toneladas de marfil ilegal o se guarda en cámaras acorazadas, en Bangkok hay 67 establecimientos con licencia para vender marfil, pero en realidad se puede adquirir en 250 tiendas. El gesto del gobierno de Tailandia, proponiendo el cierre de sus fronteras a la exportación de marfil es éso: un gesto. Del cuerno de rinoceronte y sus sufridos portadores es mejor no escribir nada porque la foto de abajo es suficiente.



Lo de los tiburones tiene otra lectura. Según fuentes cercanas a la FAO, las capturas anuales de tiburones en el mundo oscilan entre 63 millones y 273 millones de ejemplares. Como puede observarse, el desmadre estadístico es de Libro. Siendo optimistas puede aceptarse una media de 100 millones de bichos. La práctica totalidad de esos tiburones se pescan para quitarles las aletas (finning). Otros se aprovechan un poco más, sacando el aceite de sus hígados y usando la piel como lija fina. En algunas sociedades, como la española, se trocea su carne para ponerla en adobo y ofrecerla como tapa indigesta en bares y tabernas.

El CITES intenta proteger las especies en peligro de extinción regulando (prohibiendo) su comercio internacional. Las listas de especies protegidas por el CITES forman parte del manual de trabajo de los aduaneros del mundo y en Bangkok se intentará frenar la matanza de tiburones y rayas, pues algunas de las concretas especies de escualos están severamente amenazadas, como en el caso de los tiburones martillo.


Aletas de tiburón puestas a secar en las calles de Hong Kong. 

La postura del Reino de España es la cuestión del tiburón no está clara. No hay duda de las reticencias españolas a la prohibición europea del aleteo (Finning) a bordo de los buques de pesca (el cuerpo mutilado es luego tirado por la borda). Pero si el CITES acaba entorpeciendo o impidiendo el comercio internacional de aletas de tiburón, la flota pesquera española de altura (Flota “espadera” que atrapa con palangres de superficie peces espada, atunes y tiburones) recibirá un sopapo en los morros.

Como cierre, merece la pena recordar que el Reino de España está en la tercera posición de las naciones más importadoras de productos marinos, con 6.637 millones de dólares gastados en el ejercicio 2010 (Informe Sofia 2012 de FAO), detrás de Estados Unidos y Japón. 

domingo, 24 de febrero de 2013


SOMOS LO QUE COMEMOS
El drama del modelo

Llegan noticias desde Estados Unidos. Dicen que un tercio del pescado que consumen los norteamericanos no se corresponde con las especies anunciadas: pagan por mero y les sacuden tilapia; piden sushi de atún rojo y les encajan solomillitos crudos de patudo o de listado. La estafa también prolifera en Europa, donde el bacalao puede ser eglefino o carbonero (Irlanda y Reino Unido), mientras que los filetes de infecta panga asiática se etiquetan como lenguado o mero (Francia). En España, con una cultura “ictiófaga” (devoradora de peces) bien asentada, el engaño no es tan fácil. Pero eso está cambiando muy, pero que muy, deprisa.


El mercado del pescado no termina de sacudirse la fama de opaco y confuso. Las tinieblas convienen a esa forma de comer basada en la comida industrial y la distribución a través de cadenas de hipermercados y supermercados. El tinglado industrial lleva años perfeccionándose gracias a fuertes inversiones en publicidad, amplios horarios comerciales, “marcas blancas”, ingredientes camuflados dentro de platos precocinados, abundantes aditivos y precios muy ajustados. Pero ese tinglado no funcionaría tan estupendamente si no contara con la inestimable ayuda de los políticos.




¿Otra vez cargando contra la clase política? ¡Qué pesadez! Pues se siente, pero resulta inevitable. Los políticos europeos han decidido, sabiamente aconsejados por los industriales, que no es necesario indicar el “origen” de los alimentos que nos venden. En el caso del pescado industrial (latas) no hace ninguna falta saber de dónde nos viene la “sardinilla” en aceite o el atún “claro". En opinión de los políticos europeos, a los consumidores no nos interesa averiguar si la caballa de nuestra lata es del Atlántico norte (sobrexplotada) o del Pacífico sur (saqueada y casi extinta).


Tampoco tenemos porqué saber si el cerdo con el que está hechas nuestras lonchas de Jamón Cocido nació, creció y murió en Torregrosa (Pla d´Urgell – España) o nos viene de Polonia. Ofrecer tal información debe considerarse como una falta de respeto hacia la industria alimentaria, siempre tan atenta y servicial, incapaz de darnos gato por liebre y célebre por su compromiso de transparencia. Por cierto, como cuando nos mete carne de caballo en lugar de vacuno. En realidad, el escándalo de la carne de caballo que hoy atormenta a media Europa (No a España, más pendiente de otros tormentos) es una consecuencia, evidente,  de la industrialización salvaje de la comida.





Uno de los primeros alimentos en industrializarse fue el de las harinas y sus derivados. Desde entonces, la bollería industrial ha venido ofreciendo a nuestros hijos el camino seguro hacia la diabetes, la obesidad, las caries y las carencias nutricionales. La siguiente en industrializarse fue, desde finales de los años sesenta, la cría intensiva de animales terrestres. La gran industria de pollos, cerdos y vacunos significó el inicio de su engorde masivo en establos cerrados y en condiciones repugnantes, usando hormonas, anabolizantes, medicamentos veterinarios y antibióticos a paletadas, recurriendo al canibalismo al dar de comer a las terneras y las vacas (mamíferos herbívoros y rumiantes desde el día de la Creación) unos polvos y pastillas hechos con cadáveres de otras vacas y terneras, o despojos de ovejas, pollos o peces podridos.


Desde hace unos años se está desarrollando la industria alimentaria de la acuicultura. Para esa industria se anuncia la fecha decisiva del 1 de junio de 2013. A partir de ese día, las doradas, salmones, rodaballos o lubinas podrán ser alimentadas en Europa con piensos a base de restos de pollo o de cerdos. Los políticos europeos, sabiamente aconsejados por los industriales, dicen que será una buena respuesta a la degradación de los océanos, incapaces de generar más materia prima con la que fabricar harinas de pescado a precio competitivo. Harinas de pescado que se han puesto por las nubes.





Durante los próximos meses asistiremos a los últimos coletazos del fraude de la carne de caballo. Este asunto es, en realidad, otra consecuencia lógica de lo que se conoce como la industria del “Mineral de Carne”. Un mineral que no atiende a especies concretas y que emplea todos los huesos, cartílagos, colágenos, tripas, tuberías y grasas de cualquier animal para fabricar una “masa” con la que rellenar pizzas, lasañas, albóndigas, "frankfurt", hamburguesas o canelones. Los establos ya no son granjas, sino fábricas de carne. Los animales que allí malnacen, sufren y mueren no son más que pedazos mercantiles de proteína.


La industria de la carne no solo amenaza nuestra salud y nos mete la mano en el bolsillo con sus opacidades. También ha conseguido alterar nuestra visión de los animales, que han dejado de ser individuos, vivos y sensibles, para convertirse en contenedores de carne picada. No es sorprendente en una sociedad que está rompiendo (prostituyendo) sus relaciones con el resto de la biosfera. Nos hemos apoderado de los recursos del planeta y pretendemos arrinconar en “parques naturales” y “reservas” a los miles de millones de seres que comparten con nosotros la Tierra. Carne de caballo, circuitos internacionales e incontrolados de productos alimenticios, canibalismo contra-natura, fraude y engaño, peces que comen tripas de cerdo,… síntomas de un sistema que termina por afectarnos.




Regresemos a los hipermercados y supermercados, parte integral y básica de la cadena, a la que alimenta y estimula. Las grandes cadenas de distribución no tienen el menor interés en ocuparse de quién, cuándo y cómo se produce la comida que venden. No les interesa saber si un producto ha tenido que cruzar medio planeta, con un coste ambiental y energético disparatado, o si la obtención de un producto destruye bosques, especies y culturas. Les importa un comino que las bandejas y envases donde empaquetan su comida destilen venenos químicos. Lo importante es mantener los márgenes comerciales, aunque sea necesario bajar la calidad del producto, engañar en su composición o, sencillamente, ocultar la identidad e ingredientes bajo nombres llenos de fantasía.


No nos engañemos. El sistema está en su mejor momento y tiene por delante un futuro prometedor. Las familias no pueden prescindir de sus tarifas planas del "smartphone", sus abonos de transporte, los gastos del coche y de los seguros. Tampoco pueden escapar de la hipoteca, de las tasas e impuestos que les atornillan los políticos. Si hay que hacer recortes familiares, pues que recaigan en el supermercado. Con la cultura de la cocina fresca y natural en vías de extinción (recluida en esas Reservas Integrales llamadas Restaurantes), con horarios laborales de esclavitud y con una sociedad de bolsillos vacíos, el sistema de la comida industrial y anónima está arrasando.





Arrasando la antigua y humana red de pequeños comercios de alimentos de calidad, destruyendo empleos y proveedores de confianza. Arrasando y malogrando cualquier intento de reducir la generación de residuos domésticos, desbordando los sistemas de gestión de basuras, fomentando el desperdicio de comida e inundando el entorno con envases y recipientes indestructibles. Arrasando nuestra salud con aditivos y sustancias químicas capaces de envenenarnos ahora y de enfermar a nuestros hijos y nietos antes de que nazcan.


Sobre todo, arrasando nuestra sensibilidad. Para demasiadas personas, el supermercado es el único punto de contacto entre la biofera, el planeta y la naturaleza (los alimentos) con la vida artificial de las ciudades. Es en los hiper y los super donde nos enfrentamos con la perversidad del sistema. Es ahí, entre estantes luminosos, música suave y paquetes multicolores, donde podemos idiotizarnos y dehumanizarnos completamente. O bien, donde podemos reaccionar.





Porque nadie nos va a ayudar a resolver tanta imbecilidad. Mucho menos nuestros políticos decadentes (dijo un magistrado) y nuestros conspicuos empresarios. Solo nosotros, como consumidores, los capaces de romper un sistema autodestructivo e ideado para enriquecer a los de siempre. Empecemos hoy mismo: renuncia a la innecesaria “tableta”  y, con lo que te ahorres en telecomunicaciones idiotas, empieza a comer mejor.


Hazlo aunque sea por motivos egoístas. Si eres hombre, para mantener tus apreciados espermatozoides en buena forma y evitar el cáncer de próstata y de colon que te esperan a la vuelta de la esquina mucho antes de lo que te imaginas. Si eres mujer, para proteger a tus futuras hijas e hijos y para no dar tantas facilidades al cáncer de pecho o de colon que te rondan como buitres. 

miércoles, 20 de febrero de 2013


INTERRUPTORES HORMONALES
Naciones Unidas se pronuncia


Ha tardado más de la cuenta pero, finalmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) vuelve a informar sobre las hormonas sintéticas que nos matan. La OMS, timorata y escurridiza, utiliza el IOMC (Inter–Organization Programme for the sound Management of Chemicals), un organismo de cooperación científica entre diversas agencias de Naciones Unidas, la OCDE y el Banco Mundial. El título del informe es “Evaluación Global sobre Disruptores Endocrinos Químicos 2012” y acaba de ser hecho público.

Desde que la Asociación Europea de Pediatría Endocrina, la Agencia Europea de Medio Ambiente y la propia OMS empezaran a alarmarnos desde 2002 con las substancias químicas que interfieren con nuestras hormonas, han pasado más de diez años. Tiempo suficiente para que la OMS y sus socios de la IOMC constaten algunas novedades recogidas en este nuevo informe:

  • La calidad y cantidad de los espermatozoides humanos a nivel mundial ha descendido. En algunos países, baja una media superior al 40%. 
  • Aumentan las malformaciones genitales en recién nacidos (Cryptorquidia e Hypospadia)
  • Aumentan los nacimientos de bebés bajos de peso y los partos problemáticos.
  •  Aumentan los desórdenes neuronales asociados a la glándula tiroides.
  • Aumenta la incidencia de cánceres hormonales en la población mundial (Pecho, matriz, ovario, próstata, testículo y tiroides)
  • Aumentan los casos de desarrollo mamario precoz y adelanto de la pubertad en niñas, creciendo el riesgo de cáncer
  • Aumenta la obesidad (En 2012 había 1.500 millones de seres humanos obesos)
  • Aumenta la diabetes en el mundo (153 millones de diabéticos en 1980; 347 millones en 2008).

Junto a esta lista de certezas epidemiológicas, con mayor incidencia en las sociedades más desarrolladas, el informe sugiere el protagonismo de los disruptores endocrinos en el asma, la hipertensión arterial, los ictus, el Alzheimer, el Parkinson, las infecciones resistentes y las enfermedades auto-inmunes.


Algunos de los disruptores endocrinos se desprenden de
los plásticos que usamos como recipientes de comida

El informe calcula que unos 800 productos o moléculas químicas fabricadas por el hombre pueden actuar como perturbadores hormonales, pero solo una mínima fracción de esos productos ha sido investigada. Apenas se han estudiado los efectos a medio y largo plazo de los químicos más frecuentes en el comercio y que someten a la población a una exposición global y permanente.

Esa exposición llega a través de los pesticidas de uso corriente, los ingredientes de productos farmacéuticos, en aditivos y contaminantes presentes en los alimentos, en productos de cuidado personal y de cosmética, plásticos, textiles y materiales de construcción. Al atravesar sin problemas las estaciones de depuración de aguas residuales, las substancias pseudo-hormonales pueden estar presentes en el agua del grifo.


Las sociedades más civilizadas ofrecen recipientes de
plástico libres de Bisfenilo A (BPA)

¿Dónde están? Esos venenos son los parabenes (Metilparaben, Etilparaben, Propilparaben, Butilparaben) que encontramos en la pasta de dientes, el champú o las cremas de belleza. Son los BPA (Bisfenilo A) de los policarbonatos y las resinas epoxy que recubren el interior de las latas de conserva, las etiquetas termoimpresas o el papel film de cocina. Son los plastificantes (ftalatos) y retardadores de llama disueltos en botellas de agua o refrescos y los objetos de uso corriente, como salpicaderos de coches, ordenadores, moquetas, fundas de asientos o recipientes plásticos para comida.

¿Qué hacer? La erradicación de otras substancias peligrosas ha funcionado. Basta recordar el DDT, el plomo de las gasolinas, el amianto, el pesticida Clorpyrifo o el Tributylin usado en la pintura de los buques. Ahora, los consumidores se enfrentan a substancias que penetran en sus hogares escondidas en la bolsa de la compra, para terminar en su cocina, en sus platos y en el cuarto de baño. La única protección es lograr erradicar estos venenos de la industria química internacional.

Los gobiernos saben que los disruptores hormonales amenazan a la especie humana porque destruyen a nuestro sistema reproductivo. Saben que la plaga del cáncer está alimentada con basura química. Detrás de esa basura están las empresas químicas y las industrias. Prohibir una sustancia que mata o enferma molesta a las industrias porque las obliga a cambiar sus procedimientos. Estamos ante un delito tipificado como “crimen consentido y organizado” contra el derecho a la vida y la salud de las personas. Esto se nos va de las manos y los jueces deberían empezar a decir algo.

miércoles, 13 de febrero de 2013


CRISIS ENERGÉTICA
Derrumbe en Chernobil


El desplome esta semana de una parte del sarcófago que recubre la destruida central ucraniana nos viene a recordar pasados eventos nucleares y sus perspectivas más recientes. El de Chernobil, celebrado el inolvidable 26 de abril de 1986, es el más luctuoso que se recuerda, sin mencionar los de Nagasaki e Hiroshima en 1945. 

Los científicos y tecnócratas soviéticos anteponían el progreso y el desarrollo a la protección del medio ambiente y de sus criaturas. Es una forma de pensar y actuar que coincide con las recientes políticas de China, literalmente envenenada por su industria y desfigurada por sus infraestructuras Con esta ideología marcando el paso, la torpeza humana cometida durante un ensayo rutinario en Chernobil hizo volar por los aires las 2.000 toneladas de acero y hormigón que recubrían el reactor nº 4 de la central.


El actual sarcófago de Chernobil, insuficiente y deteriorado

El balance fue el que conocemos. Radiación proyectada a 1.200 metros de altura; 12.000 millones de bekerelios puestos en libertad instantánea; 100.000 kilómetros cuadrados contaminados y prohibidos (“La Zona”); 600.000 liquidadores trabajando a cuerpo limpio, vomitando y soltando la piel a tiras; 16.000 muertos de cáncer (estimados); y 5.000 toneladas de arena, arcilla, boro y plomo vertidas sobre el núcleo para tratar de taponar la salida de la radiación. Que nadie piense que Chernobil está apagado y muerto: el reactor se encuentra al rojo vivo, descontrolado aunque contenido a duras penas y dispuesto a seguir emitiendo radiación mortal durante varios miles de años. Lo único que somos capaces de hacer es encerrarlo en una poderosa cueva para que no termine por devorarnos. Una cueva que se fisura y se derrumba.


La sala de control, desde donde se originó el accidente, hace unos meses.

Desde hace unos cuantos meses, empresas francesas construyen el nuevo sarcófago que cubrirá Chernobil. Más fuerte y más grande para dominar a la bestia. Cuando lo terminen será un tosco monumento a la tecnología del siglo XX que, como las pirámides de Cheops, Kefrén y Micerinos,  legaremos a la posteridad. Solo que las pirámides son inertes y Chernobil mata. Entre tanto, el prestigio de la energía nuclear para usos pacíficos está en sus momentos más bajos.

En abril se cumplen 26 años desde que un individuo con bata blanca pulsó la tecla equivocada en el panel de la sala de control de Chernobil. Los occidentales señalaron que el accidente era fruto de la basura técnica soviética y del incompetente sistema estatal comunista. No les faltaba cierta razón. A nosotros no nos pasaría jamás nada parecido, aseguraban con suficiencia estúpida. Hasta que llegó lo de Fukushima y casi todos comprendimos que a nosotros también nos podía pasar cualquier cosa, fruto del descontrol capitalista y de la incompetencia empresarial.


Aspecto que tendrá el nuevo sarcófago al concluirse

Japón, Suiza, Alemania y Bélgica han puesto fecha de salida a la aventura nuclear. Francia anuncia que en el año 2025 su energía eléctrica de origen nuclear pasará del actual 75% al 50%. Los defensores de esta fuente de energía han venido esgrimiendo últimamente dos grandes razones para su mantenimiento: Uno, no emite carbono. Dos, es barata. La  tercera y vieja razón, ”es una energía segura”, ha sido ya borrada del discurso por un tsunami nipón.

El más reciente argumento de defensa era de índole económica. Los “nucleares” afirmaban que es mucho más caro abandonar (salir) la energía nuclear que permanecer en ella. Tenían puestas todas sus esperanzas en los nuevos reactores EPR (European Pressure Reactor) que Francia intenta poner a punto. El resultado es decepcionante. El presupuesto del EPR de Francia, en Flamanville, era de 3.300 millones de euros al comienzo de los trabajos en 2007. En el año 2012 llevaban gastados 8.500 millones de euros. El EPR de Finlandia sigue el mismo camino. La rentabilidad ha desaparecido y nadie comprará ese reactor, a precio de oro de 24 quilates con incrustaciones de diamantes como garbanzos.


Aspecto de las obras del EPR en Flamanville (Francia) en septiembre de 2012.
Las dos cúpulas grises y los edificios negros a ellas enfrentadas son los viejos reactores preexistentes.
El EPR se ubica a la izquierda del complejo.

La energía nuclear es demasiado cara y lo será aún más, porque las exigencias en seguridad crecen con los refuerzos, redundancias, paradas, vigilancia o extracción de uranio en parajes tan problemáticos como Níger. Es demasiado arriesgada porque, en caso de accidente, sus efectos duran milenios y no hay garantía de seguridad total. Es demasiado sucia porque sus residuos son casi eternos y contaminarán a cientos de generaciones de seres humanos. Es demasiado problemática porque no es aceptada por amplios sectores de la población. No hay cifras exactas sobre la totalidad del coste económico que supuso la explosión de Chernobil.  Sabemos que el nuevo sarcófago tiene un presupuesto de partida cifrado en 1.500 millones de euros que, a la vista de los recientes acontecimientos, puede fácilmente multiplicarse.

Sobre todo, aumenta la certeza de que la energía nuclear, su mantenimiento a ultranza, bloquea y absorbe ingentes cantidades de dinero que podrían usarse para desarrollar energías alternativas. Por ejemplo, para desarrollar la energía solar fotovoltaica o térmica, o bien para la prometedora energía geotérmica de profundidad. El problema es nuestra obsesión por quemar carbono, que las energías "democráticas" y autosuficientes asustan al poder y que fuertes intereses particulares emponzoñan el debate nuclear.

viernes, 25 de enero de 2013


MAQUILLAJE  PERVERSO
El exfoliante destructor



Queridídimas amigas. Una vez a la semana debéis aplicaros una capita de crema exfoliante, de  buena marca, desde luego. La extendéis por todo el cutis con un suave masaje. La crema desprende y arrastra las células muertas confiriendo a nuestra piel brillo y resplandor renovados. También, queridas amigas, debéis pensar en vuestros maridos, novios y compañeros, que deben cuidarse y emplear exfoliantes masculinos para conservar ese aire dinámico y joven que tanto os gusta. No olvidéis que no hay nada tan espantoso que mostrar dientes amarillentos en vuestra sonrisa. Para combatirlo, hay que cepillarse los dientes varias veces al día con una pasta dental blanqueadora con efecto ligeramente abrasivo.

Desde la antigüedad, las mujeres se han frotado la piel con piedra pómez, sal marina, arena fina o paños algo rugosos y enjabonados.  El cutis quedaba pelado y escocido, pero se aguantaba estoicamente porque la piel rejuvenecía. Como tratamiento exfoliante intenso, se usaban mascarillas de ácidos abrasivos (peeling) como el glicólico, el salicílico, el láctico o el cítrico (frutas). Más  violento y radical, desde finales del siglo XX se usa el rayo láser que actúa como el soplete de un fontanero y se lleva por delante hasta las manchas, causando quemaduras que las bellas mujeres soportan con una gran sonrisa.


La "nanotecnología" ha permitido crear estas
diminutas bolitas de plástico usadas como exfoliantes de belleza

Desde hace unos años, los infatigables laboratorios de cosméticos han dado con un abrasivo nuevo: los microgranos (microbeads) inferiores a 1 milímetro de diámetro y hechos con Polietileno (PE), Polipropileno (PP), Polietileno Tereftalato (PET) o Polietilmetacrilato (PMMA). Las diminutas bolitas de plástico, incorporadas a una crema hidratante, se frotan contra la piel y hacen efecto de arrastre desprendiendo las células muertas. Una vez cumplida su misión, esas bolitas se van por los desagües tan ricamente, y aquí paz y después gloria (el cutis como culito de bebé).


Durante años, la presencia de micropartículas de plástico
en cremas exfoliantes no ha sido publicitada por las marcas.
No obstante, su acción puramente mecánica es siempre preferible a
la agresión química de exfoliantes enérgicos. Pero el problema no estaba
en la piel, sino en el océano.

Lo malo es que trillones de microgranos corretean por las alcantarillas, atraviesan la estaciones de depuración (EDAR) sin saludar, navegan por los ríos y llegan al mar donde perduran por años. Allí son ingeridos por toda clase de especies marinas, como mejillones filtradores y pequeños peces que piensan que engullen rico plancton. El plástico se acumula en sus aparatos digestivos, los bloquea y los mata. Los pequeños peces son devorados por peces más grandes que van también acumulando los exfoliantes de las bellas damas y de los coquetos caballeros.

La ONG holandesa De Nordzee  (El Mar del Norte) ha analizado, junto con otras organizaciones ambientalistas y científicas, muestras de peces en aguas del Mar del Norte y del Canal de La Mancha. El resultado es que 1 de cada 3 peces contenía residuos plásticos en sus vísceras, especialmente “rayón” (fibra sintética de nuestra ropa), partículas de botellas de polietileno y los microgranos de la cosmética.  La contaminación empieza a ser masiva e imparable, ya que docenas de marcas siguen añadiendo los granitos en sus formulaciones de abrasivos y exfoliantes.


Otra manera de difundir en la naturaleza plásticos que
matan a peces y aves: la imbecilidad de tapizarse las uñas de bolitas

Esta misma organización desató una campaña europea contra el empleo de esta estúpida e innecesaria amenaza para los ecosistemas marinos. La lista de empresas y productos que usan los microbeads es larga. Desde Beiersdorf (Nivea) hasta Estèe Lauder (Clinique), pasando por L´Orèal (Biotherm, Vichy), Avene, Procter & Gamble (Clearasil), Keyline, Ada, Bourjois, Johnson & Johnson (Neutrogena), Colgate Palmolive o Yves Rocher. Los meten en cremas de cara, gel de baño, jabones y champús. También se emplean en pasta de dientes blanqueadora, como hace GlaxoSmithKline en su marca Sensodyne, así como Colgate con el Max White. Todas ellas firmas de altos vuelos y que se llenan la boca de glamour y prestigio.


Mensaje de la campaña contra la Sopa de Plásticos que ahoga el océano.

La reacción es lenta, pero empieza a dar resultado. Este pasado mes de enero, la firma Unilever ha tomado la decisión de erradicar los microgranos de sus productos estrella, como “Dove”. Pretende poner fin a esta práctica antes de 2015. Veremos si es seguido por otras empresas.

Para las Queridas amigas con escrúpulos ante la idea de expandir por los mares las bolitas plásticas asesinas, existen alternativas. De momento, es posible consultar los cosméticos que tienen microgranos, agrupados en  tres diferentes listas: verdes (sin plásticos), amarillos (con dudas) y rojos (repletos de microbeads).